El día antes en el CEIP Gregorio Sanz de Ribadeo, con casi 400 alumnos

«Hai meses de traballo detrás, pero chegamos a tempo, todo está preparado»


ribadeo / la voz

«Hoxe non é un día de tolos, foi de tolos todo o verán. ¿Horas de traballo? Fixo falta estar aquí todo o día. Pero chegamos a tempo, todo está preparado». Así se pronunciaba ayer Lourdes Marqués, la directora del CEIP Gregorio Sanz de Ribadeo y coordinadora del equipo covid del centro, donde con casi 400 alumnos matriculados la labor organizativa y de puesta a punto ha sido titánica. Cuando hoy a las diez menos veinte de la mañana comiencen a entrar al colegio los alumnos se darán de bruces con su nueva realidad, la que les espera si todo va bien: clases burbuja (el alumnado de cada aula no tendrá contacto con el resto), corredores de entrada y salida señalizados en el suelo, cintas que delimitan espacios en las zonas comunes (como el campo de fútbol de hierba artificial) o la nueva configuración del comedor, con mesas individuales separadas.

Todo está listo, con protocolos adaptados a las normas de Educación. Pero el resultado es incierto. A ello se ha llegado con un trabajo que se inició en marzo, con el confinamiento, cuando el equipo directivo del centro ya comenzó a pensar en el próximo curso.

«Non se escatimou tempo, nin esforzo nin sacrificio nunha labor, creo, que rigorosa. Veremos a posta en práctica. Eu mañá direi , de acordo co que temos establecido, se podería saír mellor, ser mellorable ou se temos que adoptar modificacións», señala Lourdes Marqués..

Para cuadrar todo, en un centro con casi 400 alumnos, la directora reconoce que hubo que hacer «virguerías». Lo más complicado fue la organización de las aulas y del comedor, para respetar la distancia y dar cabida a los 370 niños y niñas que cada día comerán en el CEIP ribadense. Desde el principio, Lourdes Marqués tuvo clara la intención de dar servicio a todas las familias que demandasen el servicio, para favorecer la conciliación. Para ello, en algún momento incluso se llegó a pensar en la posibilidad de organizar tres turnos de comidas, con el problema añadido que suponía cuadrar el horario lectivo. Finalmente, se han hecho dos.

Ayer no se respiraba tensión en el centro. Todo está preparado. Las familias han sido informadas pormenorizadamente. Porque reuniones no han faltado, del claustro, consejos escolares (el último ayer por la mañana), con los profesores, el personal del comedor, las familias...

Pero con todo, no se puede evitar la incertidumbre sobre cómo discurrirá el inicio del curso. Porque la responsabilidad del éxito o fracaso es de todos, con las familias como una pieza fundamental para velar, fuera del centro, por el cumplimiento de las normas evitando, por ejemplo, aglomeraciones. «Non se deixou nada á improvisación, pero sobre a marcha verase e se hai que facer cambios para mellorar, farémolo. Temos moitas variables, o comedor, o alumnado transportado, o que vén da casa, o profesorado, que entendo está perfectamente informado, pero se aínda con todo iso houbera que facer unha modificación en canto a unha entrada, saída... estamos dispostos a estudalas».

Lo que no duda Marqués es de la adaptación de los niños y niñas: «Hai unha labor que facer, a formación en educación para a saúde. Os nenos enseguida se acostuman a unha rutina e a uns hábitos. En colaboración coas familias, e cos mestres nas aulas, vaise facer. É unha tarefa difícil, que vai levar tempo, e non podo anticipar que todo vai saír perfecto, pero son optimista. Confío en que todas as partes imos cumprir, porque o éxito non depende só do profesorado, senón de toda a comunidade educativa».

 

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