Mariñanos sin un día de vacaciones

Autónomos y pequeños empresarios acusan jornadas de trabajo interminables


VIVEIRO / LA VOZ

«Se es autónomo, con xeito nunca podes descansar». Esta frase de José Manuel Sánchez, propietario de una carnicería en Burela resume bien el sentir de cantidad de trabajadores autónomos y pequeños empresarios de A Mariña que nunca o casi nunca se pueden tomar unas vacaciones largas. Una situación por la que en los últimos días centró la atención el práctico de los puertos de Celeiro, Burela y Cariño, que después de casi 13 años en guardia permanente, ha decidido coger varias semanas de vacaciones. Pero su caso no es ni mucho menos único, y la mayoría de los profesionales mariñanos consultados por La Voz confiesan que acusan jornadas de trabajo interminables puesto que la responsabilidad siempre va con ellos. «É certo que os empregados lle botan horas, pero cando marchan para a casa van ‘libres’ e poden pensar noutras cousas, algo que a nós non nos pasa», añade Sánchez.

El año 2018 se cerró con 22.226 trabajadores autónomos en la provincia de Lugo, de los que cerca de la mitad operan en el sector servicios

«En lugar de darnos un premio, cada vez nos machacan más»

La competencia de las grandes superficies y de Internet está detrás de muchos quebraderos de cabeza de los pequeños empresarios mariñanos. Pero los múltiples impuestos, los recibos y las exigencias técnicas y legales que es obligatorio cumplir según las características del negocio también son un factor importantísimo de desvelos. «En lugar de darnos un premio por la labor que realizamos, cada vez nos machacan más», señala María Dolores Fernández, dueña de un comercio en San Cibrao (Cervo).

«Abro de luns a sábado, pero os domingos tamén cando hai que servir aos barcos»

Desde 1987, José Manuel Sánchez, de 52 años, solo ha descansado una vez doce días seguidos. «Foi cando me casei», sonríe. Él es el propietario de Carnicería Rufino de Burela, y tiene a su cargo cinco empleados con los que trabaja codo con codo. «Nesta empresa o xefe é un empregado máis», bromea, y añade: «Abro de luns a sábado, pero os domingos tamén cando hai que servir aos barcos». Padre de una hija de 15 años y un hijo de 10, revela que desde que tiene niños se pilla algún puente festivo pero poco más. «Se queres levar as cousas ben, tes que dedicarlle moitas horas porque estamos xusto os que facemos falta para traballar, e as grandes áreas acaparan todo», lamenta, antes de comentar que su jornada laboral se prolonga a diario casi a hasta las doce de la noche. «Así que cerramos e recollemos, vou cear á casa e cando están os pícaros deitados volvo para a carnicería resolver cousas porque cada vez hai máis historias, como o da trazabilidade», sostiene el empresario, que ya tiene 35 años cotizados.

«Estou permanente, de luns a domingo, facendo doce ou quince horas ao día»

Hace más de una década que Blas Casal cambió el volante del camión que llevaba quince años conduciendo por el del taxi. Desde entonces, confiesa este taxista de Viveiro, no ha tenido vacaciones. «De camioneiro si que as tiven, pero desde que estou de taxista nada. Aínda que hai taxistas que si collen algo, eu estou permanente, de luns a domingo facendo doce ou quince horas ao día», relata. «Neste traballo nunca se sabe, é un traballo moi aventureiro e descansar é moi difícil», continúa el hombre, que los fines de semana tampoco tiene la oportunidad de tomarse un respiro puesto que también trabaja por las noches. Casal cuenta que la «afición» que tenía en el pasado por visitar otros lugares del país la sació en el tiempo en que fue camionero, puesto que pudo conocer «toda España». Ahora viaja con frecuencia al aeropuerto de A Coruña para llevar y traer clientes. «Xa nunca fun de moito durmir, pero con este traballo durmo pouco, catro ou cinco horas ao día», resume.

«Pasé más de seis años cerrando solo los domingos, pero el freno me lo puso la salud»

Después de haberse centrado en la crianza de sus tres hijos mientras eran pequeños, María Dolores Fernández Rouco decidió abrir hace 16 años Dania Moda, una tienda especializada en ropa de hombre y de mujer en San Cibrao (Cervo). «Me metí con mucha ilusión pensando en que mis hijos pudieran estudiar porque con un sueldo solo no da», relata. Sin embargo, la vida como autónoma la absorvió enseguida. «Si el negocio está cerrado, no viene la gente, y si no viene la gente, no se hace caja», resume la mujer, que tiene 56 años y pasó «seis o siete cerrando solo los domingos y sin vacaciones ni nada». «El freno -dice- me lo puso la salud». «Llegó un momento en que estaba cansada, agobiada, necesitaba cerrar la puerta e irme. Fui al médico y me dijo: ‘‘Tú lo que necesitas son unas vacaciones’’. Y yo le pregunté: ‘‘¿Y entran en la Seguridad Social?», bromea. Desde entonces se pilla una semana al año y cierra los sábados por la tarde. El resto del tiempo tiene «seis o siete profesiones», ya que vende, compra, resuelve papeleo o limpia una tienda que apuesta por la calidad, a ser posible, con producto de Galicia.

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