O Vicedo «guerreó» con vikingos

lidia fernández / s. s. O VICEDO/ LA VOZ

O VICEDO

Pepa Losada

Cientos de personas en la recreación del desembarco y la lucha con los cristianos

29 jul 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Con un grito de guerra, la tripulación del barco vikingo al mando de Olaf Haraldsson I desembarcó sobre la una de la tarde de ayer en San Román, dispuesta a derrotar a los cristianos de Ramiro I, que a lomos de portentosos caballos galopaban y desenvainaban sus espadas para defenderse del ataque normando.

La escenificación de la batalla en esa playa de O Vicedo la siguieron cientos de curiosos con expectación. Todos querían saber quien iba a salir vencedor de un combate fiero, todo un espectáculo de la compañía Queiman e Pousa en el que participaron vecinos y que se prolongó casi una hora. La lucha fue, ciertamente, muy intensa, y los cientos de visitantes congregados ayer a mediodía alrededor del arenal animaban a los cristianos al tiempo que abucheaban a los nórdicos cada vez que atacaban a alguno de los locales. Estaba claro cual era el favorito del público.

Tras la batalla, a galope con lanzas y a pie con espadas y escudos, el vikingo Haraldsson I sucumbió ante las fuerzas locales. Antes habían caído guerreros nórdicos y cristianos, en una batalla sin sangre en la que O Vicedo guerreó con los vikingos.

Si bien es cierto que en la III Romaxe Viquinga se intentó seguir el rigor histórico, hubo también espacio para la improvisación. Y les salió bien.

La representación finalizó a la hora de comer, así que la gente que había asistido atentamente a la batalla, entre ellos muchos turistas, se dirigió masivamente hacia el campamento vikingo y cristiano, donde se habían instalado puestos de comida.

Tras este almuerzo campestre dieron comienzo las actividades programadas para la tarde. Hubo juegos para todos los públicos, combates entre caballeros cristianos, un desfile de trajes, cuentacuentos... todo con el objetivo de satisfacer y entretener a todos los asistentes a la Romaxe Viquinga de O Vicedo.

A las diez de la noche estaba programado otro espectáculo que prometía, el desfile de las tropas normandas y cristianas con antorchas. A continuación, otra escenificación, un enterramiento vikingo en memoria de los perdedores de la batalla.

Bruxo Queiman y Asacocirco hicieron las delicias del público a partir de las once de la noche. Y como al final todos quedaron amigos, a medianoche estaba prevista una boda vikinga.