El curioso día a día de tres jugadoras internacionales del Burela FS que irán a la Eurocopa

Su trabajo no se limita a entrenar y jugar, son las 24 horas del día dedicadas a vivir como deportistas


BURELA / LA VOZ

Podrían pasar por estudiantes que comparten piso, pero forman parte de la élite del fútbol sala, lo que les supone una vida no de privaciones -pues acatan las normas con gusto-, pero sí milimetrada. Desde la comida a las horas de sueño, todo está planificado. Las fiestas de juventud se limitan a escarceos tras los partidos y cumpleaños. Peque, Jenny y Luci son las internacionales del Pescados Rubén Burela FS que participarán en la fase final del campeonato de Europa femenino, una llamada a la internacionalidad que compensa sinsabores. En ellas no hay asomo de arrepentimiento por el camino seguido, culminado con el privilegio que les supone ser de las pocas jugadoras de fútbol sala en España que pueden vivir de su profesión, condición que solo otorga el Pescados Rubén con su pionero convenio laboral.

Luci y Jenny comparten piso en Burela. Luci, coruñesa de 27 años que disputa su primera temporada con el Pescados Rubén, es la que se maneja mejor entre los fogones y la que habitualmente se encarga de cocinar: «Tenemos un bote común y compartimos todos los gastos». Ayer al mediodía se disponía a preparar una sopa de pollo: «Jenny está mal de la garganta y le vendrá bien», explicaba. Siguen las directrices básicas de la nutricionista del club (excepto el domingo, día libre, sin pasarse), si bien tienen platos predilectos: «Los fideos orientales con salmón y verduras», señala.

Por primera vez, esta temporada Luci ha podido vivir por y para el fútbol sala. Antes no era así: «Estuve dos años en Ourense y trabajaba en las oficinas por la mañana, preparaba oposiciones y por la tarde entrenaba. Demasiadas cosas. Ahora es diferente. Me levanto temprano y por las mañanas entreno cuando hay entrenamiento. Si no, estudio, porque sigo preparando las oposiciones, o hago las tareas de la casa. Por las tardes siempre entrenamos».

Es su profesión, ya que en un deporte aún alejado de los grandes focos al fin han logrado vivir de ello. ¿Compensa? «Ahora, con la internacionalidad, estoy como en una nube. Desde pequeñita el fútbol sala ha sido mi pasión y nunca pensé en dejarlo, pero hay momentos en que no es fácil seguir. Ahora soy profesional. Es mi trabajo, que exige dedicación y sacrificio, pero mi vida ha cambiado para bien. Antes había días que llegaba casi muerta a los entrenamientos».

«No pienso en todo el esfuerzo, los viajes, estudiar, trabajar, las privaciones, tenemos una nutricionista que nos mete mucha caña -dice sonriendo-... un montón de cosas que he pasado. Todo ha valido la pena para vivir un sueño así. Estoy contentísima, eufórica desde que me enteré que iba al europeo», añade.

Sabe que cuando se acabe la profesión de jugadora, llegará otra etapa en su vida: «Hay que pensar en el futuro. Hay quienes se dedican a esto y no están estudiando, pero yo sí lo hago».

Jenny llegó a Burela en marzo, procedente del Pescara italiano, donde había jugado seis meses. Fue su primera experiencia como profesional. Para ello tuvo que salir de Portugal: «Allí no me daba para vivir. Trabajaba en el Decathlon, daba clases de tenis a los niños y jugaba al fútbol sala, en el Sporting. ¿El futuro? «Yo vivo cada momento. Y ahora estoy centrada en el fútbol sala en Burela, una ciudad muy acogedora, donde todas las personas son muy buenas conmigo», apunta.

Tiene Lisboa, su familia y amistades, a siete horas, y aprovecha sus habituales llamadas con la selección para reencontrarse. Ahora, en un momento dulce, echa la vista atrás y apunta que nunca pensó en dejarlo: «Aquí estoy encantada y me quedan muchos años de fútbol sala. Este es el único equipo verdaderamente profesional. Tiene el inconveniente de que Burela está muy lejos, pero tenemos un contrato laboral, seguridad social, buenas condiciones...».

Son jóvenes que viven para el deporte: «¿Salir de fiesta? A veces cuando jugamos en casa, solo de vez en cuando, o cuando es un cumpleaños. No abusamos. Nos cuidamos mucho», sentencia Jenny.

«En esta profesión siempre tienes la maleta preparada»

Peque está concluyendo el ciclo de Administración y Finanzas. A sus 31 años, piensa en el futuro: «Me gustaría trabajar en la rama de administración ligada al fútbol sala. Es complicado, pero también lo era ser profesional del fútbol sala y ahora en Burela podemos decir que lo somos todas». Vivir por y para el deporte tiene su cara be: «Sacrificas muchísimo. Yo estoy estudiando y con todas las convocatorias que ha habido este año no podré terminar el curso de forma natural. Es complicado compaginar, pero sabemos que esforzarse es algo innato en las deportistas».

Madrileña, afronta su segunda etapa en Burela tras un paréntesis de dos años en Italia: «En esta profesión siempre tienes que tener la maleta preparada. Se lleva bien, porque al final estás trabajando en lo que te gusta».

«No hay club como el Burela, tan profesionalizado. Hablas con otras compañeras de cualquier equipo, también internacionales, y te dicen que tienen que pagar hasta el párking del aeropuerto cuando van a jugar fuera. La situación aquí es privilegiada», apunta Peque.

Estar 24 horas viviendo para el fútbol sala define el ritmo de vida: «Te tienes que cuidar, la alimentación, el sueño, los descansos... Y a nivel de relaciones personales, nunca sabes dónde vas a estar el año que viene. Pero es igual en muchos otros trabajos. Hay muchas parejas que viven así y en mi caso para nada me arrepiento de haber elegido este camino. Pude jugar a fútbol 11 pero creo que lo que te da el fútbol sala no te lo da el fútbol once. He llegado adonde estoy y volvería a repetir los pasos».

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