Félix Gallego, un paisano


Podría intentarlo. Superponer la vida de aquel dirigente comunista nacido en Llanes, Horacio Fernández Inguanzo, con la de nuestro amigo, vecino y Aventado, también Astur, también progresista, también libertario.

Félix peleó duro por su dignidad. Félix siempre fue un verso libre. Félix gustaba de vivir a su manera. Félix era feliz en nuestras cantinas. Félix, era asturiano pero pescaba como un Mariñano de los de antes. Hasta que pudo más el tabaco que su fortaleza, disfrutaba capturando con sus manos «piñas» de centollos, buceando.

Mientras la costa mindoniense se vestía de renacimiento, indianos o castrexos, el daba su última batalla en el Hospital. Me recordaba la novela de mi amiga Espido Freire «La última batalla de Vincavec el Bandido». Se trataba de hacer justicia social repartiendo lo que sobra al rico entre las clases populares que viven al día.

Félix era un artista del relato. Lo acompañaba con aquella sonrisa socarrona, propia de la buena gente, típica de quien está de vuelta, arma infernal contra quienes padecen esa desgracia humana que se conoce como ausencia del sentido del humor.

Félix vino tras la bauxita que se transforma en aluminio. Pero se quedó enguerellado por el salitre, el olor de las algas, la sinfonía de los temporales o la vista incomparable de Los Farillóns desde La Atalaya.

Y es que a esta estirpe de paisano le pasa como al junco. Se dobla pero nunca se parte. Además, le brillaban los ojos con los éxitos de su Real Madrid.

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