Esta semana Amador López Albo cumplió 101 años. Para su edad se encuentra en un estado de salud y mental envidiables. La Voz estuvo con él y con su familia y llama la atención que no toma una sola pastilla; eso aún da más envidia. Amador López Albo es un hombre muy conocido en toda la comarca o, mejor dicho, en todo el distrito forestal, como seguro le gusta que digamos. Porque él fue agente forestal durante 41 años, 5 meses y 19 días. El señor Amador es un hombre muy metódico y lo registraba todo en cuadernos, también los datos del tiempo en la estación meteorológica que tenía instalada en el entorno de su casa en Viveiro desde 1961, a 15 metros sobre el nivel del mar. No faltaban -y seguro que aún los tiene- el pluviómetro, el termómetro, el heliógrafo de Cambel, el termohidrógrafo, el evaporímetro y el anemómetro. Los datos registrados los transmitía a Lourizán primero en 1985 y años más tarde a las agencias de meteorología que dependen de la Xunta de Galicia y del Gobierno central.
Recordaba muchas veces en entrevistas en La Voz que él y sus hombres habían plantado miles de hectáreas de bosque en toda la zona. Fue el impulsor del área recreativa del monte San Roque, en Viveiro, hoy muy conocida y uno de los puntos verdes y turísticos de Viveiro. Toda esa experiencia acumulada la recogió en un libro sobre la vida en el campo. Quizás en ese trabajo siempre entre la naturaleza esté el secreto de sus 101 años tan bien llevados. Contaba muchas veces que empezó a trabajar en el campo y en el bosque gracias a un primer agente forestal que estaba en la zona en aquellos años 50 y 60, Héctor Cortizo, que en 2017 aún vivía y contaba 101 años, como él hoy. Algo tienen que ver, seguro, la naturaleza y la tranquilidad, combinado con la genética, claro, y el hecho de cuidarse. Cuando venía a visitarnos a La Voz, bajábamos a tomar algo y siempre era café con algo de leche y mucha conversación.