Veinte filántropos y trece sociedades de emigrantes crearon 61 escuelas

La comarca de A Mariña encabeza el ránking gallego de escuelas de americanos y dobla a A Terra Chá


VIVEIRO / LA VOZ

Era tal la fe de los emigrantes en la enseñanza como instrumento de educación, progreso y libertad, que la revista Vivero en Cuba insertaba en las cabeceras de sus páginas consignas como estas: Cada escuela que se abre es una cárcel que se cierra. Instruir es una obligación. El Salvador fue maestro de Concepción Arenal, o El primer deber de un ciudadano es instruirse; el segundo es trabajar. Quién funda escuelas civiliza. Quién educa hombres hace patria del periodista cubano Joaquín N. Aramburu.

Y por eso, por solidaridad, quienes dejaron A Mariña para buscar un futuro mejor construyeron en ella 61 escuelas: 41 a través de las trece sociedades de instrucción que crearon en La Habana y Buenos Aires; y 20 por medio de donaciones particulares de emigrantes filántropos. La cifra sitúa a la comarca a la cabeza del ranking gallego en escuelas de americanos, 61, frente a las 29 de Terra Chá, 22 de Ferrolterra o 19 de Ortegal.

En A Mariña Occidental, los filántropos que donaron escuelas fueron ocho. En Viveiro, destacan Manuel Seara Martínez, sacerdote de la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, en Cuba, que financió la construcción de un centro escolar y una capilla en Chavín en cuyas dependencias se encuentra su sepulcro. Otro de ellos, Melitón Cortiñas, emigró muy joven a Cuba y acumuló una cuantiosa fortuna. A su regreso, hizo donativos de carácter benéfico-social y donó el edificio de la Sociedad de Obreros de Viveiro en el que él mismo costeó clases nocturnas para los trabajadores, que se impartían durante el invierno.

Traída de aguas a Viveiro

Vicente Abadín García, exitoso comerciante en Cuba, obtuvo al retornar la concesión de la explotación de aguas de varios manantiales. Financió la traída de aguas a Viveiro y cedió 30.000 pesetas para construir una escuela en Vieiro en 1926. En Galdo, Antonia Trobo Rodríguez, construyó y sostuvo en 1921 una escuela en A Abilleira con un legado de 400.000 pesetas que le dejaron sus hermanos. Al morir, la fundación que presidía, Trobo, la donó a la parroquia.

En Cervo, dos filántropos emigrados en Argentina financiaron dos escuelas. La de San Román de Vilaestrofe fue obra de Manuel Candia López. Despues de un viaje a su parroquia natal en 1898 comisionó a un familiar para construirla y dotarla con un maestro y material escolar.

La escuela de San Cibrao _hoy Museo del Mar_ fue inaugurada en 1931 por Manuela Goñi, viuda de José María Fernández Montenegro, nativo de Lieiro y emigrante en Argentina, que había ordenado construirla en un solar donado por la sociedad de Hijos de Vivero. El edificio tuvo un coste de 60.000 pesetas.

Ourol contó también con la aportación de dos emigrantes. Vicente Casabella, que había vivido en Cuba, donó una escuela que hoy es sede del concello. Y Francisco Albo, propietario de una fábrica de harinas en Madrid, decidió en 1911 construir una escuela en Vilares. Su viuda, Bárbara Baonza, llevó adelante el proyecto en 1915, a través de la Fundación Albo-Baonza, creando un colegio religioso regentado por las Terciarias Franciscanas de la Inmaculada Concepción. El edificio funciona hoy como centro sociocultural.

Un centro de Ribadeo obligaba a las niñas a salir por las calles los sábados rezando el rosario

En A Mariña Oriental las escuelas procedentes de donaciones filantrópicas fueron ocho. Las más antiguas datan del siglo XVII, a cargo de Tomás García-Amieiro y Vaamonde, residente en Guatemala, que aportó 400 pesos para mantener dos franciscanos que explicasen en Ribadeo gramática, artes y moral; y de Pedro Martínez Rego, que donó 4.000 reales para sostener una Escuela Pía en la parroquia de Arante.

En el siglo siguiente, Benigno Rodríguez-Arango y Mon, enriquecido en Perú, fundó y sostuvo dos escuelas de primeras letras en Ribadeo. Las niñas que acudían a una de ellas estaban obligadas a salir por las calles, al atardecer de los sábados, cantando el rosario y llevando velas y farolas y el estandarte de la Virgen María?En Trabada, un emigrante en México, Antonio Díaz, creó la escuela de Fórnea.

En Ribadeo, los hermanos Pedro María y Juan Moreno Ulloa, emigrantes en Argentina, fundaron, a finales del siglo XIX, un instituto de Segunda Enseñanza, donaron 1.000 pesetas para una escuela primaria y proyectaban crear un centro para enseñar comercio, pilotaje e ingeniería. Y otro emigrante en el Río de la Plata, Clemente Martínez, instaló en su casa un colegio y donó 200.000 pesetas para sostenerlo. Otro emigrante ribadense, Ramón González, hizo importantes donaciones a su villa natal. En Porriño _donde se había casado con Corona González Santos_ financió íntegramente la construcción del Consistorio que ejecutó el afamado arquitecto Antonio Palacios. González emigrara muy joven a Argentina y se enriqueció como comerciante en Rosario de Santa Fe. A su regreso, abrió sucursales del Banco Español del Río de la Plata en Vigo y Santiago. En Ribadeo fue nombrado Hijo Predilecto en 1922 por su aportación al Ateneo y a la Biblioteca de la villa, por la compra del Teatro y por la construcción de la Plaza de Abastos. Uno de los más importantes y conocidos filántropos de Galicia fue el devesano Pedro Murias. Entre otras aportaciones, en 1906 legó 300.000 pesos para construir una Granja Escuela inaugurada en 1922 en Villaframil. Uno de los encargados de velar por su testamento fue un paisano y amigo, emigrante de A Devesa en Cuba como él y también como él, filántropo: José Acevedo Martínez, que fue alcalde de Ribadeo, donó los terrenos y la construcción de la escuela de Cinxe, en A Devesa, en 1933.

Jesús Rodríguez Murias, importante tabaquero en Cuba, dejó un notable legado al Concello de Ribadeo para obras benéficas y educativas en Rinlo. Entre ellas, la construcción de una escuela que debería mantener la sociedad Unión Rinlega; rentas para mantener el hospital de Ribadeo; donativos para los pobres de la villa; y 50.000 pesetas para la traída de agua potable a la capital municipal. Por su labor, el Concello le dedicó una calle en 1912.

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