Cruz del Mar: de San Ciprián a su trágico final en aguas del Sáhara

El barco se estrenó en julio de 1963 para la campaña de bonito, único arte al que se dedicó junto al bocarte


cervo/la voz

José M. López González, en noviembre de 1978, en una entrevista al periodista Alonso Sánchez, reconocía que no era hombre de mar. Sin embargo, toda su vida fue armador. Es el caso de los industriales de posguerra que centran sus esfuerzos en crear puestos de trabajo mediante la inversión como accionistas en materias que no dominan desde el campo de actuación; como tal, llegó a ser Patrón Mayor de la Cofradía de San Ciprián y vocal del consejo provincial del ISM.

José M. López, Pepe do Lugar, adquirió para San Ciprián su primer barco, el vapor Alfa proveniente de la matrícula de Avilés (según el patrimonio oral no documentado, en sociedad con el patrón de Rueta -Cervo- Jesús Barja Insua, al que siempre le reconoció su buena labor en salir indemne de la galerna de 1961).

En 1962, encarga al recién inaugurado astillero Sarmiento Paleo, de los carpinteros de ribera Carlos Sarmiento y José Paleo, un pesquero tipo bonitero del Cantábrico, cuyo comienzo se data el 1 de diciembre y su remate el 27 de enero de 1963, botado bajo el madrinazgo de la esposa del armador María Jesús en la desembocadura del río Cobo como la primera unidad construida por este astillero. Es remolcado a Viveiro, donde será montado y equipado por los talleres de José Álvarez Fernández, sitos en La Misericordia.

El Cruz del Mar, de 19,20 metros de eslora y 5,40 de manga, desplaza 57,9 toneladas y es equipado con un motor de los talleres zumaitarras de Yeregui Hermanos, de 4 cilindros y 150 HP a 500 r.p.m. Su capacidad en tanques de gasoil, de ocho mil litros y su velocidad media de nueve nudos le conceden una autonomía de 2.244 millas. El barco se estrena un 5 de julio de 1963, foliado FE-2-2650, para la campaña de bonito a cacea hasta el 30 de septiembre, bajo el mando de Romualdo Sierra Fontán y José Pernas Costa, como motorista que lo será hasta su venta.

En 1964, cumple la programación de lo que será su trabajo en los años siguientes. El 22 de abril sale despachado para bocarte, hasta el 8 de junio que cambia para la modalidad de bonito, hasta el 20 de octubre, donde procede a su paro invernal, bien en su puerto de San Ciprián o en Burela, no sin antes pasar por el varadero del Vicedo o los talleres vivarienses de Álvarez para mantenimiento anual. Desde 1965 hasta 1972, el barco será mandado por Jesús Barja, patrón de confianza del armador.

El María Fernanda

El 7 de marzo de 1964 es botado en los astilleros Sarmiento Paleo el María Fernanda, donde José López arma en sociedad con el doctor Fernando Pardo Gómez un bonitero de dimensiones y potencia ligeramente superior al anterior.

Equipado con un Yeregui 200 HP y montado en Viveiro, será vendido en 1973 para Plácido Quelle y Jaime Fernández de Burela.

A partir de 1969, estableció base en Puerto de la Luz y con tripulación lanzaroteña

Desde 1969, el Cruz del Mar se dedica solamente a la campaña del bonito en el Cantábrico, desde mediados o finales de mayo hasta finales de octubre, por lo que estudia su venta o alquiler.

Al inicio de la campaña de 1977 y auspiciado por el Tratado de Marruecos, son muchos los armadores algecireños y canarios que buscan unidades en el norte. El palmero Manuel Velasco, que había perdido su barco Lobo Marino, embarrancado en el litoral del sur de Gran Canaria, compra a José López en documento particular no registrado el bonitero para ocupar su censo.

El Pena do Altar, de Foz

Este hecho hizo creer que el barco operaba en régimen de alquiler. José M. López adquiere, además para cubrir esta venta, el arrastrero de Foz Pena do Altar, que había sido construido como cooperativa. El Cruz del Mar establece entonces su base en el Puerto de La Luz, y con tripulación lanzaroteña se dedica a túnidos, cacea y en invierno a redes de deriva orientado a corvina y cazón para salado.

El 28 de noviembre de 1978, al norte del Cabo Bojador, el episodio que indignó al pueblo canario

El 28 de noviembre de 1978, al norte del Cabo Bojador en zona de nuestras recién perdidas aguas saharianas y al finalizar las tareas de pesca, fondean a dos millas y media del Cabo Cabiño. Son sorprendidos por una zódiac, con 20 hombres vestidos con traje de neopreno y armados con fusiles de asalto. La marinería, que lo considera un control de la Armada marroquí, se pone a su disposición, tras una hora de negociaciones, donde son esquilmados de sus pertenencias y de todo lo de valor del buque. Reunidos en cubierta, son aniquilados a tiros. Cinco saltan al agua. Solo tres no son alcanzados y, haciéndose los muertos en el agua hasta que se marchan los asaltantes, pudieron salvar sus vidas de lo que es calificado como «la masacre del silencio».

Los tres hombres suben al barco, encontrándose la sangrienta situación. Uno de ellos, Miguel Ángel Rodríguez García, el motorista, se percata de los cables que asoman de la máquina, abren una balsa y se separan del barco, que al cabo de un momento salta por los aires tras explosionar la bomba que habían dejado activada los asaltantes. El patrón era José Hernández Marrero, primer cadáver en ser recuperado, Amador y Agustín víctimas y Manuel, el único de los cuatro hermanos Marrero que se salvó. Rafael Salas Fernández, padre e hijo del mismo nombre, Alfredo Rodríguez Marrero, Sebastián Cañadas Garcia y Juan Suárez García son el resto de asesinados. Eusebio Rodríguez García, hermano del motorista, es el tercer superviviente. La balsa es recuperada por el pesquero Chico Grande y, tras la llamada de socorro, son recogidos y trasladados a las islas por el destructor Churruca.

La indignación entre el pueblo lanzaroteño, y canario en general, tuvo en los siguientes días consecuencias graves. Los 210 barcos de bajura del banco canario-sahariano volvieron a puerto ante la inseguridad de la zona; fueron, además, acompañados por los mas de 100 congeladores y toda la flota sardinera de Arrecife con la consiguiente pérdida de la industria conservera (dos meses permanecerían amarrados).

El Frente Polisario y el Estado marroquí se acusaron mutuamente de un brutal atentado que ya venía precedido de detenciones y asaltos a pesqueros españoles. El Frente Polisario que reclamaba aquellas aguas y su acercamiento al gobierno de Adolfo Suárez para buscar una salida, fue dinamitada por el gobierno marroquí, que veía una pérdida de soberanía sobre tan rico caladero.

Hoy en día, la Asociación Cultural Cruz del Mar mantiene vivo el recuerdo de tan nefasta tragedia con actuaciones en el Faro de Puerto Naos, cada 28 de noviembre.

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