La fraga das Reigadas, un rincón de naturaleza indomable

Situado en el alto valle del río Eo, en A Pontenova, el recorrido que vadea el cauce del Reigadas es una fiesta para la biodiversidad, un sendero imprescindible y poco conocido de 13,28 kilómetros


Cerca de la frontera con Asturias, en ese punto en que la montaña desafía a la meseta lucense, descansa un tesoro de agua y piedra. A Fraga das Reigadas es un paraíso natural ubicado en el alto valle del río Eo, salpicado por cientos de pequeños cauces y bendecido por la brisa marina que llega desde el litoral de la provincia favoreciendo la explosión verde que brota indomable aquí y allá. En este rincón de A Pontenova, un sendero traslada al caminante hacia otro tiempo de molinos y ouriceiras, cuando el hombre sabía sacar partido a su entorno sin necesidad de destrozarlo.

La ruta por la que nos adentramos empieza en Barreiros, un alto situado a unos 800 metros y desprovisto de árboles. Si el día acompaña, la carta de presentación es perfecta, porque el lugar ofrece una panorámica reveladora sobre la zona que se va a atravesar. Eso sí, llegar al inicio del camino puede resultar algo complicado sin las coordenadas, un GPS o las indicaciones de algún lugareño.

Un kilómetro avanzando y el paisaje se cubre de vegetación, en una zona dominada por los robles, los castaños y los acebos. La fiesta de la biodiversidad es un regalo para los sentidos más cerca del río, donde el musgo, los hongos y los líquenes trepan por los árboles y alfombran el paso del caminante. El atractivo del primer tramo reside en un buen puñado de puentes de madera que permiten cruzar con seguridad y encanto el río das Reigadas, que según la época del año puede correr con fuerza hacia el Eo. En la fuente de Paradela podemos dar un buen trago de agua fresca y cruzar la carretera para iniciar la segunda parte del recorrido.

San Pedro de Bogo encierra un tramo mágico, con unos primeros 100 metros asfaltados que no deben llevar a engaño, porque son antesala de un recorrido más bien angosto trufado de cascadas y riachuelos. En algunas zonas, el caminante se encuentra alguna ayuda extra, con peldaños de madera y barandillas de cuerda que facilitan el descenso. Es una zona húmeda de tierra tierna, lo que provoca muchos desprendimientos de árboles y también algún que otro susto en forma de resbalón. Una ouriceira y varios molinos enteros, abiertos al visitante, sorprenden en el camino.

Termina el bosque de Vilarxuvín para dar casi de bruces con un paisaje más modificado por el hombre. La Ferrería de Bogo preside el complejo que conforman la presa, varias edificaciones y un merendero. Su origen se remonta a 1534, cuando se alimentaba de la fuerza del río para dar forma al hierro. Funcionó hasta finales del XVIII, cuando fue pasto de las llamas. Aunque está cerrado, desde fuera el paseante puede ver parte de las tripas del antiguo taller, con imponentes engranajes y un gran mazo hidráulico. En las inmediaciones hay un alojamiento de turismo rural, cerrado al público.

Hay que ascender 200 metros por la ladera que comunica hasta San Pedro de Bogo para continuar con la ruta, aunque esto no está indicado y el visitante podría interpretar que el paseo ha terminado. Los más intrépidos tienen todavía 3,6 kilómetros hasta A Ermida de San Xulián.

Señalización

Una vez encontrada, la ruta es fácil de seguir. El inicio del tercer tramo es confuso.

Recomendaciones

Calzado adecuado. Los regatos pueden anegar el camino por tramos.

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