La primera gran empresa de Burela

Un mirada al pasado para redescubrir la antigua fábrica de gres

Vista antigua de parte de la fábrica y la chimenea de 37 metros de altura
Vista antigua de parte de la fábrica y la chimenea de 37 metros de altura

Escritor

Acceder a la antigua fábrica de Gres de Burela es hacer un viaje al pasado, a hace más de un siglo, cuando se empezó a construir en ese espacio privilegiado todo lo necesario para tratar de reflotar

Sargadelos... O al menos para intentarlo. Nada menos que 8.003 metros cuadrados a pie de costa, a poco más de cien metros del mar. Todo un tesoro donde podrían hacerse mil cosas. Tras el plan urbanístico de 2014 está calificado como terreno particular con afectación patrimonial y uso mixto. Imaginaros, tendrían cabida allí desde un pabellón municipal hasta un parque gigantesco con zonas infantiles, deportivas, culturales o de ocio, todo aderezado con una serie de locales comerciales alineados, con su terracita frente al Cantábrico, las playas urbanas y el muelle.

«Ventana al mar de Burela», podría llamarse, ¿por qué, no? Soñar es gratis y con este decorado, resulta además, sencillo. Tampoco sería mal lugar para el mercado de los viernes. Es un espacio poco conocido por muchos bureleses, igual que lo era para mí. Es como si todo ese terreno, a considerar por un concello que no llega a 8 kilómetros cuadrados, no existiese. No contamos con él, pasamos al lado camino del puerto o de las playas pero no somos conscientes de que está ahí, por más que haya mucha historia tras los altos muros que lo circundan, descuidados y, por qué no decirlo, inquietantes, con alambradas en ciertas zonas, que bien pudieran parecer las de una especie de campo de concentración. Esa historia tiene además mucho que ver con que Burela creciera desbocadamente durante la primera mitad del siglo pasado.

Los orígenes

Corría 1902. La recién creada sociedad anónima Cerámica de Sargadelos compuesta por varios empresarios asturianos bajo la dirección de Ciriaco Guisasola trata, según palabras de este, de renovar los prósperos días de Sargadelos, en una nueva ubicación: Burela, una pequeña aldea marinera que por aquel entonces no tenía más que un puñado de casas. Construyen la infraestructura necesaria, incluida una chimenea de 37 metros de altura. A modo de curiosidad, ante la ausencia de un faro en el pueblo (que no se construiría hasta 1959) esa chimenea iba a servir de orientación para la flota pesquera de bajura. Pero, ¿por qué Guisasola apuesta por Burela? Pues sobre todo por la cercanía del mar, que garantizaría transportes más baratos tanto para el carbón como para la materia prima, como para la posterior exportación del material producido vía marítima.

Otra motivación, la cercanía con Sargadelos; hubo que colocar 115 postes de madera para traer la electricidad desde allí, en concreto desde la cascada de agua de 11 metros de la Alameda. Y además de estas cosas, se eliminarían los costes de mantenimiento de un almacén en la zona portuaria. El cambio estaba muy justificado. Además, las minas de las que salían el caolín, la arcilla refractaria o el feldespato también estarían más cerca (se encontraban en el Monte Castelo, Nois y Fazouro). Pero Sargadelos se había ido a la quiebra en 1875, demasiado tiempo y otros errores de gestión se sumaron para que todo se fuera al traste de nuevo en 1907. Y lo cierto es que empezaron bien, con buen volumen de trabajo y de ventas, pero en 1905, para su continuidad al frente de la fábrica, entre otras demandas, Guisasola pide más salario. No se lo dan y decide irse. Después vino el embargo y la adjudicación judicial de todos los bienes a Francisco Argüelles en 1908 (secretario de la fábrica y uno de los mayores accionistas de la sociedad anónima a la que me refería al principio). El sueño había durado poco aunque afortunadamente a día de hoy Sargadelos vuelve a estar muy vivo.

 

Foto de familia. De izquierda a derecha: Leandro, Luis, María Rosa, Marius padre, Montserrat, María, Montserrat madre y Pau
Foto de familia. De izquierda a derecha: Leandro, Luis, María Rosa, Marius padre, Montserrat, María, Montserrat madre y Pau

La hora de los Cucurny, una familia de empresarios de la cerámica

Los Cucurny eran una exitosa familia de empresarios de la cerámica y los materiales de construcción asentados primero en Barcelona, más tarde en Hospitalet y ya a partir de 1917 en Montmeló (en una superficie de nada menos que 25.000 metros cuadrados). De origen franco-catalán, fueron los primeros en fabricar ladrillo refractario en España, con importantes y numerosos clientes en toda Europa.

El imperio lo había iniciado Pau

Cucurny Delahalle en 1840, el patrón, el pionero (falleció en 1893). Le sucedió su hijo Marius y a este dos de sus hijos: Leandro y Luis. Casi no tenían competencia, ganaban premios en ferias internacionales y sus clientes aumentaban año tras año. Se crea en 1908 una nueva sociedad, Leandro Cucurny y Compañía, con los bienes que le habían sido adjudicados a Argüelles y el capital y las ideas de los Cucurny.

Empiezan a funcionar a partir de ese año fabricando en un principio solo material refractario. Es más que probable que Argüelles les conociese y les propusiera el negocio y ellos, acertadamente, vieran rentabilidad. Buena ubicación y más que suficiente materia prima. A partir de 1917 la empresa queda ya solo en manos de los Cucurny. Hasta 1936 fue Leandro quien llevó Burela, mientras Luis estaba al frente de Montmeló. Leandro vendrá a Burela con frecuencia, una vez al mes al menos. A veces acompañado de su hermano o de su esposa. «Cuando llegaban se vestían con la funda como uno más y se ponían a trabajar. No venían de paseo», cuenta Gloria de Corneta, que hoy tiene 92 años y que empezó a trabajar en la fábrica con solo 13: «Trabajábamos en turnos de mañana o de tarde. Los domingos a quienes querían ir les daban el doble. Pagaban bien».

Salario mensual

Era otra época, no cabe duda. Para que os hagáis una idea, el salario mensual de una trabajadora de las oficinas de la fábrica era de 800 pesetas. De quienes me han podido hablar de ambos hermanos, deduzco que eran considerados humildes, altruistas, cercanos y cultos. Empiezan a trabajar en Burela unas 35 personas, un alto porcentaje mujeres, debido en gran medida a que la mayoría de los hombres de la zona se dedicaban a trabajos vinculados al mar. En 1937, a poco de empezar la Guerra Civil eran 47 los trabajadores pero, solo 16 años después, en 1953, el número creció hasta la cifra más alta que tuvo la fábrica en su historia: 260, a tener en cuenta que el censo total de Burela en ese año era de 1.100 habitantes....

De esto se deduce fácilmente que fue una gran empresa para la época que supuso la antesala de una Burela llamada a seguir creciendo. «Durante la guerra trabajaron más todavía, tenían aún más pedidos» me relatan varios hijos de trabajadores. Parece que no les afectó demasiado la contienda, aunque Leandro Cucurny, en 1936, poco antes del estallido de la guerra decide desvincularse de la fábrica de Burela y asentarse en la sucursal que tenían en Sevilla (Burela y Montmeló eran las fábricas centrales y aparte tenían sucursales en Zaragoza, Madrid, Málaga, Sevilla y Cartagena). Quedaría al mando un nuevo Marius, hijo de su hermano Luis (Leandro tuvo 3 hijas). Un hecho curioso es que 19 años después de dejar Burela, un 12 de abril de 1955, las campanas de Montmeló y las de Burela tocaban a la misma hora: 8 de la tarde. Leandro Cucurny había fallecido. Este hecho da idea de que algo bueno habría hecho aquel hombre para ganarse semejante homenaje.

Gres Cucurny. Año 1945
Gres Cucurny. Año 1945
Horno Picallo, de 1960
Horno Picallo, de 1960

De hecho, y como sabrán los bureleses, la calle que pasa frente a las ruinas de la fábrica lleva su nombre.

Foto de la plantilla. Sexto por la izquierda, en la primera fila de pie, Ramón Farré
Foto de la plantilla. Sexto por la izquierda, en la primera fila de pie, Ramón Farré

Los encargados de la fábrica: ¿Quiénes eran Ramón Alsina, Ramón Farré y Domingo Picallo?

Por una cuestión de espacio haré referencia a tres de los encargados que tuvo la fábrica:

Ramón Alsina (desde 1908 a 1918). Traído por Leandro de Barcelona. Quizás también merecería una calle... «De grato recuerdo en el pueblo, a sus desvelos y gestiones se debe en gran parte la construcción de la primera Escuela Pública en Burela» (14 de abril de 1918), relata Ricardo Pena en su (y nuestro) pequeño tesoro: Burela. Apuntes históricos y crónica del siglo XX (publicado en 2004 y reeditado en 2016). Parece ser que Alsina veía a los niños de Burela jugueteando a cualquier hora por los alrededores de la fábrica, preguntó si no iban a la escuela y ante la respuesta de que allí no había de eso, se movió hasta conseguir que hubiera (desde luego muchos más bureleses ayudaron también), con el beneplácito de Leandro Cucurny y la ayuda del cuñado de este, Felipe Rodés, por aquel entonces ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes.

Ramón Farré (de 1919 a 1938). Apodado Ramonet. Da nombre a otra calle de Burela sita en el Campón. Llegó también de la mano de los Cucurny avalado por una excelente y galardonada preparación teórico-técnica. Tras su llegada empieza a comercializarse también mosaico de gres (baldosín porcelánico de extraordinaria calidad), en cuya fabricación se emplea el caolín local para los colores blanco y azul, y los caolines de Nois y Fazouro para los otros colores (verdes, marrones....). La calidad de estos materiales era suprema ya que se cocía a alta temperatura (1260 grados) y no se esmaltaban las piezas sino que los tintes los llevaba la mezcla previa cocción; otro gran e innovador avance. Se implicó en el pueblo ayudando a promover todo aquello que consideraba que podría mejorarlo. Pidió que al morir (1974) sus restos descansasen, como así lo hacen, en el cementerio parroquial de Burela, «al lado de quienes conmigo trabajaron durante años».

Gloria de Corneta, a la izquierda
Gloria de Corneta, a la izquierda
Procesión en Burela, con la chimenea de la fábrica al fondo
Procesión en Burela, con la chimenea de la fábrica al fondo

Domingo Picallo (de 1939 a 1970). Originario de Ferrol, de madre tarraconense. Nada menos que 30 años al frente de la producción. En 1960 se construye un horno-túnel en la fábrica que llevará su nombre en honor a los años dedicado a ella. Todas mis fuentes coinciden en que era una persona muy activa, querida y siempre dispuesta a ayudar a quienes podía. Contrató a muchos bureleses en una época de hambre y necesidad como fue la posguerra. Tenía muy buena relación además con los Cucurny y viajaba con frecuencia a Montmeló. Picallo fallecería 30 años después de su jubilación, en el año 2000. No quiso coronas en su sepelio: «Quien vaya a despedirme y quiera llevar una rosa consigo... eso sí estaría bien». Decenas de vecinos y amigos cumplieron esa última voluntad. Tampoco suena mal su nombre para otra calle.

Enigmas y anécdotas

En toda gran historia ha de haber un episodio misterioso y esta no lo es menos. Leandro y Luis tenían 4 hermanos más, 3 mujeres y otro varón, de nombre Pau (como el patriarca). Este, el primogénito, por lo que he podido indagar a través de sus propios descendientes y otras fuentes, era el díscolo de la familia, el bohemio, el pintor aficionado, que prefirió frecuentar los círculos culturales del centro de una Barcelona donde empezaba a salir del cascarón el modernismo con todo lo que ello implicaría para el desarrollo de la ciudad.

Existía por aquel entonces un local insigne que representaba toda esa nueva expresión cultural heredada del París de fines del XIX, Els Quatre Gats (abierto de 1897 a 1903) y el caso es que el bueno de Pau no salía del garito en cuestión. En él se hizo íntimo de correrías del maestro Picasso, por entonces y como él mismo, un prometedor mozuelo de 20 años, que hasta le pintó en un retrato: Pau Cucurny con un perro (realizado en 1902 y comprado por el Museo de Liverpool, donde hoy en día se expone). La cosa es que Pau dejó sus estudios de ingeniería industrial en 1900 y murió a los 21 años, en 1902. Poco o nada más se sabe de él, no hay información de cómo falleció, casualidad o no, justo un año antes del cierre de Els Quatre Gats y de la marcha definitiva de Picasso a París (jamás volvería a Barcelona).

Sea como fuere, habría aquí material para otra buena historia... Ya sé que esto poco tiene que ver con la fábrica de Burela, pero tenía que relatarlo porque lo cierto es que querer saber de Pau fue el detonante para empezar esta investigación. Si alguien lee esto y tiene información, por favor que nos ilustre, porque ni sus descendientes tienen idea de que pasó con él. En 1951, los obreros de Burela y de Montmeló ponen dinero para que se le fabrique una placa en homenaje y agradecimiento a Luis Cucurny. Este responde uno a uno a los cientos de obreros de sus fábricas hermanas con una foto de la placa. Por detrás escribe un escueto pero sentido: Agradecido, Luis Cucurny. Febrero de 1951.

También he oído varias versiones sobre la historia de un “malvado” secretario que se dio a la fuga con el sueldo de tres meses de todos los obreros de la fábrica de Burela. En ese momento parece ser que todos se volcaron con los jefes y les apoyaron fielmente mostrándose dispuestos a no cobrar un tiempo si era necesario.... pero no puedo asegurar la certeza de la anécdota. Quede pues, a modo de leyenda.

La que no es leyenda es el viaje de Fidel Garcia Lavandal a Barcelona en 1917, un industrial (entre otras ocupaciones) de Cervo especializado en comprar parcelas para explotaciones mineras, que plasmó en la prensa de la época: «Me permito mostrar la gratitud que el opulento Sr. Leandro Cucurny me dispensó, lo mismo que su digno hermano Don Luis y el culto personal a sus órdenes cuyo centro industrial más bien parece un hogar familiar de los verdaderamente felices (...) poseen los señores Cucurny para bien de Galicia, la Cerámica de Burela, que puede ser preludio del próximo desarrollo industrial del que depende la felicidad de nuestra región».

La enorme chimenea símbolo de Burela durante casi sesenta años fue derribada en 1960 por el deterioro de su estado y los altos costes y poca funcionalidad que tendría su reparación (justo al año de terminarse al fin el faro). Estaba por entonces al frente de la empresa el viveirense Ramón Canosa.

La empresa, por diversos motivos, se acabará alquilando en 1943 a Materiales Cerámicos, quien la comprará definitivamente en 1945. A partir de ahí queda mucha historia, cambios de nombre, de dueños, de formas de trabajar, de encargados... pero eso será en otra ocasión.

Estado actual de las instalaciones de la factoría burelense
Estado actual de las instalaciones de la factoría burelense

¿Y el futuro?

«El caolín que se encuentra en A Mariña es el más maravilloso del mundo para porcelanas. Galicia es puntera en muchas cosas pero parece que nadie se entera». Esto declaraba Manuel Regueiro y González- Barros, presidente del Ilustre Colegio de Geólogos, en una entrevista de 2019, y con esto nos vamos a quedar. Con esto y con uno de los preceptos del Marqués de Sargadelos: «Debemos valorar, procesar y dar forma artística a nuestros recursos para que no vengan otros de fuera a explotarlos». Podría haber futuro (se están tratando de poner en marcha de nuevo las minas de caolín de Burela), al igual que hubo un extraordinario pasado, como espero podáis haber deducido tras leer estas líneas. Somos lo que somos y tenemos lo que tenemos. Usémoslo para crecer.

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