Paleo, el cervense que en Mar del Plata remolcaba lanchas hasta la playa con sus caballos

Había nacido en 1892 en San Román y llegó a la Argentina con 17 años


En la calle Bermejo, que nace en la avenida Juan B. Justo y se interna en el barrio del Puerto, la Municipalidad de Mar del Plata hizo pintar en 1985 varios murales sobre las paredes de un predio ferial. El primero, bajando desde la avenida, era el de un hombre que azuzaba a un caballo que arrastraba una lancha hacia la orilla. El mural fue el mejor -y el único- homenaje que se hizo a un pionero de la colonia pesquera marplatense. Se llamaba Francisco Irineo Paleo Sánchez y había nacido en San Román (Cervo) un 23 de mayo de 1892. Durante toda su vida se dedicó a remolcar viejas barcas a vela hasta la playa valiéndose de caballos que debían adentrarse en el mar, en invierno como en verano, para realizar su trabajo.

Paleo llegó a la Argentina con 17 años. Primero se asentó en Buenos Aires pero pronto marchó a Mar del Plata en una emigración golondrina, temporal, de ida y vuelta. La ciudad, situada a 450 kilómetros al sur de la capital, era el lugar turístico y de vacaciones de la burguesía. Y eso provocó, entre otras cosas, el nacimiento de la pesca en ese país tan rico, tan rico en recursos de tierra que siempre vivió de espaldas al mar: la pesca fue la respuesta a la demanda de pescados y mariscos que formulaban los veraneantes que crearon, en 1880, el exclusivo balneario.

Los primeros marineros no residían de modo permanente en Mar del Plata. Lo hacían solo durante el verano. Con el tiempo, se fueron asentando aunque las salidas al mar fueran estacionales. Vendían sus capturas en hoteles, restaurantes y casas de verano a las que acudían con canastas repletas de pescado. La mayoría eran italianos y españoles. Utilizaban como improvisados puertos las playas del centro y metían o sacaban del mar sus barcas, a remo o vela, mediante la tracción de caballos.

El más famoso cuarteador

En esa tarea se especializó Paleo. Sus percherones entraban en el agua, remolcaban las lanchas y tiraban de ellas hasta vararlas en la arena. Quienes ejercieron ese oficio se llamaban cuarteadores, y Paleo fue el más famoso de todos. Tenía varios potros y corceles que actuaban en la playa Bristol, en la del Náutico y en el puerto hasta que se construyó el muelle de descarga en 1954. Desempeñó ese quehacer durante 40 años. Con él trabajaron sus hijos y un cántabro llamado Antonio Giménez que murió a los 105 años. El cervense lo hizo el día 1 de marzo de 1968, con 76 años de edad.

En la actualidad, aquel mural que el ayuntamiento mandó dibujar en 1985 en la calle Bermejo ya no existe. Fue absorbido por collages y graffitis. También se esfumó el sobrehumano esfuerzo de hombres y bestias, sustituidos por guinches y grúas que elevan en el puerto embarcaciones a motor. Y la imagen de Paleo y sus caballos se va diluyendo en el recuerdo, en la lejanía, en el olvido. Tampoco él halló El Dorado en la Argentina...

El Tío Carajo, sus catorce hijos y otros Paleo en Argentina

Francisco Paleo llegó a la Argentina siguiendo la estela y el imán de familiares y vecinos de San Román de Vilaestrofe. Francisco Piñeiro en su libro O valor do noso señala que, entre 1850 y 1930, fueron cientos los habitantes de esa parroquia que emigraron al país austral. Entre ellos, varios Paleo: Carlos Paleo Estua, José Paleo Candia y Paulino y Ramón Fernández Paleo, entre otros.

Francisco llegó en 1909. Tras asentarse en Mar del Plata pronto se hizo popular. Como buen gallego, usaba el vocablo carallo -vulgarismo de pene- para todo: si estaba melancólico decía “¡ay que carallo!; si indignado “¡qué carallo!; y si contrariado “¡tócate o carallo!”… Así que su bautizo estaba cantado. Le llamaban El Tío Carajo.

Se hizo tan famoso que algunas de sus peripecias fueron recogidas por cronistas e historiadores locales como Natalio Ricardo Marengo en “Los caballos y el mar” de su libro Desde la buhardilla; Enrique Palacio; o José Alberto Lago en su Álbum de Familia del diario La Capital, propiedad del gallego Florencio Aldrey.

El emigrante de Vilaestrofe se casó con una argentina llamada Adela Farrell. Con ella vivió en el barrio que primero se denominó Cabo Corrientes y luego Pueblo Peralta Ramos, fundado en 1891 por el intendente del mismo nombre como ensanche de Mar del Plata. El matrimonio tuvo 14 hijos, alguno ?seis eran varones- trabajaron con su padre en el oficio de remolcar lanchas y otros se dedicaron a la pesca.

Francisco Paleo se nacionalizó argentino en 1948 y trabajó hasta el fin de sus días con sus caballos en el mar. Primero en las playas, cuando los veleros atracaban en ellas, y luego en el puerto, cuando se trasladaron a las primitivas instalaciones de la actual banquina de pescadores. Las lanchas ya no eran sacadas a tierra cada noche pero durante mucho tiempo no había grúas ni aparejos suficientes para retirarlas del agua cuando necesitaban reparación. Y en esos casos, ahí estaba Paleo con sus caballos…

Un área con emigrantes y apellidos de Burela, Cervo y Xove, y un centro gallego con 1.200 socios

Mar del Plata es hoy uno de los más importantes destinos turísticos de América. La ciudad, conocida popularmente como La Feliz, tiene 600.000 habitantes que, en temporada estival, aumentan un 200 %. Está situada en el sudeste de Buenos Aires en un área que conforman por la costa ciudades como Bahía Blanca, Tres Arroyos, Necochea, Mar del Plata y Pinamar y, por el interior, Coronel Suárez, Tandil o Maipú.

En toda esa zona tuvieron gran relevancia emigrantes de A Mariña desde mediados del siglo XIX. Manuel Candia, de San Román de Vilaestrofe (Cervo), fundador de Copetonas, en Tres Arroyos; Miguel Crego, fundador y directivo del Centro Gallego de Buenos Aires y emparentado con la poderosa familia Alducín, de Tandil; Francisco Baño, de Xove, uno de los creadores de Necochea; o los Vispo, de Burela, comerciantes en Mar del Plata, son algunos de ellos. En la región, son frecuentes apellidos oriundos de A Mariña. Destacan, entre otros, la exuberante actriz y vedette Ayelén Paleo, de gran actualidad en Argentina, o Daniel Vispo, presidente de Trenes Argentinos.

En Mar del Plata, la presencia de los gallegos fue tan relevante que en 1952 fundaron su propio Centro Gallego. Una entidad que hoy cuenta con 1.200 socios activos y tiene tres sedes muy dinámicas y funcionales: su centro social, un edificio de tres plantas con cerca de 2.500 metros cuadrados que alberga cafetería, salón de fiestas, gimnasio, biblioteca, clases de gaita, coro y cultura gallega, etcétera.; un centro de cía para personas mayores; y un espacio de ocio y deportes al aire libre que está situado en las afueras de la ciudad.

martinfvizoso@gmail.com

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