Bajo el nombre ficticio de don Bernardo Gonzalo Gil impartió clases en el municipio focense desde 1947 a 1956
02 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El hombre que en septiembre de 1947 subió en Madrid al taxi de Manuel Bragado López se llamaba Adolfo Lucas Reguilón García. Bajo el apelativo de Severo Eubel de la Paz, era el comandante de la agrupación guerrillera de la Zona M que, con base en la
cordillera Carpetana, actuaba por Toledo, Guadalajara y Madrid. Los acuerdos de Yalta entre Stalin, Churchill y Roosevelt le hicieron ver que la dictadura de Franco no caería por las armas ni por la presión internacional. Así que, de acuerdo con la dirección del Partido Comunista de España (PCE), decidió salir del foco y ocultarse lejos de Madrid.
Cuando el taxi llegó a la Casa de Piñeiro, en Mañente (Foz), el pasajero se presentó como Bernardo Gonzalo Gil. Justificó su presencia por la maltrecha salud de su mujer, Isabel Couto Pulido (en realidad, Isabel Villalba Herrada). En esa casa vivieron ocho
años entre el general aprecio. Pero el 10 de enero de 1956, tras una delación, fue detenido por la Guardia Civil en Foz. Fue condenado a muerte, le conmutaron la pena por 30 años de prisión y lo excarcelaron el 4 de marzo de 1972. Años antes, Borges había escrito: «Yo, que tantos hombres he sido,/ no he sido nunca aquel/ en cuyo abrazo un día/ desfallecía Matilde Urfach». No era por él, era una ficción borgiana...
Los Piñeiro estaban agradecidos a Bragado por ayudarles cuando su hija Inés estuvo enferma en Madrid. En su casa, que ofrecía hospedaje, vivían diez personas, entre ellas un guardia, Anastasio, y su esposa Flora. Los recién llegados se integraron pronto en la familia cuyo padre había sido alcalde falangista de Foz en 1936 y cuyo hijo Ramón, también de Falange, era pedáneo de Mañente y allí vivía con su mujer, la abuela Juana y los niños Juan y Javier. Don Bernardo era un vecino más e inyectaba a las tres hermanas Longarela, enfermas, que vivían con un casero, Servando García, su mujer Carmen y su hijo Alfonso.
Clases y teatro
Para sobrevivir, impartía clases en las que desterraba la memoria, experimentaba, enseñaba Taqui y Mecanografía... Cobraba quince pesetas por alumno y con el doctor Candia elaboraba su Ficha Paidológica. Formó a más de cien jóvenes: Inés, Virucha y Hermógenes, Estrella de Xan Gordo, Elvira, Estrella y Angélica Río Moreda, José Díaz, Pepita Amieiro, Rafa y Mario Couto, Carmen Fanego, María Pérez, Orquídea, el Mudo de A Cazolga... Hizo un curso en la Escuela de Radio Maymó y confeccionaba, vendía y reparaba aparatos de radio. Solo añoraba a hijos Arisbel, Amor y Flor del Pueblo que estaban en Madrid.
Su vocación social lo llevó a fundar y dirigir la Agrupación Mañente Artístico (AMA), un grupo de teatro del que formaban parte Perpetua Teijeiro, Petuchka, Pepita Amieiro, José Ma Ramos, Ramón Gómez, Angélica Río, Ramón de Canel, Pepiño del Parral, Eldita Luaces, Mersi Rodríguez...
Representaron por A Mariña, a beneficio del Asilo, obras de Muñoz Seca (‘El Alfiler', ‘María Fernández'..) y ‘Un marciano en Mañente', de autoría propia. Todo iba bien, entre alguna espina y murmuración. Pero siempre vigilando la dudosa luz del día. En cualquier momento podía dar la vuelta el aire...
Una cédula del PCE, un cura, un cuñado traidor y la cárcel
Uno de los días agrios tuvo lugar cuando dos mujeres de A Corredoira se pelearon y una acusó a la otra de tener relaciones con él. El caso llegó al juzgado y tuvo que inventar mil subterfugios para no acreditar su identidad. Otro fue cuando el doctor Fernando Martínez de la Riba extirpó un riñón a su mujer, Isabel. Pero quedaba lo peor...
Corrían los años 50 y el nuevo comandante del puesto de A Espiñeira se presentó en la Casa de Piñeiro para hurgar. Lo interrogó, le pidió referencias, evidenció que sospechaba de él. Por entonces, se instauró el DNI y don Bernardo se las arregló para disponer de uno. Al tiempo, creó una cédula comunista en Foz con un Secretario de Organización al mando, organizó una red de seguridad -que iba de una casa de A Corredoira hasta Lodeiro (Fonsagrada)- para usar en casos extremos y escribió y editó el boletín «PAZ «que distribuyó a través de Correos. En El Progreso publicó un artículo -'Cinco kilómetros de felicidad'- enalteciendo las cualidades y opciones veraniegas de Foz.
Cuando menos lo esperaba, estalló la tormenta. Su cuñado Paco -en realidad, otro guerrillero que vivía con ellos en Mañente y se llevaba mal con don Bernardo- se puso en amores con una hija de la casa y decidieron casarse. Se confesó con el cura de Vilaronte y echaron las «proclamas». Pidió un certificado de soltería a Santa Cruz de Retamar (Toledo) y así localizó la policía franquista su emplazamiento.... y el de Adolfo Lucas Reguilón, «El último guerrillero de España». Poco después, el 10 de enero de 1956, el maestro de Mañente volvía con su Mobylette de recoger un reloj que tenía para arreglar en Foz. Al iniciar la bajada a Vilaxoane, la Guardia Civil lo detuvo y fue esposado y llevado ante el comandante Chacón que dirigía la operación desde el puesto de Foz. «Venía en busca de un pez y encontré un tiburón», le dijo. Lo llevaron a Madrid, ingresó en la cárcel de Burgos para cumplir 30 años de condena y quedó en libertad el 4 de marzo de 1972. Su cuñado se entregó el 15 de enero de 1956 a cambio de cargar sobre Adolfo toda la responsabilidad. «Un día seré tu cuchillo», le dijera un día de fuerte enfrentamiento entre ambos...
Un guardia civil le escribió en 1972 para valorar su actitud y agradecer un poema
Poco después de salir del penal de Burgos, don Bernardo recibió una carta de un guardia civil de Foz. Le decía que su hijo, que trabajaba en Madrid, había visto en el «Ya» el anuncio de la publicación de uno de sus libros y le envió el recorte. El guardia le deseaba lo mejor y agradecía su comportamiento y el poema que Adolfo L. Reguilón había dedicado a Foz. Decía así: «De la dulce y pacífica Galicia,/ donde toda violencia es condenada,/ el Mundo, cuya fuerza desperdicia/ para el odio y la guerra consagrada./ Cuando el Hombre se cubre de inmundicia/ en ansias de dominio sustentada,/ y es mísero el vivir, sin más delicia/ que la de ver al otro en retirada./ Cuando Europa y América proclaman/ el imperio del átomo inhumano,/ yo quiero alzar intrépido mi voz./ Y entonces mi alabanza a quienes aman/ el Bien, en un rincón de paz tan sano/ cual Galicia, en España; en Lugo, Foz».
Adolfo Lucas Reguilón García nació el 29 de agosto de 1911 en Villa del Prado (Madrid). A los 15 años se afilió al PCE. Ganó algún premio literario y fue funcionario de Previsión. En 1934, siendo maestro en Navamorcuende, organizó la estructura del partido y fue su secretario general. En la guerra fue comisario del Batallón Campesinos del Tiétar y cayó herido en el frente de Madrid. En abril del 39, lo apresaron en Alicante y sufrió su primer consejo de guerra. Excarcelado en 1943, pasó a la clandestinidad y organizó la guerrilla de la Zona M. Su grupo sufrió bajas y heridos y en 1947 marchó, en complicidad con el taxista Manuel Bragado, a Mañente (Foz) tras ser condenado a muerte en rebeldía. Nunca cometió delitos de sangre.