Barreiros: el paisaje tras la burbuja

Aún hay esqueletos de edificios y promociones vacías, pero el concello ha normalizado su crecimiento turístico

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barreiros / la voz

Sin la huelga de funcionarios de Justicia que afecta a Galicia desde hace más de un mes, el alcalde de Barreiros y un nutrido grupo de constructores habrían pasado ya por el juzgado para rememorar aquellos años locos en los que las fincas subían de precio cada día y los promotores pagaban cantidades absurdas por terrenos donde casi siempre se recibían licencias para construir. Pocos concellos en Galicia simbolizan los efectos de la burbuja como este, afectado aún por el parón económico y político que significó un frenazo en seco y dejó una notable rastro de esqueletos arquitectónicos por el municipio.

Lo que durante una buena parte del año es un ayuntamiento pequeño y poco poblado (2.948 habitantes, según el último padrón) revivió en los días de Semana Santa con la llegada de cientos de familias que ocuparon las viviendas que, en muchos casos, se levantaron durante los años previos a la crisis. «Esto ha sido un regalo», asegura Alfredo, un madrileño de 50 años al referenciar lo que le costó su piso a los precios de Madrid o incluso de la costa de Alicante, donde tenía un apartamento: «Aquello era inaguantable», dice este hombre que admite que el paisaje de la costa lucense le gustó, peró lo que le decidió a adquirir el piso hace dos años fue un precio que prefiere no confesar.

Vender el triple

La promoción donde compró, está toda llena y ocupada. La normalmente desangelada franja entre la N-634 y la playa, vivió la semana pasada jornadas de ebullición, pese al tiempo desapacible. «Se trabaja más del triple», admitía la encargada de un supermercado Eroski, cuyo aparcamiento mostraba un notable trajín. Casi al nivel del verano. A la puerta, una señora asturiana que dice llamarse María y que veranea en la zona desde antes de la burbuja, opina sobre las consecuencias de aquello: «¿Que se construyó de más? Seguramente; ¿qué se hicieron cosas mal? Pues sí. Pero, ¿de qué iba a vivir toda esa gente que vendió a buen precio con estas pensiones que dan de 400 euros?».

Son formas de verlo, pero hubo prados que se vendieron a más de mil euros el metro cuadrado, cuando una década atrás apenas se podían pedir cinco. El portazo económico del 2007 pilló muchos dedos y dejó huellas todavía visibles, pero es cierto que la situación ha mejorado sustancialmente. Muchas promociones se han terminado y se han vendido: «Nosotros compramos por 90.000 euros -explica Belén, un madrileña enamorada de la zona-, pero hubo gente, al principio, que pagó hasta 185.000. Y también, los últimos, que compraron a los bancos por 60.000 euros». Lo cuenta al pie de una de las promociones más lujosas de la zona; una de las que ya vendieron todos sus pisos.

¿En qué medida deterioró la burbuja inmobiliaria a Barreiros? La mayoría de los nuevos veraneantes, madrileños, vascos y asturianos en buena medida, no emiten quejas al respecto. Como máximo señalan hacia el levante para señalar el turismo masificado y el urbanismo desquiciado. No se quejan de los servicios, excepto en el suministro de agua, que en verano pierde caudal. Los más antiguos, sí notan lo que pasó: «Ya lo creo que se ha deteriorado -opina Víctor, un vecino de Lugo de 67 años, que lleva más de 30 veraneando en Barreiros-. Menos mal que se paralizó, porque había un momento en que no podías abrir la boca que ya te estaban comprando todo. Aquí hubo una especulación terrible y, mire, antes de construir, hay que poner los servicios».

Del desenfreno urbanístico de aquellos años, se hablará pronto en los juzgados. Pero es un hecho que el crecimiento urbanístico no sirvió para fijar población: Barreiros sigue perdiendo habitantes. No en verano, cuando multiplica su población, pero sí a la hora de cuadrar el padrón. Al menos, algunos vecinos consiguieron vender a precios disparatados y llenaron su cuenta bancaria. Eso sí que ya no hay burbuja que se lo lleve.

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