Los faros que guían a una compostelana por el litoral gallego

La peluquera Loly Mato fotografió en los últimos cinco años más de medio centenar de señales marítimas


santiago / la voz

Desde el más antiguo del mundo, el de la Torre de Hércules, a los más recientes de Punta Nariga (Malpica) o Frouxeira (Meirás). Desde el más occidental de Fisterra al más oriental de Ribadeo. Desde el más alto en las Cíes al Faro Pequeno de Oleiros. Y así hasta superar el medio centenar de señales luminosas que marcan la vida de Loly Mato desde que hace un lustro decidió recorrerlos, admirarlos y fotografiarlos. No sabe explicar muy bien por qué, solo sabe decir que le fascinan y que «soy una fanática de los faros».

Su afición no está ligada a su biografía. Loly Mato es una compostelana de 54 años que se gana la vida como peluquera. Pero le apasiona la fotografía, por eso siempre va con una cámara encima, «no con el móvil», y desde que descubrió el encanto de los faros gallegos, son ellos el objetivo de sus postales. Sola, en pareja, con familiares o con amigos, dedica desde hace un lustro sus días libres a perseguir las luces que en otros tiempos salvaron a los marineros de estrellarse contra las rocas de la Costa da Morte y cobijaron las peculiares historias de soledad de sus fareros.

Loly navegó por Internet en busca de los faros que la guían. «No fue fácil, porque de los más pequeños ni siquiera hay información». Pero ella se empeñó en visitarlos todos, y se puso manos a la obra. Está a punto de finalizar su particular misión, porque el pasado mes de junio visitó el de Sálvora y espera, en septiembre, captar con su cámara los dos que le quedan en la provincia de Pontevedra, el de Punta Lamela, en Panxón, y el de Punta Couso, en la ría de Aldán.

Un tesoro para compartir

A Sálvora fue el 1 de julio, coincidiendo con un viaje programado por la Autoridad Portuaria de Vilagarcía, que invitó a la ciudadanía a asistir al encendido de uno de los faros más singulares de la costa atlántica para conmemorar la celebración del primer día mundial de ayudas a la navegación marítima. «Conocer los que están en las islas no es tan fácil, así que me apunté rápido, ya que había plaza para los cien primeros que lo hiciesen. ¡Hacía dos años que quería ir a Sálvora!», admite. Pese a su singular historia, vinculada al naufragio de Santa Isabel y a la leyenda de la sirena de los Mariño, no fue el que más le impresionó. «Mis preferidos son los de A Costa da Morte, porque me fascina esa zona». Tras las señales marítimas de Malpica, Laxe o Cabo Milán, a Loly Mato le enamoró el faro «chiquitito» de Tambo, «con sus escaleras por fuera» así como el impresionante paisaje de Illa Pancha, vigía de la hermosa ría de Ribadeo. «Todos son distintos y todos son espectaculares. Galicia es espectacular», asegura.

Con sus fotografías, invita a admirarlos. «Me atrae su historia, la vida de los fareros, los paisajes en los que están enclavados... En muchos no se puede entrar, pero en los que sí, es como retroceder en el tiempo, y me encanta esa sensación». Y es tal la fascinación que siente por las señales marítimas, que ahora que está a punto de acabar el recorrido por los faros quiere seguir fotografiando las balizas y los focos de los espigones.

Las imágenes, con el registro de cada señal y su historia, quedarán plasmadas en un álbum digital, y no descarta algún día organizar una exposición con todo el material recogido a lo largo de los años. «Me animan y me gustaría hacerlo, porque lo mismo que lo disfruto yo, me gustaría que lo disfrutara todo el mundo».

Arriba, Loly Mato ante el faro de Sálvora; abajo, de izquierda a derecha, en su recorrido por el faro del espigón de Cambados, por Cabo Vilán y por el faro del Museo do Mar, en Vigo.

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