«El reconocimiento es para mi padre y mi abuelo. Sin ellos, yo no estaría aquí»

María Cuadrado Fernández
M. CUADRADO VEGADEO / LA VOZ

A MARIÑA

Ana María Pérez, en su negocio, en la Avenida de Galicia, 2, de Vegadeo
Ana María Pérez, en su negocio, en la Avenida de Galicia, 2, de Vegadeo Xaime Ramallal

Ana María Pérez, de Pérez Logares Maquinaria S.L., recibió un homenaje al Comerciante Decano de Vegadeo

07 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Ana María Pérez Amor, al frente de Pérez Logares Maquinaria S.L., fue la protagonista el viernes del homenaje de Ascove al Comerciante Decano de Vegadeo. Lleva 27 años en la empresa familiar que fundó su abuelo Manuel Pérez Méndez y con la que continuó su padre, José Pérez Logares. Dos figuras que siempre tiene presentes cuando habla de la ferretería.

Recuerda que su abuelo estuvo en Cuba desde los 14 hasta los 42 años, donde en La Habana trabajó en una ferretería de unos vascos. Cuando regresó se estableció en Vegadeo y montó un negocio que después heredaron sus hijos varones: «Cuando falleció mi abuelo, repartieron el negocio familiar, mi tío se quedó con la parte de ferretería y mi padre, con algo de ferretería, pero principalmente maquinaria de construcción».

A sus 57 años, Ana María es la tercera generación. Rememora que tras muchos años como autónomo, su padre decidió en 1988 constituir la sociedad Pérez Logares Maquinaria. Ella empezó en el negocio a finales de 1995, en un primer momento trabajando con él en un almacén a la salida de Vegadeo. Aunque cursó estudios de Magisterio y de Secretariado Internacional y trabajó en una empresa de Oviedo, la empresaria confiesa que Vegadeo le tiraba mucho: «Es que me encanta, siempre me gustó muchísimo». Recuerda que le costó convencer a sus padres de que quería regresar a Vegadeo.

Acto de reconocimiento celebrado en el auditorio veigueño
Acto de reconocimiento celebrado en el auditorio veigueño Ascove

Para Ana María, el trabajo en la ferretería es muy minucioso, que requiere de organización, y ella presume de la profesionalidad de sus dos empleadas: Irma y Mirta. «Son dos trabajadoras muy buenas y buenas personas. Irma y yo llevamos juntas más de veinte años, es mi mano derecha».

Haciendo balance, se manifiesta sobre el impacto de las plataformas, las grandes superficies y el comercio «online», en el comercio tradicional en general y, de forma particular, en el sector de la ferretería. «El comercio ‘online' mató a muchísimos negocios y comercios». No solo en poblaciones pequeñas, también en grandes urbes: «Estoy asombrada con todo lo que hay cerrado en Oviedo, que tenía mucho comercio pequeñito».

Por su experiencia personal cree que la ferretería es hoy en día más bien «un suministro. Necesitas unos tornillos, una pintura, una broca... Máquinas se venden menos, no es la época de mi padre, que vendía mucho de eso». También analiza las dificultades a la hora de competir con Amazon y otras plataformas —«no nos dan precio para competir, no compramos esos volúmenes de compra, no podemos»— y señala otro problema: la falta de relevo generacional en algunos oficios: «Ahora no tienes electricistas, fontaneros...».

La clientela principal de su negocio es de Vegadeo, Los Oscos, Taramundi, algo de Ribadeo, Castropol, San Juan y alrededores... «Aquí seguimos. Es un mérito», confiesa mientras agradece el reconocimiento. Dice que para ella fue una sorpresa, pero no lo rechazó porque tenía claro que «para mi, lo más importante es que es un reconocimiento a mi padre y a mi abuelo. Ellos fueron los que se lo curraron de verdad, los que trabajaron muchísimo porque ambos eran unos trabajadores incansables que dedicaron su vida a sus negocios, como tantos y tantas comerciantes. Mucha gente no lo ve, pero detrás de cada empresa hay muchas horas de trabajo, mucho sacrificio, vives para tu negocio...».

Además de contenta, se siente agradecida: «Agradecida con nuestros clientes, de que estén siempre ahí, de que confíen en nosotros...». Les agradece su colaboración y fidelidad: «Tengo clientes que ya lo eran de mi padre». Cree que la confianza de la clientela, por el servicio que se presta, por la confianza y por el trato cercano «se refleja en el éxito de estar tantos años abiertos. Mi padre ya tenía este trato con los clientes y los tenía muy buenos».

«El reconocimiento es para mi padre y mi abuelo. Sin ellos, yo no estaría aquí», indica Ana María, que lo quiere compartir con su madre, Ana María Amor Rico, su gran apoyo: «Un pilar fundamental para que todo esto vaya bien». Y hace extensivo el agradecimiento a los clientes, a Ascove y al Ayuntamiento.