Ultramarinos como A Campanilla en Cervo, con más clientes en pandemia

Debido a la demanda del consumidor, incluso ha tenido que ampliar su oferta


CERVO / LA VOZ

Los cierres perimetrales que ha habido en el último año de pandemia también han repercutido notablemente en nuestros hábitos de compra. En las dos caras de la misma moneda, por un lado se ha confirmando más que nunca el valor del comercio local, de nuestro barrio o de nuestra aldea. Pero, por otro, las restricciones de movilidad han limitado también las opciones de gasto, por ejemplo, en los municipios vecinos, dentro de A Mariña. Unos negocios han notado que en cierto modo la pandemia les ha beneficiado, al contrario que otros, que dependen más de clientela de varios concellos.

En el centro de Cervo, frente a la Praza do Souto, A Campanilla es de los ultramarinos que existen de toda la vida y con un poco de todo en su oferta, aunque esta ha tenido que incrementarla a petición del consumidor en lo que llevamos de pandemia, tal y como explica Rocío Fernández, actualmente al frente de una tienda que, por cierto, nunca se quedó sin papel higiénico: «Gañamos clientes dende o confinamento total: xente que veu e non coñecía a tenda ou non pensaba que había tantas cousas como había, mantense e sigue vindo. Tamén sei que a tenda de pobo non está para facer unha compra grande. Non tes un supermercado de equis metros cadrados, pero intentas ter algo de todo, ter variedade. Agora tamén metín algo de libraría: antes tiña algo de mercería como roupa interior, fíos, agullas de coser, tiña bolis e lápices, e ampliei tamén a folios e libretas, pegamento, afilalápices... Vas aumentando, por demanda do cliente». «Incluso me viñeron ofrecer para vender calzado, pero de momento non», añade.

«Antes, estas eran tendas que estaban olvidadas entre comiñas. Tiñas xente, pero non o aforo que temos agora. É certo que o cliente tamén cambiou. Chamoume a atención algo que me dixo unha clienta que apareceu na pandemia, que aquí viñera algunha vez pero agora quedouse: ‘Entro tranquila, igual que na miña casa’. Escoitar algo así sempre te alegra. Aquí estás a traballar e tes que atender o mellor posible», dice.

Solo cierra dos días al año

También nota más actividad sobre todo en las mañanas de domingos y festivos en los que A Campanilla sí abre, mientras los supermercados cierran: «Ao dar servizo de pan, ao mellor un vén buscalo e tamén pilla galletas». Solo cierra toda la jornada el día de Navidad y en Fin de Año.

Paz Rodríguez, vecina de Cervo que vive en Daián, a dos minutos de Burela
Paz Rodríguez, vecina de Cervo que vive en Daián, a dos minutos de Burela

Paz Rodríguez, vecina de Cervo que vive al lado de Burela: «Cando sei que van pechar o concello, fago unha compra moi grande; como teño catro conxeladores, aproveito»

Paz Rodríguez, vecina de Cervo, vive a dos minutos de Burela, con lo cuál es lógico que gran parte de sus compras habituales las realice en el concello vecino, por cercanía. Sin embargo, los cierres perimetrales obligan a muchos mariñanos como ella, residentes sobre todo en áreas limítrofes, a mudar ciertos hábitos cotidianos. «En situación normal vou mercar a Burela porque estou a dous minutos, case no límite, fáltalle pouquiño», señala. Cuando se anuncia un cierre perimetral, como el que ahora sigue vigente, «fago unha compra moi grande [en su supermercado de referencia] e tráenme todo á casa. Como teño conxelador, aproveito». Incluso llena el carro con productos de pescadería y carnicería. «Si que os peches alteran un pouco porque xa sabes onde compras e che apetece máis a carne e o peixe de sempre. Por iso, compro en abundancia», señala, resolviendo los problemas con respecto a conservación de alimentos con hasta «catro conxeladores», también necesarios porque tiene huerto y granja propios, matiza. Y son cinco personas en su mismo domicilio, situado en Daián. Claro está que si en la despensa o la nevera faltan productos más perecederos, recurre a tiendas de Cervo, debido al cierre perimetral. «Aínda que, normalmente, gústame ter de sobra na casa e xa non son de ir todas as semanas ao supermercado», añade. Tanto el pan del día como la fruta y el butano ya le llegan a pie de puerta en la zona rural donde vive. «A froita mércolla ao froiteiro que me vén á casa dende hai 20 anos como mínimo», finaliza.

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