José María López, el escultor de Ribadeo que talló la estatua de Don Pelayo en Gijón

La escultura preside en Gijón la Plaza del Marqués desde 1891


La mayor parte de la obra del escultor ribadense José María López Rodríguez está dispersa por iglesias y entidades de Asturias. La más conocida es la escultura de Don Pelayo que, desde 1891, preside en Gijón la Plaza del Marqués. En la capital asturiana, José María ejerció también la docencia y orientó los primeros pasos en el arte de un joven de Cervo llamado Cao Luaces que, años después, sería un caricaturista de fama mundial. Ribadeo dio el nombre de una plaza a su ilustre hijo en los tiempos convulsos de la 2ª República. Y no sin convulsiones…

Nació José Mª López en una modesta casa de la vieja Plaza da Fonte Nova en Ribadeo el 5 de junio de 1844. Sus padres eran Domingo López y Teresa Rodríguez, labradores “que no me legaron más herencia ni más instrucción ni más títulos pomposos que la honradez y el trabajo”, según él mismo recordó en una entrevista del 5 de agosto de 1891 con motivo de la inauguración de la estatua de Don Pelayo.

Desde muy niño demostró que tenía aptitudes y alma de artista. Y aún sin conocer los mínimos fundamentos escultóricos fue capaz de esculpir imágenes del Cristo Crucificado y del Nazareno, y de tallar las imágenes del Corazón de Jesús, de María y de San Luis Gonzaga que se veneran en la iglesia parroquial de Ribadeo. Sus primeros maestros fueron José María del Valle, de Dibujo, y Pedro de Sela, de Talla. Y más tarde estudió en un centro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, bajo la dirección de los escultores Jerónimo López y Pedro Collado.

Maestro de Cao Luaces

Una grave enfermedad le obligó a radicarse en 1864 en Gijón aconsejado por su médico y amigo, Manuel Rúa. Allí desarrolló una amplia labor artística elaborando bustos, imágenes, panteones, retablos, etc. El periodista y escritor en bable, Emilio Robles, Pachín de Melás, dijo de él que “Lo mismo retocaba un cuadro, reformaba un retablo, construía o restauraba una imagen, decoraba un salón o proyectaba monumentos y estatuas, que dirigía la construcción de una casa. Y todo ello con sumo arte, conocimiento y gusto. Pintor, escultor, decorador, delineante, acumulaba en sí un verdadero arsenal artístico”.

En Gijón ?donde murió el 6 de marzo de 1913, a los 69 años- ejerció también la docencia en su taller. Uno de sus más cualificados alumnos fue el ilustre cervense José Mª Cao Luaces que, con solo 13 años, había trabajado en las Reales Fábricas de Sargadelos dibujando porcelanas. Cuando el complejo industrial cerró en 1877, su familia se trasladó a Gijón y el joven Cao Luaces ingresó como pintor decorador en la fábrica de loza La Asturiana. Allí conoció a José Mª López que le enseñó técnicas de escultura y dibujo que, tras emigrar en 1866, le sirvieron para ser el padre de la caricatura moderna y argentina.

Ribadeo, a propuesta del republicano Margolles, dio su nombre a una plaza en 1932

José María López nació en Ribadeo y, a pesar de vivir gran parte de su vida en Gijón, nunca se desvinculó de su localidad natal. Por eso, la Corporación Municipal decidió el 2 de junio de 1932 honrar su memoria dando su nombre a la vieja Plaza da Fonte Nova en la que había nacido. El acuerdo fue adoptado en base a una propuesta del concejal republicano Manuel Margolles Déspora, natural de Gijón y profesor de Dibujo en el instituto de Ribadeo. Margolles, que había sido uno de los fundadores del Ateneo Republicano y edil del PRR, fue hecho prisionero unos años después por los franquistas, juzgado y condenado a la pena de muerte que, al final, le fue conmutada por la de cadena perpetua.

La Corporación ribadense que sucedió a la que adoptó el citado acuerdo decidió, en junio de 1935, retirar su nombre de la plaza y colocar en cambio una placa en la casa en la que José Mª López había llegado al mundo. Pero el siguiente gobierno municipal acordó restablecer el 7 de junio de 1936 ?días antes del golpe de Estado franquista- la primigenia denominación en el curso de un gran homenaje popular que el pueblo de Ribadeo tributó al prestigioso escultor.

En el acto, que contó con la presencia de numerosas autoridades y vecinos de Asturias, intervino su amigo Manuel Margolles, el autor de la propuesta inicial, y José María, un hijo del artista. A los sones del Himno del Riego, interpretado por la Banda Municipal de Gijón que dirigía Amalio López, hijo del famoso escultor, se descubrió una lápida con la siguiente inscripción: “Ribadeo a su esclarecido hijo. Plazuela de José María López”.

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Numerosas obras en templos e iglesias de pueblos astures

Desde su taller de Gijón, José Mª López talló numerosas obras y esculturas que hoy se pueden admirar en diferentes pueblos, villas y ciudades de Asturias. Solo en Gijón hizo trabajos para el Hospital, la iglesia de San Pedro (restauró el paso de San Pedro llorando), el convento de las Agustinas, la capilla de Begoña y la parroquial de San José (la imagen del Calvario y la de la Verónica). Pero, además, esculpió en 1891 la estatua de Don Pelayo que preside la Plaza del Marqués, el relieve de Salmerón que le encargó la Tertulia Republicana y realizó otros trabajos, hoy no localizados, como la decoración y la escenografía del desaparecido Teatro de los Campos Elíseos o el Monumento a la República, de 1893.

La obra del escultor ribadense figura también en iglesias, templos y capillas de varios pueblos, villas y ciudades asturianas. Entre otras, las de Porceyo, Baldornón, Granda, Arroes, Jove, Ceares, Contrueces, Somió, Roces, Deva, Pedrera, Castiello, Avilés, Ruedes, Cabueñes, Carreño, Albandi, Candás, Perbera, Ciaño, Cornellana, Condado, Valdesoto, Mieres, Lena, Proaza, Oviedo, Villaviciosa, Siero, Grado y algunas otras.

De todos sus trabajos, el que más proyección y fama le dio fue la Estatua de Don Pelayo que, además de reportarle la cantidad de 1.500 pesetas ?cifra entonces considerable-, fue una “original obra artística que años más tarde tuvo la gloria de ser plagiada por un famoso escultor inglés”, según escribió el mencionado Emilio Robles.

Los trabajos del artista ribadense trascendieron las fronteras y en la emigración cubana y argentina se destacó su labor como un orgullo de Galicia digno de ser conocido allende de sus fronteras. El periodista de Silleda, Adolfo Víctor Calveiro Couto, que durante años dirigió la revista Cultura Gallega, una de las notables de nuestra diáspora, le dedicó un reportaje de dos páginas ?la 13 y la 14- en la edición del 5 de noviembre de 1936 bajo el título “José María López Rodríguez, notable escultor hijo de Ribadeo”.

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