El cole de Alfoz educa como Finlandia

Las familias alaban el gran funcionamiento de un centro rural cuyo futuro peligra por los efectos de la crisis demográfica


Alfoz / La Voz

Los 13 alumnos de infantil del CEIP Castro de Ouro, de Alfoz, se vuelven locos de alegría cada vez que Adrián, su maestro, cuelga de la pizarra a «Pepito», un simpático esqueleto de cartulina. Armado con un trozo del mango de una escoba reconvertido en puntero, un crío hace de «médico» y trata de identificar los huesos y las partes del cuerpo humano que le van señalando sus compañeros sentados en corro sobre el suelo. «A clavícula», dice Laura, de 5 años. «Aquí!», apunta a toda velocidad Alicia, que es la primera «médica» del día. «As costelas», agrega Miriam. «Os ollos», continúa Irati, de 3. «As mans», dice Roi, que es otro de los pequeños. «O esternocleidomastoideo», reta Mateo, que ha cumplido los 4. A través de este sencillo juego, con el que los niños lo pasan pipa, su profe logra, casi sin pretenderlo, que se encaminen a Primaria con un nivel de habilidades y conocimientos sobre ciencias naturales estupendo. Y algo similar ocurre con la escritura, las matemáticas o las ciencias sociales en un colegio público en el que el trabajo y la vocación de Adrián Suárez, que además de tutor de Infantil es director desde hace tres años, son solo un ejemplo de su buen funcionamiento.

El juego, el descanso, la curiosidad y la participación, junto con la implicación de las familias, son claves en el éxito del sistema educativo del colegio de Alfoz, que tiene 41 alumnos en tres unidades (una de Infantil, una de primero a cuarto de Primaria, y una de quinto y sexto) y nueve profesores (seis fijos y tres itinerantes). «Dínnolo de Finlandia e flipamos, e nós témolo aquí e non o valoramos!», destaca Mila López, una de las madres que observa con gran preocupación cómo, pese a la gran calidad educativa que reciben los niños que acuden a él, pierde alumnado curso tras curso.

«Hai menos nacementos e con iso non se pode loitar, pero tamén hai familias que non matriculan aos nenos en Alfoz e os levan a outros sitios porque ven mal que estean xuntos os cursos ou pensan que como ten poucos pícaros está moi mal, cando é o contrario», sostiene Rosana Fraga, que reside en O Valadouro, el municipio vecino, pero ha matriculado a sus tres hijas en Alfoz, que según el padrón más reciente del Instituto Galego de Estatística tiene algo más de 1.700 habitantes, de los que solo 115 tienen menos de 16 años. «En Alfoz non había onde comprar porque non deixaban construír, así que tivemos que comprar en Ferreira, e hai moitas familias que tiveron que facer o mesmo e acabaron levando os seus fillos alí», razona.

La ANPA gestiona un comedor escolar que da empleo a dos cocineras y que profesores y familias califican «de luxo». «Comen nel todos os nenos do cole. Comemos á unha e media todos xuntos, acabamos sobre as dúas e cuarto, e ata as tres, que volvemos ter unha hora lectiva ata as catro, os nenos fan cociña, ciencia divertida ou zumba. Non temos xornada continua, pero esa hora e media segue sendo educativa», señala el director del CEIP. «Laura, que ten cinco anos, chegou a casa o outro día dicíndome que tiña que levar sabido o grupo de sangue que ten por un experimento que fixeran no cole!», sonríe Fraga.

El Concello financió la compra de tabletas para los alumnos de Primaria -cada familia aportó 50 euros- y los libros de Infantil. Además, el centro forma parte del Plambe (Plan de mellora de bibliotecas escolares) y de la Micorrede de bibliotecas de A Mariña, a través de la que organizan y participan en numerosas actividades. «O ano que vén contamos con incorporarnos á rede plurilingüe», avanza Adrián Suárez, mientras muestra unas instalaciones muy bien dotadas, con aula de audiovisuales o un pabellón polideportivo que les cede el Concello en horario escolar. «O concello de Alfoz é moi disperso, e a maioría dos nenos viven en casas illadas, no entorno rural. Vivimos case nun parque natural», añade el docente, que destaca la estrecha colaboración del Concello y la ANPA.

 Esperanza en el futuro

«Hai 30 anos había en torno a 250 alumnos. Recordo as aulas petadas, as mesas xuntas. En sexto de EXB había 70 alumnos, 35 por clase. Iso era un caso!», recuerda José Luis Río, el veterano conserje. Por los cálculos que maneja el colegio, en Alfoz han nacido en estos últimos años 10 niños. «Se deses 10 polo menos viñesen 5 ao colexio, sería estupendo», confían. Todavía hay esperanza.

«Ao ser poucos nenos, educativamente chegas a moito»

«É un privilexio porque uns aprenden doutros. Os de 3 anos dos de 4, e os de 4 dos de 5..., e así vanse quedando todos coas cousas», destaca el director del CEIP Castro de Ouro, que subraya que los alumnos de Primaria comparten aula, pero al haber varios profesores, reciben desagrupados materias como matemáticas. Otro gran logro del colegio es el apoyo que presta a los alumnos con necesidades educativas especiales, puesto que dispone de una especialista en Pedagoxía Terapéutica (PET). Entre esos estudiantes sobresale Alexia Fraga Casabella, afectada por el síndrome de Fires, que le produce crisis epilépticas a menudo. «Nun neno destas características o que buscas é que sexa feliz, e isto é unha familia», explica su madre, Fernanda Casabella, que preside la ANPA. «Con ela os nosos fillos aprenden moitísimos valores», destacan Mila y Rosana.

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