Cada quien es cada cual. Consecuencia de un entorno histórico. Mi generación tiene mucho que agradecer a las mujeres. Mi profesión siempre estuvo absolutamente feminizada. Pero ello no me impide celebrar como la sociedad dedica una fecha a la mitad del género humano. Y siempre, recuerde y refuerce aquellos postulados de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Los tres pilares del nuevo mundo, se conquistan luchando todos los días, desde la iniciativa personal que trasciende desde el particular entorno para cada uno.  

Ramón de Amelia. Pepe de Rita. Toñito de Etelvina. Moncho de Elvira. Ramón de Sara. Manolo de Cristina. Tito de Erundina. Manolo de Remigia. Toñita de Calela. Carmiña de Filomena. Pepe de Visita. Manolo de Esperanza. Algunos ejemplos de cómo en mi parroquia se identificaba a los más jóvenes. Más significativo que el apellido era la procedencia femenina del sujeto. 

Todo empezaba con la asunción del papel eterno para las madrinas. Al regresar de la mar, eran las primeras en recibir al joven marinero. Complementaban en el hogar la educación cristiana y de la escuela. Señalaban las tareas para la prole, para tiempos duros en los que cada mano resultaba imprescindible en aquella economía "autogestionaria". El hombre pescaba. La mujer vendía. La muchachada remendaban los aparejos. No había lugar ni tiempo para quejarse. Todo se aprovechaba. Las noches servían para coser, bordar y platicar. 

Basta con repasar las matrículas de actividades en los archivos de mi Concello. En 1940 había 4.844 habitantes en el Concello de Cervo, con 77 actividades dadas de alta. En 1950, 4.850 habitantes y 133 actividades. En 1960, 5.260 habitantes y 187 actividades. Cualquier parecido con la actualidad, mera coincidencia, salvo el crecimiento del actual Concello de Burela, antes parroquia de Cervo. 

Los apellidos de aquellas mujeres forman parte de estirpes inolvidables. A la cabeza dos. La Comadrona Amparo Rey López, que atendía los partos a domicilio, desde Viveiro hasta Cervo. La primera Concejal en Cervo de 1936, aquella brava María de Miranda. 

La maestra Sagrario Martínez. Las "industriales", Dolores Camba; Esperanza Rey; Carmina Fernández; Cándida Fra; en establecimientos de hostelería. Laura Pillado, Carmen Sánchez; Dolores Díaz; Remedios Diéguez; Dorita Mosquera; Elvira Díaz Ponte; Carmen Mosquera; Adelina Gómez; María Fra Cortiñas; en comercios de diferentes artículos. La boticaria, Mº Dolores Freire Maseda. 

Me detengo en algunas que mi generación no podrá olvidar. Aquella extraordinaria modista, que no sólo diseñaba prendas hermosas, además enseñaba a un buen número de alumnas. Oliva Vázquez. Las hermanas Correa y su pequeña fábrica de punto; La excelente cocinera Dolores Camba, que enseñó a su hija Esperanza, y que hizo famoso el establecimiento de Marcelino Díaz. Las hermanas Coldeira, que pusieron en marcha la telefonía de San Ciprián. Margarita Fra, que junto a su marido, hacían del horno sito en El Lugar, panadería y asados. Y en general, todas aquellas mujeres del Puerto de Arriba -Atalaya- multiplicadas para ser rederas, peixeiras, taberneras...cuidadoras de la prole. No puedo olvidarme de Balbina da Rigueira, mujer de eterno luto, temerosa de Dios, y de la máxima confianza de mi casa. Con tiempo para trabajar la tierra en la que las mejores patatas se cultivaban con el abono de las algas. 

De todo esto, y a modo de homenaje, hablaremos en el Museo Provincial del Mar, este sábado 7 marzo a las 18.30 horas. ¡Se lo debemos!.  

Este sábado 7 en San Cibrao (18.30, Museo do Mar) intervendrán Pablo Mosquera, el escritor Roberto Fra y la directora del Centro Fundación San Rosendo de Xove Ana Fernández Noriega

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