Honramos a nuestra Virgen del Carmen

BASILIO OTERO MARINERO Y PATRÓN MAYOR DE BURELA

BURELA

Procesión marítima de Burela de 2025 con la imagen de la Virgen del Carmen
Procesión marítima de Burela de 2025 con la imagen de la Virgen del Carmen Pepa Losada

Para los que nacimos con el salitre metido en las venas, el tiempo no se mide en meses ni en semanas; se mide en mareas, en temporales y en la costera del bonito. En Burela, la mar lo es todo. Es nuestra oficina, nuestro sustento; a veces con nuestras alegrías y nuestras tristezas. Pero el primer domingo de junio de cada año los motores se apagan, las redes descansan en los muelles y el azul del Cantábrico se engalana: han llegado las Fiestas.

Desde la cubierta de los barcos, el puerto se ve distinto esos días de junio. Ya no hay prisas por descargar el pescado ni caras largas de madrugada. Todo huele a pólvora, a empanada, a vermú y a la flor de las alfombras que las manos de nuestras mujeres, madres y vecinos llevan días preparando.

Para el que vive en tierra firme, la procesión de la Virgen del Carmen puede ser una tradición bonita. Para nosotros, los marineros, es otra cosa. Cuando ves bajar a la Patrona por las calles de Burela pisando ese manto de flores hasta llegar al puerto, se te hace un nudo en la garganta que no hay ola que lo deshaga.

Nosotros le rezamos cuando la noche es negra como el carbón y el viento del nordeste amenaza con tragarnos, le rezamos para tener una buena marea, para tener una buena venta, para que nuestra familia esté bien; es nuestra Madre. Por eso, arranchar nuestros barcos para llevarla a pasear hasta la piedra de Burela, o más allá, no es una simple procesión; es nuestro humilde "gracias" por habernos traído a casa cada marea.

Aunque las fiestas empiezan mucho antes, el primer momento sobrecogedor es cuando el sábado bajamos a la Virgen al puerto, sin olvidarnos del traslado el viernes anterior desde la Vila do Medio a la iglesia principal, ver la alfombras que tantas mujeres y hombres llevan preparando, dar la curva de la Marosa para mostrar el muelle y, sobre todo, empezar a pasar por las embarcaciones mientras hacen sonar las sirenas con alegría de ver otro año más a nuestra Virgen del Carmen, luego alzamiento al barco que al día siguiente la portará como diciéndole “que se prepare, llega el gran día”. Seguidamente, llega el paso por delante de la Cofradía y la sirena se deshace en vueltas dando sonido a la alegría de recibir a nuestra Señora, continuando implacable la procesión hasta llegar a la vieja lonja de pincho en donde descansará hasta la celebración de la misa del domingo.

Uno de los momentos más sobrecogedores de las fiestas es cuando salimos en la procesión marítima. Todos los barcos, desde los más grandes hasta los más pequeños, escoltamos a la Virgen, haciendo sonar las sirenas de las embarcaciones todas a la vez. Es un sonido ensordecedor que pone los pelos de punta, un rugido de hierro y mar que le dice al mundo: "Aquí estamos, honramos a nuestra Virgen del Carmen".

Pero también es el momento del silencio. Cuando llegamos mar adentro y lanzamos la corona de flores al agua, todos miramos hacia abajo. Cada pétalo que flota en la superficie lleva el nombre de un compañero, de un padre o de un amigo que se quedó para siempre en las profundidades. Lloramos por dentro, como lloran los hombres de mar, dejando que el Cantábrico se trague nuestras lágrimas.

Y luego, la fiesta. Volver al puerto, amarrar y saber que no tienes que zarpar al día siguiente es un lujo que saboreamos lentamente. Las calles de Burela se llenan de música, de puestos y del inconfundible olor a fiesta.

Compartir un trozo de empanada y un vermú con la cuadrilla, ver a tus hijos correr por la plaza sin el miedo a que te despidan en el muelle, bailar con tu mujer bajo las luces de la verbena... Eso es lo que nos recarga las pilas.

Llega el lunes y las fiestas emprenden su recta final. La procesión sale de la lonja y la sirena de la Cofradía llora la despedida hasta el año que viene; es el día del pueblo, en Burela es festivo y la gente goza cada minuto sin querer que la fiesta se acabe.

Las Fiestas de Burela terminan, la Virgen vuelve a su iglesia y las alfombras de flores desaparecen bajo nuestros pasos. El despertador volverá a sonar de madrugada y el mar nos estará esperando, indomable como siempre. Pero al soltar amarras, miraremos de reojo hacia el pueblo, con el alma llena y la certeza de que, pase lo que pase, nuestra Patrona y nuestra gente siempre nos esperan de vuelta.

El año que viene volveremos a celebrar la fiesta de los marineros, la Fiesta de la Virgen del Carmen.