As Catedrais, todo sigue igual un año después de la muerte de una turista

Sin vigilancia la mayor parte del año, los visitantes campan a sus anchas ignorando las prohibiciones


ribadeo / la voz

Dos turistas enfundados en abrigos plumíferos miran con curiosidad uno de los carteles que advierten de sanciones de hasta 6.000 euros si se adentran en los senderos que bordean los acantilados de As Catedrais, en Ribadeo. Miran a un lado y a otro y siguiendo el ejemplo de otros que les preceden, ignoran el veto. Nada raro. Es lo habitual. A unos metros se encuentran con una chapa de aglomerado descascarillada y descolorida, tirada sin soporte, en la que a duras penas puede leerse, ‘‘no pasar, peligro’’, con una significativa silueta de desprendimientos. La playa está abajo, a unos treinta o cuarenta metros, cerca de la cueva donde hace casi un año una joven de Valladolid perdió la vida al golpearle la cabeza una piedra que se desprendió. El caso sigue depurándose en los tribunales. ¿Qué ha cambiado en la playa desde entonces? Nada.

Al llegar al acceso al arenal, el primer promontorio muestra en una esquina el desgarro producido por la erosión. Toneladas de piedras y tierra cayeron hace años a la arena sin que nadie resultase herido. Aquí y allá hay acantilados que parecen puzles a punto de desgajarse, porque así ha sido como por efecto del mar, del viento y la lluvia se ha formado As Catedrais.

El suceso de la pasada Semana Santa, siendo un absoluto infortunio, puso en evidencia el riesgo que hay de accidentes en un terreno tan inestable. Por ello, tras unas primeras reuniones, la Xunta solicitó al Ministerio de Medio Ambiente que provisionalmente prohibiese el acceso a las cuevas, las grutas, los túneles y los icónicos arcos. Era una medida de enorme calado, porque As Catedrais perdería buena parte de su atractivo. Pero todo quedó en papel mojado porque ninguna administración quiso hacerse responsable de la vigilancia. La patata caliente pasaba de Costas a la Xunta y al Concello, y como todos sostenían que no era responsabilidad suya, nada se hizo.

Llegó el verano y la Xunta volvió a poner en marcha el plan de conservación de As Catedrais, que también se aplica en Semana Santa, en las épocas de mayor afluencia de visitantes. En esos días solo se reparten 4.812 pases diarios. Además de vigilancia, se renovó la cartelería y las señalizaciones. El estío discurrió sin incidentes hasta que, el 1 de octubre, los visitantes camparon de nuevo a sus anchas.

Ahora, con la Semana Santa y el aniversario del fatal accidente a la vuelta de la esquina, As Catedrais sigue igual. Ayer se celebró una reunión en Madrid en la que la directora xeral de Patrimonio Natural, Belén do Campo, presentó el estudio sobre el estado geológico de As Catedrais. Por lo que ha trascendido, ya no se habla de cerrar las cuevas y arcos y el problema que implicaría quién debería controlarlo durante todo el año, sino de limitarse a reforzar los carteles de advertencia allí donde la caída de piedras es alta o muy alta y de prolongar el paseo marítimo de madera sobre los acantilados. A la reunión asistieron responsables de Costas y del Concello de Ribadeo y de nuevo surgió el problema de quién asumirá el gasto. Finalmente será la Xunta quien pague los carteles, no sin criticar al Estado por inhibirse.

Así se está gestionando el segundo monumento (natural) más visitado de Galicia, tras la catedral de Santiago.

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