Fernando Pérez Barreiro, de Cervo a la vida artística y política de Viveiro

Su familia procedía de Trasbar y el padre marchó a la ciudad del Landro y fue procurador


Napoleón decía que cada uno de sus soldados llevaba un bastón de mariscal en su morral. Y cada viveirense lleva entre pecho y espalda a un gran artista porque Viveiro es un pueblo de artistas por tradición. Así, al menos, lo escribía Segismundo -seudónimo de algún intelectual local- en el artículo De la vida artística de Vivero que se publicó en la revista Tierra Gallega, de Montevideo (Uruguay), el 29 de julio de 1917.

El trabajo destaca la figura de Fernando Pérez Barreiro y la de los dos cuadros de declamación que tenía una ciudad en la que el industrial Nemesio Barreiro Casal recibía del arquitecto de la Diputación, Mario Pérez, los planos del nuevo teatro-cine que pensaba edificar en un solar de la calle Cayuela y Luis Trelles, antes Riego.

Según Segismundo, Pérez Barreiro era hombre «competentísimo, altruista e inteligente literato» que tenía a su cargo el grupo La Juventud Católica. El otro grupo, que se llamaba La Piña, lo dirigía el «simpatiquísimo y popularísimo» Juan José Vilar Sisto y

representara ese año, con gran éxito, cuatro obras: La sangre azul, de Pedro del Castillo; Las Codornices y El autor de un crimen, de Vital Aza; y Mañana de Sol de los hermanos Quintero, ésta a beneficio de los Exploradores de Viveiro cuya banda, dirigida por Juan Latorre, ejecutó en los entreactos diversas piezas.

El cronista distinguía tambien a relevantes actores como Joaquín Avila Acevedo y el propio Vilar Sisto; tres señoritas, llamadas las tres gracias por su belleza y arte: Pepita Sampedro, Carmiña Leal Almoina y Rosita Latorre; y los jóvenes Alfonso Quintana, Jesús Fernández (Veiga), José Sierra, Luis Amat y Ramón Canosa.

La familia de Fernando Pérez Barreiro (Viveiro, 1896-Ferrol, 1968) procedía de Trasbar (Cervo). El padre marchó a Viveiro, se hizo procurador y cacique conservador y se casó con una mujer de una familia de comerciantes que dirigía la matriarca María Barreiro. Tuvo dos hijos abogados, periodistas y políticos. Uno, Pedro, dirigió La Voz de Vivero y

El Heraldo de Vivero y era alcalde cuando murió en 1912 (30 años).

El otro, Fernando, ejerció la abogacía y la docencia y escribió, antes de la guerra, obras literarias como Pavesas en la hoguera, Andrómedas y Virgen y Mártir, novela por entregas aparecida en El Heraldo. Tras la contienda, firmó El Digesto no indigesto

-humor en castellano con tipos populares que usan el gallego- y Ducia e pico de fábulas. En 1926 marchó a Ferrol donde presidió la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) y Acción Popular, impulsó el Sindicato Católico Agrario y dirigió El Correo Gallego y otros medios. De su matrimonio con Matilde Nolla López tuvo un hijo, escritor, traductor y eximio gallego, Fernando Pérez-Barreiro Nolla.

martinfvizoso@gmail.com

Su hijo recibió la Medalla Castelao

Fernando Pérez-Barreiro Nolla fue un escritor y traductor muy reconocido en la Galicia de posguerra. Nació en Ferrol en 1931, se licenció en Derecho en la Universidad de Santiago y en 1963 entró a trabajar, bajo el seudónimo de Fernando Nolla, en los

servicios exteriores de la BBC de Londres. Allí compartió, durante cinco años, hasta 1969, las emisiones en gallego con Plácido Castro. De ahí pasó a ocuparse en la Organización Internacional del Café como jefe de los servicios de traducción. Dominaba una docena de idiomas y en 1983 era el único español licenciado en lengua china. Le sirvió para llevar a cabo una intensa labor de traducción al gallego de obras de Shakespeare, Carroll, etc.

Fue una persona muy comprometida con Galicia y, en colaboración con su mujer, Teresa Barro, organizó en Londres en los años 50 el Grupo de Traballo Galego, un colectivo de intelectuales que, entre otras cosas, en 1974 elaboró un Plan Pedagóxico que sirvió de base para los primeros pasos de la normalización lingüística del gallego y que reivindicaba, al tiempo, una escuela en esta lengua. Además de la traducción, su actividad incluyó la docencia ?fue profesor universitario- y la escritura en la que publicó en 2013 Amada liberdade. Entre los galardones que recibió, figuran el Premio Nacional de Traducción, el Pedrón de Honra y, en 2009, la Medalla Castelao de la Xunta de Galicia. Hoy, su figura es paradigma del nacionalismo internacionalista, en línea de personalidades como el

Conde de Gondomar, Risco, Otero Pedraio o el mismo Plácido Castro, y así asesoró y elaboró trabajos para el IGADI y otros medios gallegos.

Su familia regía la capilla cervense de Santa Eufemia de Trasbar

La familia de los Pérez Barreiro regía en Trasbar (Cervo) la ermita de Santa Eufemia, una capilla del siglo XII que tiene oficio religioso el 16 de septiembre. El santuario es muy popular y concurrido en A Mariña por las propiedades curativas para las enfermedades de la piel que se le atribuyen a la fuente próxima y por ser la Virgen abogada de las gentes del mar que llenaban el templo de barcos de cera y otros

exvotos para pedirle protección.

La ermita pasó a propiedad de la familia cuando compró un modesto pazo a unos residentes en Madrid de los que eran arrendatarios de tierras. En ese tiempo falleció en Trasbar un hijo de soltera que el cura de entonces no quiso enterrar en sagrado y

un hermano del padre de los Pérez Barreiro llamado Marcelino -que vivía con sus hermanas- lo sepultó por su cuenta en la capilla. Ese hecho supuso una irregularidad que las autoridades eclesiásticas castigaron retirando la autorización para celebrar misa allí.

Pero Marcelino no se arredró y siguió recogiendo ofrendas de trigo y maíz. La fiesta era en la parroquia pero el párroco no recibía limosnas. En su porfía, Marcelino llegó a colocar gente amiga en los cruces de caminos para informar y orientar a los romeros

de que «a Santa Ufemia verdadeira é por aquí». Y él mismo era quien «puña a santa», una imagen portátil con manilla con la que iba dando pequeños golpes en las cabezas de los fieles mientras recitaba el enigmático ritual a los enfermos: «Xuntas conxuntas poñédevos no voso lugar…».

Tal vez por esa inclinación familiar, Fernando Pérez Barreiro estudió en el Seminario de Mondoñedo en régimen de «externo». Por esa circunstancia -y también por sus vínculos con Cervo- hizo amistad con Lence-Santar. Una relación que mantuvieron toda la vida hasta tal punto que el cronista oficial de Mondoñedo le enviaba por correo una especie de periódico que él confeccionaba y en el que recogía sus investigaciones de historia local y los árboles genealógicos que iba confeccionando.

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