La señora Rosa, una focense luchadora de 103 años, a la que aún le gusta bailar

«Tela con nós é un regalo de Deus», afirma la familia de la centenaria de Santa Cilla, Rosa Sánchez Rodríguez


FOZ / LA VOZ

Cada 6 de febrero es un día especial en la casa de Rosa Sánchez Rodríguez. No en todos los hogares pueden presumir de celebrar el cumpleaños de una centenaria, ya que este acontecimiento bien merece la fiesta que tuvo lugar en la casa de Rosa, vecina de A Folgosa, en Santa Cilla (Foz), que ayer cumplió 103 años. La celebración se celebró por la tarde, coincidiendo con la merienda, con postres y tarta a rebosar.

Rosa Sánchez sigue viviendo en la casa en la que nació. Sus hijos no tienen palabras para agradecer todos los esfuerzos que hizo su madre y por las alegrías que todavía les continúa dando. «Mamá está aínda moi ben da cabeza e coídanna dous dos seus fillos, Luis e Ana, que son os que viven con ela», explicaban ayer los familiares que quisieron soplar las velas al lado de una mujer que tuvo once hijos, de los cuales cuatro ya fallecieron: «Tivo unha vida moi dura. Dedicouse á labranza e a coidar de nós, entregada á familia. Foi unha loitadora», destacan: «Aínda que son moitos anos, mamá está moi ben. Razoa como calquera persoa adulta con nós. ¡Sonche moitos anos, miña filla!».

Desayuno preparado

Con 103 años una estaría en todo su derecho a sufrir algún achaque. Pero ni siquiera es el caso. Según sus hijos, Rosa disfruta hasta ahora de buena salud. «Tela con nós é un regalo de Deus», explica una de sus hijas, quien también destaca el buen humor que conserva la centenaria. Cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta hacer, responde rápida: «A miña nai gústalle bailar con miña irmá. Se a saca miña irmá Ana a bailar, ela baila na cociña».

Sus hijos nunca olvidan los cuidados que recibieron, un esfuerzo mayor cuando Rosa se quedó viuda: «Foi sempre unha loitadora, sempre traballou moito para sacar tantos fillos para diante». Todavía ayer se acordaban de cuando siendo ellos niños se levantaban por la mañana y su madre ya les había preparado en el horno el pan para desayunar. «Traballou moito. Traballou no campo e na casa. Eramos catorce á mesa: meus pais, a avoa e once fillos». Así fue y así es Rosa, siempre rodeada de los suyos.

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