El decreto de comedores saludables impacta en la hostelería. Patricia Fontán, titular de la cafetería del IES de Foz, lo vive como el mayor cambio desde que en 2013 se puso al frente del negocio
09 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.A mediados de abril entró en vigor el decreto de comedores escolares saludables y sostenibles generando inicialmente muchas dudas entre el alumnado y los gestores de los servicios. Como el resto, los centros mariñanos informaron a las familias y algunos, como el IES de Foz, detallaron principalmente que la norma ponía el foco en la densidad nutricional y en la limitación de nutrientes más perjudiciales, a la vez que recordaron que esta normativa no solo le afecta al comedor sino también a la cafetería del instituto.
De ahí que solicitaran colaboración a las familias para hacer cumplir la normativa, pidiéndoles que no dejaran a sus hijos llevar ningún alimento o bebida prohibidos al centro. Señalaron especialmente lo contemplado en el artículo 5 de la Ley 17/2011, de 5 de julio, que recoge la prohibición de venta de alimentos y bebidas con un alto contenido en ácidos grasos saturados, ácidos grasos trans, sal y azúcares en centros educativos, y lo justifican en aras de fomentar «unha cultura saudable que beneficia á comunidade educativa e á sociedade do futuro».
La cafetería del IES focense la regenta Patricia Fontán Días. El decreto le afectó directamente y reconoce que, pese a la incertidumbre, ha apostado por adaptarse e innovar con el objetivo de poder continuar con un negocio en el que está al frente desde 2013 y que actualmente atiende con la ayuda de una empleada a media jornada. La cafetería tiene horario de 8.30 a 19.00 horas. «Traballo biscoito caseiro, un pouco de bollería caseira, e agora trouxen unha palomitera industrial e fago palomitas de maiz, que teñen moi boa aceptación. Tamén fago chuches caseiras, que se van vendendo, e sigo cos meus bocadillos de tortilla de toda a vida, que eso aquí encanta», explica. La próxima incorporación serán minimagdalenas, también adaptadas a la normativa. Apunta que ya cuando cambió los refrescos a sin azúcares «custoulle un pouco aos rapaces».
Algún cambio anterior
«Os froitos secos podemos seguir manténdoos e hai unha marca de gusanitos que tamén», reconoce la hostelera, que afirma que ya en abril del año pasado cambió los zumos por los de sin azúcares añadidos: «Eu xa fun facendo pequenos cambios para que non notaran tanto os cambios, pero aínda así este é brutal».
Cuando entró en vigor el nuevo decreto, Patricia Fontán asegura que los jóvenes estaban desorientados: «Non sabían nin si íamos ter bocadillos porque nas redes sociais era todo dicir ‘a cafetería pecha polas restricións'. E realmente si que hai moitas restricións, pero hai que buscar a forma de intentar adaptarse. É verdade que cos prezos marcados que temos as ganancias aínda son menores porque o caseiro é caro e dá máis traballo». Pese al cambio y al desafío que la situación representa, se muestra optimista: «Espero poder manterme, polo menos intentalo». En esta fase de adaptación ha incluido también opciones que fomentan el consumo de fruta variada: «Fago uns vasiños cunha macedonia ou ensalada de froitas que tamén se venden moi ben».
Patricia asegura que, salvo la etapa del covid, «que foi moi dura», este es el mayor cambio al que se enfrenta desde que abrió el negocio, hace trece años. Confía en que las autoridades con competencias en esta materia tengan en cuenta el impacto de esta norma en los negocios, de ahí que crea que es necesaria ayuda: «Tiñan que intentar axudarnos un pouquiño cos baremos dos prezos. Teñen que ver que o se pode facer ten que ser caseiro e iso dá moito traballo. Ademais, os prezos cada vez son máis elevados. E aquí, durante catro anos —de concesión— non nos permiten subir nin o IPC, e con esta norma téñennos un pouco afogados». Los pinchos de tortilla, de los que vende una media diaria de cuarenta, son a 1 euro y los bocadillos de tortilla, de los que salen entre 40 y 50, cuestan 1,65.
«Hai que intentar adaptarse, ter que pechar as portas da cafetería sería o último», reconoce la hostelera, destacando la implicación y el esfuerzo que le ha dedicado al negocio: «Despois de tantos anos, daríame unha pena terrible pechar».