El Concello de Ribadeo cerró el piso comunitario para la tercera edad

Los tres jubilados que lo ocupaban fueron trasladados a la nueva residencia de mayores


ribadeo / la voz

Hace dos décadas el Concello de Ribadeo inauguraba un servicio pionero en A Mariña: una vivienda tutelada para la tercera edad, en la que personas jubiladas, a cambio de un porcentaje de su pensión (entre el 70 y el 80 %), recibían una llave de un piso en el que convivían con otros jubilados y donde personal contratado por el Concello les hacían la comida, la limpieza y les lavaban y planchaban la ropa, entre otros servicios. El piso, ubicado en la avenida Rosalía de Castro, tuvo demanda los primeros años, pero poco a poco fue decayendo, suponiendo una pequeña carga para el Concello, que asumía el grueso del coste, pagar el alquiler, el personal y los gastos de comida, limpieza, etcétera.

Para paliar esta situación, desde el Ayuntamiento llegó a ofrecerse las instalaciones a otros concellos y se propuso para acoger refugiados, pero sin ningún resultado. Siempre había plazas libres y, de hecho, en los últimos años solo estuvieron ocupadas tres de las once disponibles.

En los meses previos a la inauguración de la nueva residencia de ancianos, el alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez, ya avanzaba que tendrían que tomar una decisión sobre el piso tutelado. Y esta ha sido drástica, cerrarlo, hecho al que no se le ha dado publicidad.

El Concello optó por ofrecer a las tres personas que vivían en el piso que se trasladasen a la nueva residencia; se rescindió el contrato de alquiler, y el personal que trabajaba en la vivienda, dos mujeres, fue recolocado, una en la residencia y otra asignándole nuevas funciones en Axuda no Fogar, programa al que ya estaba adscrita.

«O piso tutelado estaba ben, pero optimizamos os recursos. Era evidente que non había unha demanda que xustificase que seguísemos pagando o aluguer, sobre todo unha vez que puidemos derivar á nova residencia ás persoas que estaban vivindo alí», manifestó el alcalde, Fernando Suárez.

La vivienda comunitaria se concibió como un complemento al viejo asilo, para personas de la tercera edad válidas que debían respetar un régimen de convivencia, compartiendo habitación. A modo de un piso de estudiantes, disponían de una llave para entrar y salir cuando quisiesen, acatando un horario. El modelo no llegó a cuajar, con plazas libres aún cuando había una importante lista de espera en el viejo asilo.

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