Hace 95 años, el tren de la Galicia más rica iba a pasar por Lugo

El Ferrocarril Central Gallego iría de Marín a Ribadeo y pasaría por Monterroso


lugo / la voz

La construcción de líneas férreas hizo correr ríos de tinta y torrentes de ilusión en muchos lugares. Galicia no fue una excepción, y Lugo y diversas localidades de la provincia participaron de ese entusiasmo de modo sostenido: en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX, en la ciudad amurallada y en otras el tren se esperaba en un clima de ilusión colectiva.

Por su nombre, el Ferrocarril Central Gallego estaba llamado a cumplir una gran función. Atravesaría Galicia avanzando del suroeste al nordeste, saldría de Marín, llegaría a Ribadeo y pasaría por Lalín y por Monterroso antes de llegar a Lugo. Hace ahora 95 años, la construcción de la línea férrea se veía como probable y despertaba unas grandes expectativas en instituciones de todo tipo.

La Voz de Galicia informaba el 6 de enero de 1925 de una asamblea celebrada unos días antes en Pontevedra. La asistencia de alcaldes de municipios por los que pasaría la línea, de representantes de diversas entidades y de sendos ingenieros de Minas y de Montes indicaba la importancia del acto, que no era un primer paso sino un avance en una línea de gestiones ya iniciadas. En ese primer momento, de todos modos, no se cita Marín como punto de partida.

Así, el alcalde pontevedrés explicó gestiones realizadas, y el representante de A Estrada anunció que en su municipio se preveía la creación de una comisión. Todas las ilusiones y todos los empeños se daban por bien empleados para una obra que estaba llamada a ser un hito en la Galicia de entonces y que cruzaría el territorio, según recogía La Voz hace 95 años, siguiendo una «admirable diagonal».

Que el tren saliese de la ría pontevedresa y acabase en la ribadense no era un capricho sino una consecuencia de las características del territorio que atravesaría. Ese ferrocarril cruzaría la Galicia más rica y más poblada, por lo que si se pensase en una línea capaz de atender los intereses de la comunidad, ocuparía el primer lugar, según se escribía en la información de 1925..

Pontevedra y Ribadeo, así como el puerto vigués y el coruñés, saldrían ganando con la obra; pero también las comarcas incluidas en el trazado se beneficiarían de una iniciativa que supondría «vida intensa y moderna» y mayores posibilidades socioeconómicas. Eran tantas las expectativas previstas que el representante estradense sugirió que los demás municipios implicados debían seguir el ejemplo de crear comisiones.

También se acordó la creación de una comisión -la integraban, entre otros, los gobernadores de Pontevedra y de Lugo y los presidentes de las respectivas diputaciones, así como alcaldes- que iría a Madrid para conocer la intención real sobre la obra. Tan necesaria se veía que si el gobierno mostraba poco interés, debía buscarse su ejecución con apoyo de capitales gallegos, avalados por el Estado.

La construcción de la línea era descrita como la más importante para el territorio galaico

Defensa del trazado por Vilalba y Mondoñedo con ramal a Viveiro

Aunque el Ferrocarril Gallego haya quedado como un proyecto pendiente, a lo largo de 1925 se celebraron reuniones en las que ayuntamientos de Pontevedra y de Lugo mostraron su apoyo a la construcción de la línea. El 8 de marzo de ese año tuvo lugar una asamblea en A Estrada, y el 23 abril, otra en Mondoñedo. La Voz de Galicia recogió la celebración de ambas en su primera página. Al informar de la de A Estrada, ya se cita Marín como inicio de una línea que tendría un trazado de 226 kilómetros.

El interés por este tren era tal que en la asamblea de Mondoñedo se expuso incluso el ofrecimiento de terrenos por los que pasaría la vía. En esa reunión se pidió un trazado por Mondoñedo y por Vilalba, de donde saldría un ramal a Viveiro.

Notable polémica por el trazado en el norte de la provincia

La historia del proyecto de tren Lugo-Ribadeo es en buena medida, la historia de la polémica por el trazado que seguiría la línea. Por un lado, instituciones públicas y privadas de Vilalba y de Mondoñedo, con el apoyo de otros municipios, sostenían que el tren debía pasar por esos ayuntamientos. La prensa vilalbesa y mindoniense recogió con amplitud esas demandas, ampliamente explicadas, por otro lado, en una memoria de 1925.

Por otro, la parte oriental de la provincia consideraba más correcto un trazado por Meira, que aprovecharía la línea del tren minero Vilaoudriz-Ribadeo, abierta a principios del siglo XX. Hasta asociaciones de emigrantes en América de esos municipios apoyaron la demanda en una memoria publicada en 1928.

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