Casariego y Darío Fernández, dos comerciantes de Ribadeo y Cervo en Paraguay

MARTÍN FERNÁNDEZ VIVEIRO / LA VOZ

A MARIÑA

El cervense Darío Fernández con su familia paraguaya
El cervense Darío Fernández con su familia paraguaya Archivo M. Fernández

Unos mil gallegos se radicaron en el país entre 1850 y 1960

21 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Paraguay fue un destino minoritario de nuestra diáspora. Unos mil gallegos, la mayoría comerciantes, se radicaron en el país entre 1850 y 1960. Fueron pocos, pero tuvieron altísima influencia en la vida social y económica y en la propia historia del país. Alcanzaron un crédito y un prestigio muy superior a lo que suponía su pequeña colectividad. Dos mariñanos —Tomás Darío Fernández Álvarez, de Cervo, y Antonio Casariego Cobián, de Ribadeo— y los orteganos —Antonio y Manuel Sanjurjo Balteiro y Benigno Teijeiro Martínez— tuvieron un destacado papel.

Tomás Darío Fernández Álvarez nació en Cervo en 1873. Era hijo de Benito y de Josefa. Emigró muy joven pues el Censo de Población de Rosario de Santa Fe (Argentina) constata que en 1895 vivía en la ciudad y tenía 22 años. Según una bisnieta suya —Grisel Margarita Sánchez Suhurt, radióloga asentada en España e interesada en conocer a sus parientes cervenses— Tomás Darío se casó en Arrufó (Santa Fe) con Narcisa Cabrera. Tuvieron cuatro hijas: Ana María, Lucía, Isabel y Aurora, abuela de la informante, que nació en 1904. En 1908, el matrimonio se instaló en Villarrica (Paraguay) y tuvo tres hijos más: Clara, Sara y Luis. Se dedicaron al comercio y a la distribución de calzado.

El comercio fue la ocupación mayoritaria de los gallegos en Paraguay. A tal punto que la relación y el apoyo mutuo que tuvieron los unos con los otros conformó una red que les otorgó gran poder e influencia. La malla se empezó a urdir ese mismo año de 1895 con la llegada de Camilo Pérez, de Tui, y de Antonio Sanjurjo Balteiro, de Ortigueira, que se asociaron para crear Pérez&Sanjurjo, una empresa que hoy diríamos de import/export.

Paraguay logró su independencia en el año 1840, tras la muerte del dictador Francia. Hasta 1870, el país estuvo gobernado por Carlos Antonio López y su hijo que modernizaron la nación, fomentaron la educación y abrieron el comercio. Ese año tuvo lugar la Guerra de la Triple Alianza, la Guerra Grande, que enfrentó a Paraguay con Brasil, Argentina y Uruguay, en la que murió el 65 % de la población masculina paraguaya. Tras la derrota, la reconstrucción tuvo lugar, entre 1870 y 1900, bajo una Constitución, con el país ocupado, endeudado y con su economía destruida.

En ese contexto -como recuerda Philip Duncan en su tesis doctoral, que dirigió Pilar Cagiao, sobre Paraguay, destino atípico de la inmigración española- Pérez&Sanjurjo fueron claves en la reactivación comercial, sobre todo con España. Pérez fue cónsul, presidente de Socorros Mutuos, directivo de La Paraguaya de seguros y de la Cámara de Comercio. Y la empresa fue el centro de la red de comerciantes gallegos y la facilitadora de contactos y oportunidades. En 1916, Camilo Pérez fundó y presidió el Banco de España y Paraguay y confió su dirección a un paisano, el ribadense Antonio Casariego Cobián.

El ribadense marchó como prófugo y volvió como autoridad

José Antonio Casariego Cobián nació el 23 de noviembre de 1878 en Ribadeo, hijo de Ramón Casariego García y de Ana Cobián Prado. Se casó en Paraguay con Ángela Augusta Josefa Crossa Ruffinelli, tuvo 4 hijos y murió el 10 de febrero de 1943, a los 64 años de edad. Fue declarado prófugo por el Concello de Ribadeo en 1896. Llegó al Paraguay en 1903 con su hermano José y el gallego Genaro Prieto Villamil. Y en 1925 ya estaba de vuelta en la capital del Eo para hacerse cargo de la Oficina y Despacho de viajes a América de la Compañía Hamburg-América-Line.

De algún modo su retorno fue triunfal pues escapó como un fugitivo y regresó como una “autoridad”, capacitado para asesorar a sus compatriotas en temas migratorios. En Asunción, los Casariego tuvieron una casa de comercio en la calle Palma que importaba artículos para hombres y perfumería. Por esas fechas, 1914, Camilo Pérez había creado con su amigo ortigueirés Antonio Sanjurjo la firma Pérez&Sanjurjo. Y, al mismo tiempo, presidía el Banco de España y Paraguay cuyo objetivo era vehicular el intercambio comercial entre ambos países. Pérez encargó su gerencia a Casariego que era hombre de su confianza. El nuevo banco progresó muy rápido tras aprobar el Gobierno sus estatutos el 7 de abril de 1916 con un capital inicial de 20 millones de pesos. A finales de 1918 ya contaba con sede propia, inaugurada por el ministro de Hacienda. Paraguay aprovechaba entonces la buena coyuntura económica derivada de la gran demanda de carne que pedía una Europa enfrascada en la 1ª Guerra Mundial.

El Banco que dirigió el ribadense intervino directamente en la creación en 1916 de la planta y la fábrica de la Compañía Paraguaya de Frigoríficos y Carnes Congeladas de la cual eran accionistas tanto Casariego como Camilo Pérez. Así consolidó el ribadense una importante fortuna que le posibilitó regresar triunfante a su patria chica en 1925. Su hermano José siguió en Asunción al frente de su comercio, llamado Mercurio, en la citada calle Palma.

El Centro Español de Villarrica y otros gallegos de Muxía y Ortigueira destacados en el país

Uno de los enclaves que congregó a más gallegos en Paraguay fue Villarrica, una de las ciudades más antiguas del país fundada en 1570 por el capitán español Ruy Díaz de Melgarejo. Es una ciudad administrativa y universitaria, denominada una de las cuatro “Villas de Españoles” -junto a Asunción, San Isidro de Curuguaty y Villa Real de la Concepción- a diferencia de los “Pueblos de Indios”, como Itá, Atyrá o Yuty.

Su Centro Español fue fundado en 1915 por gallegos asentados en la ciudad cuyos apellidos continúan hoy: los Nolasco, Alfaro, Fernández, Perelló, Martín o Cortina. Entre los fundadores, destaca el cervense Tomás Darío Fernández Álvarez. El Centro cuenta hoy con 357 asociados, todos de origen español.

Otros gallegos relevantes en la historia del Paraguay fueron Victoriano y Victorino Abente y Lago, de Muxía (A Coruña). Los hermanos residían en Concepción donde acumularon una gran fortuna en el sector ganadero: eran dueños de 40.000 hectáreas de terreno y de cerca de 10.000 cabezas de ganado en sus estancias de Santa Inés de la Sierra y Garay. El segundo fue un importante escritor que fundó, con el naviego Rafael Calzada, el Partido Republicano Federal en Paraguay.

No menos relevancia tuvieron tres emigrantes de Ortigueira. El primero de ellos, Benigno Teijeiro Martínez, ilustre historiador, periodista y etnógrafo cuyas obras son imprescindibles para conocer la historia de Uruguay, Paraguay, Chile y Argentina. Llegó a Asunción en 1875 acogido por tres amigos de infancia ortigueiresa: Vicente J. Acea- fundador de la Logia Masónica Unión Paraguaya- y los hermanos Sanjurjo Balteiro: Manuel, hacendado ganadero y Antonio, destacado comerciante.