«Antes tiñamos que ver o peixe cos ollos»

SECCIÓN «LOBOS DE MAR» | De familia marinera, el focense Antonio Rey Otero rememora una vida entera dedicada a la pesca


Redacción / la voz

En agosto cumplirá 81 años con una memoria intacta que le permite recordar cientos de anécdotas. Una vida dedicada al mar. Antonio Rey Otero (Foz, 1938), más conocido como Ton, ejerció como motorista y patrón, y hoy es uno de los veteranos. Desde su particular atalaya sobre el mar de Foz repasa sus vivencias.

De adolescente se inició en este mundo de la mano de su padre, cuya primera lancha fue A Marina. «Despois fíxose Sevilla, que foi na lancha na que fun por primeira vez ao mar. E despois, A exploradora», recuerda Ton, quien asegura que fue su cuñado Germán el que le animó a coger entre ambos esa embarcación que había sido de su padre. De su cuñado, Ton solo tiene palabras de aprecio y respeto: «Era do mellor que podía haber. Aprendín moito con el».

Pero esa fue solo la primera parte de la trayectoria profesional de este veterano de la pesca. «Despois fixemos o barco Santiago de Foz no estaleiro de Santiago da Puebla, aquí en Foz. Tivémolo uns dez anos e vendémolo para Punta Umbría (Huelva)», dice. El siguiente encargo fue el pesquero Ruíz Rey, construido en Pontedeume. Mientras se desarrollaba su construcción, Ton, animado por su cuñado, aceptó ir de motorista durante unos cinco meses para el Pena de Altar, que era de una cooperativa.

Del Ruíz Rey conserva fotos que adornan la estancia donde este jubilado pasa horas y horas ayudando en la reparación del aparejo, muy pendiente de la actividad y de la ubicación del Ollo do Mar y Mirando ao Mar, los dos barcos que hoy tiene la familia. Porque para este veterano el mar se entiende y se vive en familia. Orgulloso destaca que ambos aún tienen base en Foz, un puerto pesquero que, aunque fue una referencia en su día, no experimentó ni el desarrollo ni el crecimiento de otros vecinos. «Se no seu día se fixera o porto de A Verde, Foz sería hoxe outra cousa. Sería a salvación. Teriamos boas instalacións e tamén un porto de abrigo. Non hai que esquecer que Foz é un dos mellores sitios do Cantábrico, dos máis abrigados», puntualiza Rey, que aunque jubilado, está al día con las facturas y con el libro de contabilidad. La vida de Ton da para escribir un libro. Tiene anécdotas para reír y episodios amargos que hubiera preferido que nunca sucedieran. Él perdió un barco, pero esa no fue la pena más grande: «Perder un home afogado foi o desgusto máis grande de todos. Diso non se esquece un, nunca».

Otro mal trago

El otro mal trago fue perder el barco Ruíz Rey. Sucedió en 1987, cuando navegaban hacia el puerto de Luarca (Asturias). Embarrancó. Entre los doce tripulantes iban Ton y dos de sus hijos, Suso y Alberto. «Iamos con todo o alumeado aceso. Pensei nun primeiro momento que era un tronco, tiramos bengalas e Ricardo (Lage) baixou ao motor. ¡Ben deitei del, foi o que se encargou! O barco perdeuse, pero o mellor foi que non se mancou ninguén. Leváronnos a todos para Luarca. E así foi. Quedamos sen o barco, viñémonos para a casa e a xente foi para o paro». Días después del incidente, Tonrecuerda que le ofrecieron mandar el barco Hermoso Castro, de Avilés. Él solo puso una condición; que sus hombres quisieran ir con él. Reunió a su tripulación y esta accedió: «Foron varios meses e recordo que foi no barco no que máis pescamos».

«Cando se xubilen os pícaros, acabarase a empresa»

Cuando sucedió el incidente del Ruíz Rey, Ton recuerda que su familia ya estaba construyendo otro barco, el Ollo do Mar. «Xa eramos catro da familia ao mar e un barco facíasenos pouco», reconoce el focense, cuya familia también compraría el Mirando o mar, una embarcación que después sería desguazada para construir el nuevo Mirando o mar, «xa de ferro». De familia marinera y con tres hijos en el sector -Alberto (que fue patrón mayor en Foz) y Germán, como patrones y Suso, como motorista- Ton reconoce que, frente a las nuevas tecnologías que facilitan y hacen más cómodos los trabajos en la pesca, están los topes y las cuotas, que representan un freno importante: «Estes topes e cotas van acabar coa baixura».

No oculta que le gustaría que alguno de sus nueve nietos y dos bisnietos siguieran con la tradición familiar marinera, pero, hoy por hoy, es consciente de que eso no sucederá: «Cando se xubilen os pícaros (por sus hijos) acabarase a empresa. É unha pena, porque é un oficio bo tal e como o entendemos nós, en familia».

Tecnología

«Agora hai moita tecnoloxía e o traballo no mar é diferente. Cambiou todo moito. Daquela, na miña época había que ver o peixe cos ollos e agora vese cos aparatos», reflexiona, mientras nos confirma, tras mirar el teléfono móvil, la ubicación de los barcos: el Ollo do Mar va hacia Gijón y el Mirando o mar hacia Santoña. «Andan ao bocarte e á cabala». Ton, que asegura que nunca ostentó ningún cargo en la cofradía, salvo el de taxista de forma puntual, no entiende la vida sin el mar. Siente nostalgia de aquel Foz marinero y sigue conservando amistades a lo largo de todo el litoral. A lo largo del Cantábrico, su mar.

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