Las pioneras, únicas trabajadoras en la ballenera de Morás: «¡Que momentos tan bonitos e canto diñeiriño gañamos aí!»

Yolanda García Ramos
yolanda garcia XOVE/LA VOZ

A MARIÑA

De izquierda a derecha Chelo, Leonides y Elvira
De izquierda a derecha Chelo, Leonides y Elvira Pepa Losada

Las hermanas Chelo y Elvira Pernas Losada y Leonides Casabella Balseiro relatan cómo fue su experiencia en la factoría, durante varias campañas en los años 70

24 ene 2023 . Actualizado a las 14:57 h.

Hoy en día, hablar de la caza de la ballena en A Mariña nos puede parecer algo distante en el tiempo. Si bien en la actualidad no queda en pie la antigua nave de Morás en Xove (parte de sus restos se trituraron para utilizar en la construcción de carreteras) sí que, a petición de Patrimonio, se conservó la rampa de varada. La factoría funcionó de 1965 a 1977. Allí llegaban ballenas y cachalotes, a veces de gran tamaño, y se trabajaban todas las partes del animal. Cerró antes de la entrada en vigor de la moratoria de la caza de ballenas en Europa, en 1985, según recuerda la web Memoria Industrial en Galicia.

Hoy, Morás es un todo un baúl de los recuerdos al aire libre, con datos históricos y fotografías en blanco y negro que nos remontan a una época especial en la zona, pues ese tipo de actividad dinamizó la economía local y comarcal hasta que mudó la fuente de ingresos en algunas familias por la llegada de Alúmina Aluminio (actual Alcoa). Tres de las mujeres que trabajaron allí fueron las hermanas Chelo y Elvira Pernas Losada, de Morás, y Leonides Casabella Balseiro, de Sumoas. Hacen un ejercicio de memoria personal como el del parque etnográfico que se puede visitar en Xove, bautizado «El viaje de las ballenas». La labor  de aquella industria se centró, fundamentalmente, en la caza y posterior transformación ballenera. Se trabajaba por campañas (de finales de abril al mes de diciembre) y había jornadas laborales muy intensas, de más de ocho horas, algunas hasta bien entrada la noche, debiendo hacer horas extras a veces. El salario era lo que más valoran las tres, para aquella época.

«Todo o mundo levaba daquela balea para comer nas casas»

También pudieron probar la carne de ballena pero sus sensaciones al paladar son diferentes entre ellas. «A min gustábame moito, á plancha. E a meu pai tamén», dice Leonides. Coinciden en señalar que exteriormente era «parecida á tenreira pero sabía a peixe». «Todo o mundo levaba daquela balea para comer. A min non me sabía a nada, por moito que a adobara. Trouxena moi poucas veces. Nunca me entrou», dice Chelo. «A min tal cual», comenta su hermana Elvira. «Agora, se hoxe se teño que comela, cómoa», apostilla.

Operarios de la ballenera de Morás con el japonés
Operarios de la ballenera de Morás con el japonés REDE MUSEÍSTICA PROVINCIAL DE LUGOMUSEO PROVINCIAL DO MAR

Un japonés trabajando con ellas en una época de la factoría

Dos de ellas recuerdan la presencia de un japonés en su época de trabajo, «de ollos rasgados que estaba sempre con nós, cortando a balea. Ata temos unha foto con el. Era unha persona moi boa, aínda que falaba moi pouco español», rememora Leonides. «El era un traballador máis, aproveitaba o touciño da balea. Mandaba para aló e dicía 'que cousa máis rica' e dicíalle eu 'bueno... pois comede meus amigos'», relata Elvira Pernas con una inevitable sonrisa y una muestra de retranca gallega.

Leonides Casabella Balseiro: «Foi unha marabilla de traballo, de compañeiros e de xefes tamén»

Leonides Casabella Balseiro (Sumoas, 1950) empezó a trabajar en Morás pasada la veintena. En su caso, fueron «catro campañas». ¿Cómo fue su experiencia? «Moi boa, unha marabilla, de compañeiros e de xefes tamén. Non hai palabras para agradecela», responde. «Cando había moitas baleas _continúa_ había que traballar moito. Todas faciamos o mesmo, o que houbera que facer: cortar carne, moela e tamén os ósos para fariña, encher os bidóns de aceite, limpar... A balea xa viña despedazada pero téñoas visto na rampa e eran moi grandes, algunhas eran enormes», sigue relatando. Esa actividad, en su momento, incluso era un foco de atracción turística: «Viña moita xente a visitarnos, a ver como traballabamos na baleeira, sobre todo no verán, arredor da rampa e na zona das pedras, onde había ósos da mandíbula das baleas e dentes. Eu algún debo ter polo faio». El Museo Provincial do Mar, en San Cibrao (Cervo), cabe recordar, atesora algunos restos de interés que son dignos de visitar y para complementar el parque etnográfico de Morás.

Despiece de una ballena en Morás
Despiece de una ballena en Morás REDE MUSEÍSTICA PROVINCIAL DE LUGOMUSEO PROVINCIAL DO MAR

Chelo Pernas Losada: «Cando se desguazaba había que pelexar con moitos trozos»

«Leonides ten máis memoria ca min», comenta sonriendo Chelo Pernas Losada (Morás, 1948). Aún así, de las tres, ella fue la primera que probó suerte laboral en la ballenera, llegando a trabajar en ella «catro ou cinco campañas» en los años 70 y relevándola después, hasta el fin de la factoría, su hermana Elvira. «¡Qué momentos tan bonitos e cando diñeiriño gañamos aí!», exclama en primer lugar. «Era un traballo duro, ao primeiro cando se desguazaba o animal. A ver... Había que pelexar con moitos trozos de balea, cortala, preparala. Despois tiñamos horas máis livianas. A min non me ulía a nada. Teño a casa cerquiña de onde estaba a baleeira; chegaba en cinco minutos andando ao traballo, igual que miña irmá Elvira. Era raro que chegara olor á casa. Os bichos eran grandísimos e metían respeto pero despois acostúmaste a todo. Houbo baleas que entraron con máis de 30 metros de longo, pero non me acordo das toneladas». De ellas se aprovechaba todo, la carne y la grasa más los huesos que se cocían y se molían: «Esa fariña non sei para onde iba, creo que para piensos. Só sei que era moi escura, así como o Cola Cao», comenta. Su hermana Elvira discrepa ligeramente y comenta que el color se le parecía «máis ben ao café».

«Penso que nos pagaban 78 pesetas por día. Era un bo soldo para aquela época»

«Penso que nos pagaban 78 pesetas por día», señala Chelo Pernas. «Era un bo soldo para aquela época. Lembro que os homes cobraban máis que as mulleres», apostilla. «Pero eu estaba encantada porque daquela non había onde gañar unha peseta», recuerda. Daba empleo a gente del lugar y alrededores y era un oficio más o menos llevadero hasta que otro gigante llamado Alúmina Aluminio recaló en la zona, factoría en la que acabaría empleándose su hermana a través de una empresa externa de limpieza. Chelo Pernas confiesa que el día del derribo de la antigua ballenera de Morás «logo chorei. «Ás aldeas do arredor moita vida nos deu», defiende.

Elvira Pernas Losada: «Ainda que foran pequenos ou medianos, os animais eran bastante grandes»

«Eu só estiven en dúas campañas, pouco podo explicar», apunta Elvira Pernas Losada (Morás, 1943), trabajando en la última etapa de la ballenera y pasando la siguiente en la actual Alcoa hasta la etapa de la jubilación. En la factoría de Morás rememora que «o traballo non tiña dúbida. Eu facía o mesmo que miña irmá». Era testigo de la llegada de animales que «aínda que foran pequenos ou medianos, eran bastante grandes». Ballenas y también cachalotes. Verlos antes del despiece «era un espectáculo», reconoce, pudiendo observarlo en ocasiones desde su propia casa.

En 2021, en la sección Lobos de mar de este periódico, también Tomás Ben Losada, marinero jubilado, contaba cómo recordaba su experiencia en la caza de la ballena. «O tamaño e a forza das baleas impresionaba». «Pero nada que ver co poder do mar», añadía como superviviente también a dos galernas.

La guía «Baleeira de Morás», con unidad didáctica

En 2018, con financiación del GALP A Mariña-Ortegal, el departamento de Emprego del Concello de Xove impulsó una guía temática titulada Baleeira de Morás, recogiendo un estudio de investigación sobre la industria ballenera xovense y del entorno mariñano que realizó el Departamento de Investigación Social del ayuntamiento en colaboración con la Coordinadora para o Estudo de Mamíferos Mariños (Cemma). La unidad didáctica se hizo en colaboración con el IES Illa de Sarón.

La morriña de las ballenas

xavier fonseca

Hubo un tiempo en la localidad coruñesa de Cee en el que las tapas en los bares no eran de tortilla, sino de carne de ballena. La vida en este pueblo giraba en torno al gigante del océano. «Hai teorías que incluso apuntan a que o nome deriva do termo cetus que significa balea en latín», apunta el historiador Víctor Castiñeira.

Cee, Cangas y Xove fueron las capitales de aquella Galicia ballenera, cuya historia se remonta hasta el siglo XII. «La caza de la ballena la introdujeron los vascos. Al principio llegaron a la costa gallega con embarcaciones pequeñas pero a partir del siglo XVII venían con galeones y también empezaron a incorporar tripulación local. A través de la caza artesanal capturaban ballenas francas, de pequeño tamaño y con mucha grasa, algo que permitía que flotasen. Además, la madre siempre protegía a la cría y resultaba muy fácil cazar a ambas», relata Covadonga López, directora del Museo Massó de Bueu.

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