El bonito de Burela nos cambió la vida antes que Alúmina


Los vascos siempre nos han llevado la delantera. Sardinas de Santurce, Merluza la de Bermeo. Hasta en el Parlamento Vasco durante cinco legislaturas, tuve que recordar desde su tribuna, que cuando los vascos llegan a nuestras costas en el siglo XIV, tras las ballenas, los gallegos del Cantábrico ya las cazaban desde el siglo XII. Pero supieron presumir, hasta del Chacolí, que no dejaba de ser heredero de las uvas que se llevaron a la vuelta desde nuestra Mariña tras las costeras del mamífero. Es más, sus puertos tuvieron a honra poner la épica ballenera en su heráldica, cuestión que en Galicia sólo hizo el Concello de Laracha, por el surgimiento ballenero en Cayón.

Una gran alegría

Pero lo que antecede es preámbulo de una gran alegría compartida con los vecinos del puerto de Burela. Con fecha 22 de junio del presente 2019, el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, concede a tal enclave de la antigua provincia de Mondoñedo, la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional a la Feria do Bonito, de Burela.

Una distinción harto complicada de obtener y justa para con los méritos comunicados por nuestros amigos que fueron nuestros vecinos del Concello Cervo-Sargadelos durante muchos años.

No se trata sólo de señalar un evento ferial donde las gentes de mar en Burela se esfuerzan para ser magníficos anfitriones con los visitantes que cada año acuden a saborear el plato de lo que algunos llaman «príncipe azul» y que el Concello encabezado por el alcalde, Alfredo Llano, mima más allá de la gastronomía, pues como viene siendo sorprendente escalada se acompaña de una demostración cultural. Ahí quedan para la posteridad esos murales del puerto, dónde reconocidos artistas realizan una obra pictórica que someten al veredicto de un jurado encabezado por la iniciativa de Jose Díaz, responsable de una programación cultural intensa y extensa.

Para los que nos hemos criado entre costeras de bocarte y bonito, nos da motivo de enseñanza a las nuevas generaciones, sobre la inmensa suerte que supuso la pesca del Bonito del Norte. Esos veranos en los que tras las fiestas de San Juan, la flota bonitera se hacía a la mar. Esas llegadas a puertos como San Ciprián, Burela, Celeiro, de las capturas que una vez descargadas a brazos eran subastadas para ser trasladadas a las industrias conserveras, de las que hablan con orgullo y rigurosidad, Carlos Nuevo Cal y Vicente Miguez Salgueiro, en su obra «Conserveiras de Celeiro, Viveiro, Vicedo y Bares».

Una aportación más del seminario Estudos Terra de Viveiro a un pasado en el que nuestra Mariña hizo del Bonito, fuente de riqueza, empleo y fomento de la industria

de transformación para los productos de la mar en alimentos que se ganaron la fama sin fronteras.

Lo que nos cambió la vida

Conviene recordar con este galardón a todos los que han trabajado para lograr la distinción del Gobierno Central. Pero también para hacer una reflexión sobre algo que podemos olvidar. Lo que nos cambió la vida en A Mariña; mucho antes del aluminio, fue la costera del Bonito, en la que Burela competía con puertos mejor tratados como el de Bermeo; y desde luego aquellas valerosas tripulaciones que desde barcos de madera, muchos comprados de segunda mano a los vascos, repartían aquellos quiñones capaces de mejorar la calidad de vida en nuestras parroquias, dando fama a nuestros pueblos al norte del norte.

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