Ribadeo recupera del olvido a la lancha castigada cien años tras su naufragio

Conmemora el centenario y descubre en el fuerte de San Damián un panel con la historia


ribadeo

Este sábado se cumplirán cien años del naufragio en la ría de Ribadeo de la lancha de salvamento Fernando Villamil, el día en el que se estrenaba tras su traslado desde Barcelona, donde había sido construida. Ese día fallecieron tres personas y la lancha, un modelo insumergible y autoadrizable, fue varada en tierra hasta que se comprobase su estabilidad. Pero nada se hizo, iniciando la embarcación un penoso deambular, su singular castigo, hasta que hace veinte años, cedida por la Cruz Roja al Concello, fue depositada en el fuerte de San Damián. Allí estuvo hasta ayer como un objeto extemporáneo. Pero el Concello ha reparado el olvido, descubriendo un panel que relata su historia, en un hecho que, al tiempo, supone recuperar parte de la de Ribadeo.

La conmemoración del centenario de este luctuoso acontecimiento también ha servido para evocar el esplendoroso pasado del puerto de Ribadeo, con episodios como el hundimiento del galeón San Giacomo di Galizia en 1597, o más recientemente a los soberbios buques ribadenses como la fragata Casas, de 1857, de 43 metros de eslora, o la corbeta Juliana González, de la armadora Bengoechea. A ellas y la historia del fuerte de San Damián hizo referencia ayer en el acto Eduardo Gutiérrez, cronista oficial de Ribadeo. Una historia que el alcalde, Fernando Suárez, quiere valorizar, y para ello apeló a las administraciones para hacer un museo en el fuerte.

«O bote adrizou de xeito automático e cumpriu, pero ninguén o quixo xa. Estaba gafado»

Eduardo Gutiérrez, cronista oficial de Ribadeo, insistió ayer en que el uso de términos como castigado o arrestado para el Fernando Villamil solo son válidos en sentido metafórico, y recordó que el bote pertenecía a una sociedad civil, no militar. Apuntó que la embarcación, tras volcar por el fuerte mar, cumplió con su cometido y adrizó, recuperando la verticalidad de forma automática. «Pero despois, aínda que houbo varios intentos de recuperala, xa ninguén a quixo. Estaba gafada», apuntó Gutiérrez, aludiendo al carácter supersticioso de la gente del mar. A la pregunta clave, de por qué y cómo murieron tres de los tripulantes, las crónicas de entonces no lo aclaran, así que Gutiérrez apunta como posibilidades que hubiesen sufrido un golpe o que no supiesen nadar, algo nada raro entre los marineros de la época.

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