Francisco Lourido, poeta, emigrante, voz de A Mariña en el Rexurdimento gallego

Su obra fue citada por Fernández del Riego en su publicación «Historia da Literatura Galega»


VIVEIRO / LA VOZ

Decía Borges que lo malo del Olvido es que, a veces, incluye la Memoria. Y eso fue lo que pasó con Francisco Lourido Sánchez, un emigrante de Cangas (Foz) en Cuba y Puerto Rico que publicó en 1897 un libro de poesía, Genialidades, y varios poemas y relatos en revistas de la emigración como El Eco de Galicia, O Novo Galiciano o A Gaita Galega.

Su obra quedó escondida bajo un manto de silencio a pesar de ser citada por Fernández del Riego en su Historia da Literatura Galega y de que Couceiro Freijomil incluye al poeta y a su libro en su Diccionario de Escritores Gallegos.

De ese olvido ya se hacía eco el 16 de septiembre de 1927 -en un artículo titulado «Un poeta olvidado» que publicó en El Ideal Gallego- Leoncio López de las Casas que, desde el sacerdocio que ejercía en Bravos (Ourol), venía actuando como delegado de emigrantes en A Mariña y mantenedor de los actos que convocaban cuando abrían una escuela.

En el artículo, pedía a los emigrantes gallegos -como era frecuente entonces- que abriesen una suscripción para editar los poemas de Lourido, entonces ya fallecido, a cambio de recibir sus libros.

Un libro e inéditos

Francisco Lourido emigró joven a Puerto Rico. Tenía 19 años, según dice en el poema «A miña conta» publicado en El Eco de Galicia. Marchó de la mano de sus tíos Teresa y Francisco Lourido Rivas que vivía en Arecibo con su mujer, la cervense Francisca Correa. Su tío era un hombre culto, burgués y liberal. En el número 306 de El Eco, del 5 de mayo de 1888, escribió una carta felicitando al estradense Waldo Álvarez Insua por su iniciativa de aglutinar a los gallegos en la diáspora. En ella, dice tener 66 años y ser hacendado del café.

La obra literaria de Lourido, escrita en gallego y en castellano, participa de los rasgos del Romanticismo español y del Rexurdimento gallego. Del Riego dice que es «un epígono» de esta corriente. Como Rosalía (1847), se identifica con la sensibilidad popular y mantiene un lirismo personal al estilo de Follas Novas; sigue a Pondal a la hora de crear una mitología que justifique su galleguismo; y es un poeta cívico, comprometido con su tierra y su tiempo, como Curros.

Este cronista intenta desde hace años conseguir un ejemplar de Genialidades, su único libro publicado. Realizó infructuosas búsquedas en las grandes bibliotecas y archivos de Galicia y en otras extranjeras como las de Mayagüez (Puerto Rico) o Washington (Estados Unidos), sin que, hasta ahora, haya podido encontrarlo.

Sí dispone, en cambio, de dos centenares de manuscritos inéditos de Lourido con poemas, cuentos y leyendas agrupados en un libro no publicado, titulado Raiolas, que espera poder editar en breve. Y ya publicó en el año de 2003, en la revista Bolanda de la asociación cultural A Pomba do Arco, de Foz, un extenso trabajo sobre su vida y obra.

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De los 8 hijos del alcalde de Foz, el mayor y 3 mujeres se quedaron y 4 marcharon a Cuba

Francisco Lourido Sánchez nació en Vilasindre (Cangas-Foz) el 23 de noviembre de 1847 y murió en Arecibo (Puerto Rico) en el primer cuarto del siglo XX. Era hijo de Esteban Lourido Rivas -alcalde de Foz, 1865-1867- y de Joaquina Sánchez Baño, de Xuances (Xove).

El matrimonio tuvo ocho hijos. Tres se casaron en Cangas: Patricio, con la focense Carolina Teijeiro; Felicitas, con Manuel Saá e Inés, con Francisco Oroza. Una, Amalia, en Burela, con Bautista Casariego. Y cuatro emigraron a Cuba: Constantino, Perfecto, Faustino y Francisco.

El poeta se casó con la canguesa Avelina Cao. Tuvo una hija, Consuelo, casada con el perito mercantil focense José Ramón Vázquez O Rosino que fue concejal de Izquierda Republicana en la Segunda República, represaliado tras el golpe del 36. De su matrimonio nacieron dos hijos, Chelo y Pepe, fallecido hace poco en Cervo.

Los Lourido son un paradigma de lo que fue la primera emigración gallega. Tenían una educación superior a la media y buena posición social y económica, con notable patrimonio. De los ocho hijos, uno quedó en la patrucial, tres hijas se casaron en Cangas y cuatro marcharon a Cuba y Puerto Rico donde estaban otros familiares.

Pudieron pagarse el viaje, ayudaron a la economía familiar -la compañía familiar de nuestro Derecho Civil- y su madre los mejoró en su testamento. Hoy queda un descendiente en A Mariña y muchos en Puerto Rico y Ohio (Estados Unidos).

Los Lourido eran, con seguridad, de aquellos gallegos que no marcharon solo por motivos económicos sino por la asfixia de un tiempo y un país triste, oscurantista, injusto, sin esperanza...

«O poder e fidalguía que antes tivo a nosa terra»

En El Eco de Galicia publicó Lourido en 1882 el poema A nai mirando ós fillos. En él homenajea a tres emblemas del Rexurdimento -Rosalía, Curros y Lamas Carvajal- y espera que Galicia vuelva a tener «o poder e fidalguía que antes tivo a nosa terra».

«Alá na terra española/ i á beira do mar sentada/ unha muller, anque sola,/ alegre está cal raiola/ primeira dunha alborada./ Ás veces esquécese ela/ do esvío da nai ingrata./ (....), / Dela vos son os cramores/ dos Aires da miña terra/ de Espiñas, toxos e frores/ i a voz de amargos dolores/ que Follas Novas encerra./ Se as penas da emigración/ a gloria da patria acala/ lede eses libros que son/ bagoiñas do corazón/ vertidas na nosa fala./ Pois chorando Rosalía/ Carvajal clamando «guerra»/ traerán en preto día/ o poder e fidalguía/ que antes tivo a nosa terra.»

Otros poemas versan sobre la defensa de la lengua y de Galicia. Así sucede en «Ainda temos patria» (El Eco, 5 de abril de 1885) o «Aturuxo», de 1893, donde, para él, los tiempos «ainda non son chegados» y aconseja guardar fuerzas para la batalla final...

«Acouba, Galicia, acouba/ agarda, Galicia, agarda,/ frea un pouco o teu esforzo/ mide os tempos dunha ollada./ Nai de Reis e Emperadores/ túa estirpe é soberana;/ criaronse héroes ós teus peitos.../ ¡agarda, Galicia, agarda!./ cal o mar que azouta e brúa/ nas túas penas escarpadas/ é o coraxe que reteñen/ os teus fillos nas entranas./ Acouba, Galicia, acouba/ agarda, Galicia, agarda,/ ¡que ainda os tempos non chegaron/ da refrega crúa e brava.»

También abordó temas de amor, costumbristas o leyendas populares. Una de ellas se repite en A Gaita Gallega en 1885, con los títulos de «A virxe das ribeiras», «A tola das ondas» y «La virgen de mis sueños». Es la historia de una hermosa mujer que vive y pena por las playas de A Mariña. Una especie de mítica sirena que perdió a su marido en un naufragio entre Burela y Foz. Lourido se la dedicó a Ramón Armada y a Lugrís Freire.

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