Dejan sus profesiones para dedicarse a la producción artesanal de mermeladas en Foz
FOZ
Tras la pandemia, Esther Rojas y su marido dieron un giro a su vida para apostar por una elaboración a pequeña escala con productos de proximidad, ahora en Fazouro (Foz)
07 ene 2026 . Actualizado a las 21:58 h.Mermeladas As Coruxas es un obrador artesano en la parroquia focense de Fazouro tras el que se oculta un proyecto de vida en sintonía en la naturaleza, el que protagonizan Esther Rojas y su marido Alfonso. Ella se encarga de la elaboración artesanal de mermeladas y conservas, siguiendo un método tradicional y sostenible con productos de cercanía, y él de toda la logística, que incluye hasta la confección de forma individualizada de las etiquetas.
Ellos son los protagonistas de una historia humana, de una apuesta personal que tuvo su punto de inflexión en la pandemia y con la que ahora, transcurridos unos años, se dan por satisfechos por lo que de beneficio personal ha supuesto y tiene para ellos.
Utilizando solo fruta de temporada, sin haber sido sometida a tratamientos químicos ni físicos (cámaras de maduración), directamente del árbol a la cocina, siguiendo las recetas aprendidas de madres y abuelas de la familia, el catálogo actual de Mermeladas As Coruxas lo forman productos tan sugerentes como mermelada de ruibarbo con fresas; de tomate y albahaca; de mandarina con canela; de chiles rojos y verdes; de mango; arándanos; higo; naranja con jengibre; de fresa al Pedro Ximénez; fresa; nectarina al aroma de canela y clavo, y de cereza al cardamomo. Para hacerla, explica Esther, utilizan producto de proximidad, adqurido en un margen de pocos kilómetros a la redonda, salvo el mango que compran en Granada y las naranjas en Valencia.Además, en la actualidad, Esther elabora tres conservas artesanales: higos al licor café y dos novedades: «Pisto y pimientos asados. Se los compré en verano a un productor de Fórnea, en Trabada, y me encantaron. Me dije, tengo que hacerlo para la gente, para que disfrute de esta maravilla. Y también le compro el producto para hacer el pisto».
Esther Rojas, descendiente de gallegos, nació en Andalucía. Periódicamente las mujeres de su familia se reunían en El Gastor (Cadiz) y El Coronil (Sevilla), para elaborar mermeladas con los frutos que cada una aportaba y que después se repartían. «Yo era una niña y los pequeños también participábamos, cada uno en lo que podía. Luego, por circunstancias de la vida, algunos emigraron a Madrid y allí continuamos juntándonos, mi madre, mis tías, mis amigas, para seguir haciendo mermeladas», explica. Así aprendió una práctica que al final se ha convertido en su profesión después de que Esther dejase definitivamente su anterior trabajo, patronista de ropa.
«Ya antes de la pandemia lo había ido dejando, porque me faltaba tiempo para atender los compromisos. Trabajaba para diseñadores noveles y al llegar la pandemia se suspendieron los desfiles y lo dejé definitivamente, cuando nos trasladamos con mi suegra a O Irixo, en Ourense, donde abrimos inicialmente el obrador y nos ayudaron mucho a emprender haciendo mermeladas. Era un proyecto que tenía en mente desde hacía mucho tiempo y al tener ya a mis hijos criados y más tiempo disponible me pude dedicar a hacer lo que me gustaba», continúa relatando.
Además del boca a boca de los clientes, que es su principal fórmula de promoción, y de su participación en ferias (como el Mercado do Nadal en Ribadeo), la forma de contactar con Mermeladas As Coruxas y adquirir su producto es a través de su página web o en el propio obrador en el lugar de Lousada, en Fazouro. El producto encargado a través de la web se entrega por Seur, directo a la puerta de los clientes: «Nos gustaría tener algún punto de venta físico en tiendas, pero nos falta tiempo para gestionarlo. Tenemos pendiente tratar de hacerlo y estamos mirando en Ribadeo. A ver si sale», añade.
«Me encanta la cara de satisfacción de los niños al probarla, ellos nunca mienten»
«Tenemos una gama de producto estable, pero si veo que decae la demanda de algún sabor, elaboro menos, para consumir nosotros en casa. Y también surgen sabores nuevos. Por ejemplo, esta última temporada incorporamos la mermelada de ruibarbo con fresas. Por el contrario, llevamos tiempo sin hacer mermelada de melocotón, porque no encuentro el que me guste y porque trabajamos por producto de proximidad, de kilómetro cero. Con la excepción del mango y de la naranja, todo el producto es de aquí, de 10 kilómetros a la redonda», explica Esther Rojas.
Y añade: «Llevamos unos años con este proyecto y vamos paso a paso. Somos autónomos y si estás en la cocina no nos podemos centrar en las redes sociales, que tenemos un tanto descuidadas. Pero quien prueba la mermelada, le gusta. Esa es la mayor satisfacción. Cuando hacemos algún tipo de feria, como la damos a probar, me encanta la cara de satisfacción que ponen los niños, porque ellos nunca engañan, dicen si les gusta o no. Me encanta ver sus caras».
Su apuesta es por la calidad, por la producción a pequeña escala en un mercado complicado: «Hay mucha competencia, pero creo que como nuestras mermeladas hay pocas. No llevan ningún tipo de aditivo ni espesante y toda la fruta es ecológica certificada o de productores que nos ofrecen la máxima garantía y confianza, que trabajan sin química. Pero, claro, hasta que no se prueba la mermelada no se puede comparar. Es cara respecto a una mermelada industrial, pero obviamente no es lo mismo», concluye.