Sobre el topónimo San Ciprián-San Cibrao


e declaro ferviente defensor de la tradición. Me declaro ferviente seguidor de las costumbres que se incorporan desde el acerbo popular. A un pueblo se le debe respeto. De tal suerte que tanto los inscritos, nacidos o procedentes, en padrón, como los que emiten las normas para convivir, deben ser muy cuidadosos ante la sensibilidad popular. Todo lo expresado es compatible con la Ilustración y enemigo de la reacción.

Tengo muy reciente la publicación de mi último libro: Islas San Cyprianus: Orgullo y Patrimonio», patrocinado por el Concello de Cervo-Sargadelos. En todo momento evité sumarme al contencioso popular sobre el topónimo San Ciprián-San Cibrao. Me parecía mucho más importante dedicarme a otras cuestiones y memorias patrimoniales que nos identifican -orgullosamente- como comunidad con identidad histórica.

Si el organismo encargado de la toponimia dentro de la política para la recuperación de nuestro idioma en todos sus usos y costumbres, se hubiera ocupado más y mejor de analizar los antecedentes sobre el Puerto de las Reales Fábricas de Sargadelos, el surgidero de ballenas más antiguo de Galicia, las referencias cartográficas, islarios o isolarios, o portulanos, podría haberse dotado de material objetivo suficiente para saber que nuestro rincón al norte del norte debía seguir llamándose San Ciprián.

Lo dice alguien que por haber vivido en Cataluña, Euskadi y Madrid, nunca renunció a ser hijo de Galicia. Por eso, al echar en falta la tierra de mis ancestros, de mi infancia, de mis mejores recuerdos, hoy y por elección libre, me gusta vivir en gallego y como gallego. Nunca tuve dudas: Viveiro, Celeiro, Valadouro, Ría de Ribadeo, Xove, Auguas Santas, Area Grande, O Vicedo, O Barqueiro...y desde luego San Ciprián.

Desde la vertiente historicista, siempre me he sentido Mindoniense. Ahora, cuanto más se y puedo comparar, más lamento haber perdido tal provincia. Pero volviendo a la cuestión del topónimo, cualquiera que repase mi libro, como quien no quiere la cosa, casi sin hacer ruido, hay diez capítulos que señalan el uso popular y en derecho positivo -derecho escrito en documentos de calado jurídico- que nada tiene que ver con la imposición de Cibrao. Tampoco se puede desviar la atención sobre a longa noite de pedra, dónde se ultrajaba al gallego. Al lado de Lugo, casi a la vista de las murallas, había un lugar de titularidad militar, dónde hoy asienta el HULA, que se denominaba San Cibrao.

Lo que no haré nunca es cambiar la escala de mis valores. Enredarme en discusiones «bizantinas» evitando la defensa para los derechos fundamentales y sociales. Se quien es mi padre, mi madre, mis antepasados -judíos ourensanos- mis raíces y mis convicciones. Desde tal identidad a la que nunca renuncié, este pueblo miraba a la mar, recibía desde antiguo las referencias de otros pueblos y civilizaciones, por mar, viajó y superó las miserias propias de cada época. Pero nuestros patrones, marineros, pescadores, emigrantes, estudiosos de toda índole, viajeros, artesanos y clérigos; todos manejaron siempre el origen del que procedían. San Ciprián.

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