Mirian Florián Vargas, natural de República Dominicana que vive en Burela: «Hice un cambio del cielo a la tierra: de azafata de vuelo a esteticista y DJ»
A MARIÑA
«A veces tienes que buscarte la vida, sea el país al que vayas», subraya
09 feb 2026 . Actualizado a las 09:30 h.Mirian Florián Vargas (Neiba-República Dominicana, 1990) tiene doble referencia geográfica (su país y desde hace nueve años también A Mariña) y profesional (además de ejercer como peluquera y esteticista en la comarca, otra parte de su tiempo la dedica a pinchar música). Es también diyéi, con nombre artístico Black Label Music. Esta faceta entronca con el significado que la música puede tener para cualquiera de nosotros. En su caso, echa la vista atrás y regresa a su tierra. Una parte de la banda sonora de su vida tiene, precisamente, un punto de rabiosa actualidad: «Por ejemplo, y eso que ahora está sonando mucho pero no por bien lamentablemente, Julio Iglesias siempre me gustó porque tenía una vecina allí que los domingos siempre se despertaba con las canciones de Julio Iglesias. Ni sabía que Galicia existía... ¡Y ya escuchaba sobre Galicia a través de Julio Iglesias! Es un artista que siempre me gustó, desde pequeña. Ojito, nunca pensé que iba a vivir en la tierra de su familia». Otro referente musical en su vida ha sido, subraya, Juan Luis Guerra.
«A veces sí que estamos limitados al venir con una formación de otro país y que al llegar aquí, no te vale»
Mirian Florián Vargas está a punto de cumplir su primera década viviendo en la costa lucense. El mundo de la imagen ha sido su salida profesional aquí, aunque su trabajo en República Dominicana era de azafata de vuelo. «Al venir, como tendría que irme a Santiago a trabajar, y yo ya estaba viviendo en A Mariña, me puse a estudiar peluquería y estética. Fue un cambio del cielo a la tierra». Explica a mayores: «Entiendo que hay estudios que no los validan como en otros países. Por ejemplo, en el caso de azafata de vuelo no tenía ningún problema porque simplemente era mudarme y no me apetecía. Por eso me formé en otra cosa que me gustaba. A veces sí que estamos limitados al venir con una formación de otro país y que al llegar aquí, no te vale».
Son once hermanos
«Allí me queda todo», señala cuando la conversación toca un capítulo emotivo: la familia. Sonríe al evocarla. «Aunque tengo prima en Lugo y mi pareja es de Viveiro, en República Dominicana me quedan mi madre, mi padre, mis hermanos que somos un montón (11 en total) y sobrinos», apunta. Razones sentimentales la llevaron a cruzar el Atlántico y ‘aterrizar’ en el Cantábrico. Pese a mudar de aires, en su memoria hay recuerdos dominicanos muy vivos: «El clima, la gente que es tan cariñosa y alegre». De la gastronomía de su tierra se queda con el sancocho: «Es lo mejor de lo mejor. ¡Y la fruta! Con ese sabor peculiar y ese olor a bueno, a fresco... Se echa de menos». No hace distinciones en platos gallegos pero si tiene que elegir su top, el caldo: «No hay que me guste más. Me encanta el caldo... Y las filloas». Su localidad natal, Neiba, es famosa por sus uvas: «Hacemos vino pero muy casero». Hace poco pisó su tierra, pasando allí todo el mes de noviembre y regresando el pasado 2 de diciembre.
«Uno siempre va a decidir irse esperando tener más oportunidades. A veces es así. A veces, no»
Y así ve el fenómeno migratorio, teniendo en cuenta su experiencia personal, su relato particular: «Es algo que va a pasar siempre y si no es por una razón, será por otra. Uno siempre va a decidir irse esperando tener más oportunidades. A veces es así. A veces, no. Tienes que buscarte la vida, sea en España o al país que vayas. Como si un español va al mío. Toda la vida va a pasar». En estos tiempos, la situación de los inmigrantes en general es un debate que está sobre la mesa y en ciertos lugares más acusado, como sucede en Estados Unidos actualmente. «España no tiene nada que ver con Estados Unidos _opina_. Aquí se vive de maravilla. Que hay cosas buenas y malas... Eso lo tienen todos los países. ¿Que se pudiera estar mejor? Sí, pero siempre digo que también se podría estar peor».
Siempre le gustó la idea de pinchar música y se formó con el viveirense Karras Martínez
En lo que respecta a su faceta de diyéi, señala que empezó «hace unos 8 ó 9 meses. «Me gustó desde siempre _explica_ pero fue un día hablando, cuando mi pareja me animó». Así que se lanzó a la aventura y, tras formarse con el viveirense Karras Martínez, está ya pinchando en diferentes puntos de la comarca, como en La Conservera. Este mes tendrá otra cita en Trabada, en el marco de los carnavales locales. Es pregunta obligada para Black Label Music cómo lleva estar en un sector masculinizado: «El 90 y tanto por cien son chicos. Como en todo, debería haber más presencia femenina. Se sigue pensando que es un ‘trabajo de hombres’ pero creo que hay que normalizar que las mujeres también pueden y que se nos puede dar perfectamente bien. Creo que al ser mujer diyéi se exige más, pero no debería ser. Yo me he formado y no por ser mujer significa que se te vaya a dar mal».
«Pincho un poco de todo»
Explica que la clave de este oficio es equilibrar entre los gustos propios y los del público que tiene enfrente: «Tienes que hacer de todo un poco y tener en cuenta lo que pide el cliente también. En algunos lugares quieren latino, en otros música de los 80 y 90, en otros española... Depende más de la edad del público». Eso no quiere decir que un boomer, por ejemplo, disfrute con el reguetón: «Con La gasolina la gente se viene arriba. O La ventanita, para bailar». De vez en cuando recibe peticiones expresas y a veces tiene que hacer hasta medio labor de investigación: «Una vez me pidieron una de Ortiga. No recuerdo el nombre. Fue lo más raro que me pidieron, porque el inicio de la canción es curioso, en La Conservera en Celeiro». También ha estado como DJ en La Tortilla Maravilla y Muro en Viveiro, en Burela, Foz o Lugo.