Barreiros iba a pedir la declaración de zona catastrófica tras un voraz incendio

1985


El alcalde de Barreiros, Manuel López Sampedro ha anunciado ayer que la corporación pedirá la declaración de zona catastrófica, con el objeto de recabar ayudas y subvenciones para el vecindario propietarios de montes, que debido al impresionante incendio ha arrasado unos treinta y dos kilómetros de monte, equivalente a tres mil doscientas hectáreas. En unas declaraciones a la emisora «Antena-3», Manuel López Sampedro efectuó ayer una valoración de este siniestro, sin precedentes en todos los órdenes, y al mismo tiempo que planteó escenas de angustia en varias localidades de este municipio costeño, del que se puede decir, que sus dos terceras partes estuvieron en llamas. «Nos quedamos sin bosques, sin ningún bosque», precisó el regidor municipal de Barreiros, que presentó a través de la mencionada emisora un relato que puso sobre el tapete la verdadera dimensión de la catástrofe. Igualmente efectuó una valoración de las pérdidas y de las posibles causas, así como de la «violencia que presentada el vendaval» en ese día, dos de diciembre. «Es difícil contestar a la pregunta de qué vamos hacer ahora», precisó Manuel Díaz Sampedro, perito agrícola de profesión, por lo que sus parámetros tienen una contundencia a la hora de esta valoración de urgencia.

«La catástrofe es total, inimaginable, además teniendo en cuenta lo que suponía la riqueza forestal para esta zona», precisó Sampedro. «Esto es una ruina, y además desde el punto de vista paisajístico de la zona, este municipio ya no es el mismo; no ha quedado uno», añadió. «Pedimos ?dijo- que se declare zona catastrófica, sobre todo con el objeto de que la gente recupere el ánimo y la ilusión, para de esta forma volver a empezar de nuevo».

Todo el mundo corría

Pero aparte de estas valoraciones, en el aludido reportaje radiofónico, el alcalde de Barreiros narró como una vivencia sin precedentes, lo que había ocurrido. «Hubo momentos -dijo que en las parroquias de Benquerencia, San Miguel de Reinante y Santiago de Reinante, a eso de las seis y media todo el mundo estaba corriendo de un lugar para otro en la carretera general», dijo. Se refería a la carretera de la costa, la N?634, de Santander a La Coruña, que atraviesa este municipio costeño.

«Regresaba de Santiago de Compostela a eso de las cuatro y media de la tarde y desde Vi- lamar ya aprecié como comenzaban a arder los montes de Cabarcos», señaló, para añadir, que inmediatamente se detuvo en la zona. «El viento, el vendaval era impresionante, ya parecía que era imposible detener el fuego, pero se intentó con el objeto de controlarlo en una de las pistas, por ejemplo en la de Vilamar a Reme, pero fue imposible». «No se logró ?continúa el relato? porque incluso las hojas incandescentes que caían nos quemaban en el cuello. El fuego ha pasado la carretera y ya se apreciaba como entraba en la zona de la Costa». Estas y otras circunstancias indujeron al alcalde a sospechar que unas casas del barrio de A Barranca ?lugar famoso porque se celebra una romería como es la del San Esteban? podían estar en peligro. En efecto, el alcalde indicó que estas casas de A Barranca estaban en peligro, sobre todo debido a que los árboles llegan junto a las mismas. En este barrio de San Miguel de Reinante se pudo evitar a eso de las ocho de la tarde que el fuego las alcanzase. Ocurre que el arbolado es de otros propietarios distintos a las casas que viven en ellas. «Fueron momentos difíciles, a eso de las ocho de la tarde», precisó Manuel Díaz Sampedro. Dominado el fuego en la zona, ya más de noche, el alcalde de Barreiros, dijo que se había trasladado hasta otro barrio, del que sospechaba podía correr peligro. Se trataba del barrio de A Insua, de la parroquia de Cabarcos, lugar también famoso antaño se celebraba en el mes de julio una famosa romería, la Santa Ana, en cuyo lugar montañoso se divisa una bonita panorámica, con el golfo del Masma al fondo y la localidad de Foz.

Comentó el alcalde, que los vecinos de A Insua se habían acostado tranquilamente, debido a que apreciaron supuestamente que el viento había cambiado de trayectoria, «pero los despertamos porque había una casa en peligro, por lo que fue preciso efectuar un cortafuegos». También acudieron, a eso de las cuatro de la madrugada a la zona de Couto, donde había peligro para viviendas y enseres.

Angustia en la Costa

Pero el fuego no se detenía. Tanto amenazaba a las parroquias costeras como a las del interior. «Llegamos a la zona costera, a eso de las cuatro de la mañana, y vimos como el fuego estaba cerca de las casas de San Pedro de Benquerencia», siguió relatando, pero allí nos avisan que en «San Miguel ya comenzaban a arder ios inmuebles». También que acontecía lo mismo, ya eran sobre las seis y algo de la mañana. «Y a eso de las seis y media de la mañana aquello era caótico», dijo Sampedro. «Ardían los prados con una facilidad impresionante; las mujeres lloraban, otras gentes sacaban enseres y ganado de las casas». También acudió el personal del servicio de extinción de incendios de Alúmina-Aluminio, que tuvo durante estas jornadas una colaboración extraordinaria, como habia sucedido el día anterior en Ribadeo.

También allí se concentraron veinte cisternas con otros tantos tractores. Debido a ese trabajo y al de las paleadoras, movilizadas al completo, se pudo evitar lo que parecía imposible, evitar que ninguna casa quedase destruida por el fuego. También acudieron, personal de bomberos de Ribadeo y vecinos, porque una casa limítrofe con el de Barreiros, también estaba amenazada», dijo el alcalde. De lo sucedido en Barreiros, ya se informó también en este periódico.

El alcalde de Barreiros, cuenta todavía con angustia como el fuego traspasó la carretera de la Costa, y ardió bastante entre esta vía y el mar, que es una zona agrícola. Las gentes, a la vista de esta situación, con mangueras procedieron a lanzar agua sobre las ventanas de las casas y sobre los pajares. Algunos sacaron los coches y camiones y los llevaron a zona inmediata a los acantilados del bravo Cantábrico. «Un auténtico caos», añadiría Manuel Díaz Sampedro.

Pocos incendios en Barreiros

En otro lugar de este periódico se publican los datos casi definitivos de la magnitud de estos incendios, que afectaron a todos los municipios de la zona norte de la provincia, así como al occidente asturiano, cuyo preocupante saldo supera las quince mil hectáreas pasto de las llamas. Una zona ya muy castigada por los incendios durante el verano y el otoño. «Sin embargo ?reconoció el alcalde de Barreiros? nuestro municipio no tuvo muchos incendios este verano, yo diría muy pocos, si se exceptúan los que afectaron a la zona de Cornería, en Celeiro».

Al ser preguntado sobre las causas de estos casi dantescos incendios, que se registraron el 1, 2 y 3 de diciembre, la primera respuesta fue: «No comprendo

cómo un día como ese pudo pasar esto», para añadir a renglón seguido, que «se comprende, porque hay una sequía grandiosa. Los helechos incluso están secos. Y puedo asegurar que ardía mejor que en el mes de agosto. Esto da una idea general de como ocurrieron los incendios».

Y ahora, ¿qué? Esta es la gran encrucijada de un pueblo, donde el que más y el que me- nos tenía montes repoblados. «La gente ?dijo el regidor municipal? estaba animada con la entráda de España en la CEE, sobre todo por las perspectivas de que puede aumentar de precio la madera. Por tanto que viniesen subvenciones, que pido a los organismos provinciales, autonómicos y centrales, serían bien recibidas, sobre todo para evitar esta tristeza y amargura», precisó el alcalde. También mostró su impresión de que sería problemático, que las gentes, sin más, se dedicasen ahora a repoblar de nuevo, pensando siempre que dentro de diez años podía ocurrir otro fenómeno como el de esta semana. ¿Valoración? En cuanto a las pérdidas, el alcalde considera que tienen que superar los quinientos millones de pesetas, aunque eso lo considera casi imposible de calcular a ojo pronto. «Hay que partir ya que la madera quemada la pagan al cincuenta por ciento del valor, pero está el valor ecológico, paisajístico, etc., etc.», añadió.

Al insinuarle a Manuel Díaz Sampedro que estos hechos pudieron ser provocados por pirómanos, reconoció que no tenía noticias concretas. No obstante, aludió a gentes que hicieron quemas y que se vieron sorprendidas como el «fuego corria por los montes, por los prados, como si estuviesen cubiertos de pólvora», añadiría. También hizo una reflexión sobre los pirómanos, para indicar más adelante que «habrá que volver a empezar» e insistió en la reivindicación de subvenciones para hacer frente a una nueva repoblación. También en otro lugar de este periódico se informa de la detención de tres vecinos de Mondoñedo, con lo que son cinco los sorprendidos en esta provincia.

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