Atraídos por una ballena de 22 metros

Decenas de curiosos acuden a ver el enorme cetáceo que fue a morir a Tapia

s.o.
tapia / la voz

Más de una hora golpeándose contra las rocas precedieron a la muerte de la ballena que varó en la costa de Tapia de Casariego, cerca de Ribadeo, en el vecino Occidente asturiano. Lo contaba Luis Laria, presidente de la Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas (Cepesma), quien resumía el final del cetáceo con un elocuente «triste momento». Ahora que yace en la cala del Figo, el lugar donde varó antes o para fallecer, el imponente rorcual común genera expectación. Atraídos por la gran ballena, decenas de curiosos no quisieron perder la oportunidad de fotografiar la que se considera una de las más grandes halladas en la costa asturiana.

La dificultad del acceso al Figo no evitó que muchas familias se acercasen con sus hijos al lugar, para ver al cetáceo y, de paso, para convertirlos en coprotagonistas del hallazgo.

Técnicos del Principado estudiaron este jueves por la mañana el cuerpo sin vida de un rorcual que apareció en el citado pedrero de Tapia. La primera medición confirma que mide casi 22 metros de largo (el máximo del que hay constancia en su especie son 27) y se calcula que pesa entre 25 y 30 toneladas. Se plantean retirar a la ballena del lugar donde quedó varada, aunque los especialistas coinciden en que los trabajos serán complejos. En principio consistirían en arrastrar el cuerpo, remolcándolo con una embarcación, para llevarlo mar adentro. Si lo consiguen y, una vez que flote se plantearían trasladarlo a un puerto cercano. Se le practicará la necropsia para conocer con exactitud la causa de la muerte. Para todo este operativo todavía no hay fecha, tal y como explicaron este jueves en esa zona de acantilados, mientras tomaban los primeros datos sobre el gran rorcual.

Este miércoles, cuando habló del varamiento y posterior fallecimiento del cetáceo, Luis Laria comentó que el que fue a morir a Tapia es una especie común en las aguas del Cantábrico, aunque en este presentaba unos patrones de coloración inhabituales. El presidente del Cepesma añadía que no había precedentes de una ballena de este tipo varada en la costa asturiana desde hace veinticinco años

Un rorcual aliblanco falleció el 28 de julio en San Cibrao tras entrar en O Torno

El pasado 28 de julio apareció muerta en una cala de San Cibrao otra ballena, una hembra de rorcual aliblanco que tres días antes se adentró en la playa de O Torno. Estaba muy delgada, medía cuatro metros de largo y pesaba cuatrocientos kilos.

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