Denuncia que quedó siete días sin telefonía en una zona rural de Ourol con mayores dependientes a su cargo

OUROL

Luciano Pernas, en su casa de Caxoto (Ourol)
Luciano Pernas, en su casa de Caxoto (Ourol) XAIME RAMALLAL

Apenas hay cobertura de móvil y no le arreglaron hasta una semana después una avería en el fijo

06 ene 2023 . Actualizado a las 22:09 h.

El pasado viernes, el penúltimo día del 2022, Luciano Pernas, vecino de Caxoto, en Ourol, advirtió desde primera hora de la mañana que el teléfono fijo de su vivienda no estaba operativo. Dado que esta aldea de la parroquia de San Pedro de Miñotos apenas tiene cobertura telefónica de móvil, la avería condenaba temporalmente a él y a sus padres, ambos dependientes, a permanecer prácticamente incomunicados de no desplazarse de su casa. Pese a ponerse en contacto ese mismo día con la empresa encargada del mantenimiento del servicio, no fue hasta ayer -una semana después- cuando solucionaron la avería.

Pernas, de 62 años, debió desplazarse un kilómetro para poder llamar a La Voz de Galicia y denunciar su caso. Las siguientes conversaciones fueron, por escrito y en diferido, por Whatsapp, ya que el móvil apenas tiene cobertura. Cuenta que el viernes pasado se puso en contacto con Movistar. La compañía del servicio explicó que habían dado aviso a la empresa que lleva el mantenimiento, Comfica, y el propió Luciano llamó en varias ocasiones para alertar de esta circunstancia, pero hasta ayer por la tarde no se acercaron los técnicos a solventar esta carencia.

Este vecino de Ourol asegura que no es la primera vez que él y sus padres pasan varios días prácticamente incomunicados al averiarse el teléfono fijo.

Los problemas derivados de esta carencia se agravan cuando en casa hay personas dependientes. «Non puiden chamar desde a casa ao centro de saúde para que viñeran ver a meus pais», resalta Pernas. Su padre, aclara, padece Alzhéimer y su madre tiene movilidad reducida. Si, al contrario, llaman a su vivienda desde el ambulatorio o del Hospital da Mariña, al no poder localizar a los pacientes pueden perderse citas médicas.

No es el único contratiempo que Pernas ha tenido por la deficiente cobertura de móvil y las averías del fijo: «A miña parella pinchou e non me puido chamar para que lle fora axudar a cambiar unha roda en Vilacampa».

Casi todas las casas de Caxoto -ocho, para alrededor de una veintena de vecinos- tienen treceptor de telefonía fijo a través de satélite, aunque la conexión es deficiente. El caso de Luciano es diferente. En su vivienda se emplazaba antaño el único teléfono público de la zona. «E seguimos co de fío, por cable», apunta. Un servicio que falla con frecuencia y que no es reparado hasta varios días después, en ocasiones semanas. En noviembre del 2020, La Voz de A Mariña se hizo eco de su problema y el de sus vecinos, entonces agravado por las restricciones al movimiento de las personas que impuso el coronavirus, que obligaban a pedir cita previa casi para cualquier gestión.

Pernas explica que los técnicos indicaron que la avería en el teléfono fijo se debía a daños en los cables de la línea ocasionados, supuestamente, por la actividad de maderistas.

La Voz A Mariña intentó el martes y ayer ponerse en contacto con la empresa Comfica, tanto por teléfono como por correo electrónico, pero no recibió respuesta.

El alcalde de Ourol, José Luis Pajón, expone que el Concello llegó a un principio de acuerdo con el propietario de una parcela en una zona cercana, As Lobeiras, para habilitar una torreta de telefonía, llegando técnicos de Retegal a revisar el lugar, sin recibir nuevas comunicaciones al respecto de su decisión. «Estes veciños teñen unha telefonía moi deficiente e un servizo técnico que é desastroso», critica.

Caxoto, situada en el corazón forestal de A Mariña, dista tan solo 15 kilómetros de un núcleo como Viveiro, pero en pleno año 2023, denuncia Pernas, sus vecinos carecen de opciones fiables para comunicarse. La telefonía llegó tarde y de forma deficiente a esta aldea, y la reivindicación de los vecinos de unos servicios eficientes se remonta más de una década atrás.

Sin embargo, esta carencia es cada vez más acusada. Hace 20 o 25 años no resultaba imprescindible tener internet o un teléfono móvil para realizar determinadas gestiones, y se insiste en que el futuro pasa por la comunicación a distancia. Es la pescadilla que se muerde la cola: el rural se vacía, servicios que se convierten en básicos no llegan o son deficitarios, y la sangría demográfica persiste.