«Tengo 91 años y me voy a ir sin hallar a mis padres represaliados»

ramón gonzález rey O VICEDO / LA VOZ

O VICEDO

Hilda Farfante, que ahora reside en Madrid ahora, pasó la pandemia en su residencia de O Vicedo
Hilda Farfante, que ahora reside en Madrid ahora, pasó la pandemia en su residencia de O Vicedo CEDIDA

Hilda Farfante, vinculada a O Vicedo desde 1964, busca en Asturias los restos de Ceferino y Balbina, docentes asesinados por el franquismo en septiembre de 1936

17 nov 2022 . Actualizado a las 18:08 h.

El 8 de septiembre de 1936, Balbina Gayo, directora de la escuela de Cangas de Narcea (Asturias), fue detenida por falangistas a las puertas del colegio, donde empezaba el curso escolar. Cuando supo de la detención, su marido, Ceferino Farfante, también docente, salió a caballo desde Besullo -donde residía la pareja- a buscarla, con la intención de cambiarse por ella. Desoyó las advertencias para que se escondiese. Ambos fueron asesinados. Sus hijas Hilda, de cinco años, Noemí, de siete y Berta, de cuatro, subieron a dos mulas con su abuelo y escaparon al monte.

«Recuerdo miedo, mucho miedo», resalta sobre aquella huida al bosque Hilda Farfante, que responde al teléfono desde Madrid, a donde se acaba de mudar desde O Vicedo, localidad en la que su familia veranea desde 1964 y en la que ella vivió los últimos cuatro cursos. Su hermana pequeña no paraba de llorar, rememora, por la pobre dieta que tenían cuando escaparon. Después tuvieron que separarse.

Ceferino y Balbina fueron asesinados por encarnar un ideal, el de la escuela republicana, igualitaria y mixta, resalta Hilda. «Qué contentos estaban el día que tiraron los tabiques, que se juntaron chicos y chicas, y los maestros podían pintarse y conducir su coche», enfatiza.

En enero, Farfante cumplirá 92 años. Durante su trayectoria laboral fue maestra, como sus padres. Sigue, casi nueve décadas después, buscando los restos de Balbina y Ceferino, que no ha podido recuperar. Entre su lúcida conversación se escapa un suspiro: «Me voy a marchar sin haber logrado encontrarles», lamenta.

La familia Farfante realizó en 1984, con fondos propios, una primera cata en la zona de Vega del Rey. Aprobada -en 2021- la Ley de Memoria de Histórica del Principado de Asturias, el Gobierno autonómico impulsó una excavación para intentar dar con Balbina y Ceferino. No hubo suerte.

Para Hilda, no encontrarlos fue un jarro de agua fría. La historia de su madre y la suya propia fueron recogidas en libros y también llevadas al cine en un documental, «Las maestras de la República», premiado con el Goya en 2014. «Nos hemos movido mucho, pero no hemos conseguido nada», afirma Farfante, que no obstante ha logrado poner en el foco del debate la falta de paz y la injusticia que sufren las familias de más de 140.000 represaliados.

«Cada vez pienso más en mis padres, en la vida que no pudieron tener y en el miedo que pasaron», explica Hilda, que en 2000, invitada a hablar en Cangas de Narcea durante un acto de las víctimas del franquismo, no pudo más que gritar.

La reciente exhumación de Queipo de Llano removió recuerdos en ella. Farfante se revuelve contra los que piensan que revisar el franquismo es enfrentar o adentrarse en las arenas movedizas de la historia: es, acaso, la única vía de reconciliación y la muestra de la madurez de una sociedad. «¿Cómo se puede dar carpetazo y decir, de esto ya no se habla, cuando hay víctimas en las cunetas?», se pregunta.

Cuentan sus familiares que tras residir en Madrid Hilda tuvo siempre en mente volver al norte, pero le dolía todavía demasiado lo sucedido como para regresar al lugar donde habían matado a sus padres y donde ella y sus hermanas habían tenido que ocultarse, cuando deberían estar en la escuela y jugando. La alternativa para contemplar el Cantábrico fue el «paraíso» de O Vicedo, «nuestra otra casa». Allí pasó la pandemia.

Hilda no pierde la esperanza. Ha sobrellevado la «ancha ausencia» de sus padres. Ojalá que la sociedad española no tenga estrechez de miras para darle lo que es de justicia.