Florentino Manuel Freire, de Meira, uno de los 33 libertadores del Uruguay

MARTÍN FERNÁNDEZ

A MARIÑA

David Fernández

Era hijo de Manuel Freire, un emigrante del ayuntamiento chairego

06 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Un personaje de El Pozo, la genial novela de J. C. Onetti, reflexiona y dice: «Si uno fuera un voluntarioso imbécil, se dejaría ganar sin esfuerzos por la nueva mística germana. ¿Pero aquí? Detrás de nosotros no hay nada. Un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos». Se refería a los 33 Orientales que iniciaron la independencia del Uruguay. Uno de ellos, Florentino Manuel Freire, era de Meira (Lugo). Nada extraño en un país al que Galicia marcó la historia no solo a raíz de la emigración masiva del siglo XIX sino desde mucho antes.

Los 33 Orientales eran los hombres que, liderados por Juan A. Lavalleja y Manuel Oribe, se rebelaron para reincorporar la Banda Oriental —lo que hoy es Uruguay— a las Provincias Unidas del Río de la Plata. En vista de la indefinición de la guerra entre esas provincias y Brasil, ambos Estados acordaron crear un nuevo país, el Uruguay, por lo que el objetivo de Los 33 fue independencia y la ruptura definitiva con Argentina.

Florentino Manuel era hijo de Manuel Freire, un emigrante de Meira que se asentó en San Isidro de las Pueblas (Canelones), cerca de Montevideo. Se casó con una nativa de cuya relación nació el 13 de marzo de 1792 su hijo Florentino que ingresó en el Ejército y a los 27 años, siendo capitán, conspiró contra las autoridades y hubo de exiliarse en Buenos Aires. Allí se unió a los patriotas que siguieron a Lavalleja en 1825 en su audaz intento de invadir la provincia Oriental sometida al reino portugués-brasileño.

Eran 33 y desembarcaron en la playa de la Agraciada el 19 de abril de 1825. Ahí se inició un proceso que culminó tres años después con la independencia de un país, Uruguay, que tuvo en 1830 su primera Constitución y su primer presidente, Fructuoso Rivera. A este le sucedió Manuel Oribe aunque Rivera seguía siendo Comandante General de la Campaña. Sus seguidores llevaban cinta colorada y los de Oribe, blanca, lo que originó los dos partidos aún hoy centrales en Uruguay.

Freire ascendió a Coronel y fue uno de los 33 con derecho a una pensión de 1.000 pesos. Dejó el Ejército, pero cuando Rivera se levantó contra Oribe en el año 1836 volvió para unirse a él y derrotar en 1839 al ejército argentino que pretendía tomar Montevideo.

Fusilado y monumento

Ese mismo año, se inició, por rivalidades internas, la Guerra Grande en la que Freire fue Jefe del Estado Mayor del Ejército. Tras ella, el país quedó debilitado y el presidente, Gabriel Pereira, prohibió los partidos políticos. Freire apoyó entonces la revolución del general César Díaz contra Pereira que, al fracasar, provocó la Hecatombe de Quinteros en la que Díaz y 150 oficiales fueron fusilados. Uno de ellos era el gallego Freire.

Siete años después —al triunfar la revolución colorada del general Venancio Flores— el de Meira fue declarado Mártir de la Libertad y se le erigió un monumento en el Cementerio Central de Montevideo.

Entre los primeros pobladores hubo gentes de Mondoñedo y Alfoz

Los gallegos tuvieron siempre gran importancia en la historia del Uruguay. Lucharon en su independencia junto a Artigas o Lavalleja; formaron sociedades que aún perduran; organizaron empresas y sectores como el transporte (Cutsa), la industria papelera (Ipusa), la distribución (Manzanares), etcétera y poblaron zonas del interior. En el Libro de Casamientos de la Catedral de Montevideo figura que un mindoniense, Alonso Puga Miranda, fue el primer gallego que contrajo nupcias en la capital. Se casó un 17 de enero de 1740, cuando era soldado, con Ana Sierra, una viuda canaria.

Uno de los asentamientos gallegos más antiguos en Uruguay tuvo lugar alrededor de 1790 cuando 50 familias que salieran de un puerto del norte de Galicia ?en un viaje organizado por el Virreinato del Río de la Plata para poblar la Patagonia- tuvieron que atracar en las costas de Maldonado.

Allí quedaron en depósito transitorio mientras la Real Hacienda pagaba los gastos de su estancia. Hasta que el Ministro Pérez del Puerto propuso “formar uno o dos pueblos con estas familias que están sin asiento fijo”.

Así se fundó Rocha en 1793 y, al año siguiente, el párroco Manuel Amenedo Montenegro, nacido en 1756 en Culleredo (A Coruña), construyó la iglesia dedicada a Nuestra Señora de los Remedios, conocida como La Virgen de Mondoñedo. Entre esos primeros pobladores figuraban los gallegos Toribio Barrios, Francisco Maroñas, Francisco Alonso, Pérez Brito, Manuel Balado, Antonio Presa y un vecino de Lagoa (Alfoz) llamado Antonio Graña Díaz, hijo de Lucas Graña y de Antonia Díaz Montero.

El Padrón de San Carlos dice que tenía “casa y chacra”, estaba casado con Feliciana Rodríguez Olivera y bautizó a sus dos hijos, Pedro José y Matías, en 1795 y 1797, en la iglesia de Los Remedios para la que donó en 1834 “400 pesos para ampliar el templo”.

Otra ciudad fundada por gallegos en 1788 fue Pando en 1788. Y hoy, en Uruguay residen cerca de 60.000 españoles de los que 50.000 (el 75 %), son gallegos.

Presidieron el país gallegos como Tabaré, Latorre, Baldomir y un hermano del futbolista Gestido

De los Treinta y Tres libertadores del Uruguay no todos eran orientales ya que, según el historiador Aníbal Barrios, había cuatro argentinos, cuatro paraguayos, uno de Mozambique y un gallego, Florencio Manuel Freire, así como otros españoles como Basilio Araújo, Juan Arteaga, Santiago Gadea, Tiburcio Gómez, Avelino Miranda, Ramón Ortiz, Ignacio Medina, Gregorio Sanabria y Agustín Velázquez.

Ya independiente, Uruguay tuvo varios presidentes de la nación de origen gallego. Uno de los más influyentes fue Pedro Varela, descendiente de una saga que inició José Varela y Ulloa, de Palas de Rei (Lugo) cuando llegó al Uruguay en 1782 como Comisario

General de la Demarcación de Fronteras en América Meridional entre España y Portugal. Pedro Varela fue el gran reformador de la educación en un país que aún luce sus ideales con orgullo pues, desde él, la escuela pública está guiada por tres objetivos: es laica, gratuita y obligatoria.

Hijo de gallegos fue Lorenzo Latorre, presidente entre 1876 y 1880 bajo una dictadura militar y Alfredo Baldomir, presidente entre 1938 y 1943, hijo de un emigrante gallego en Paysandú y primo de Xosé Baldomir, uno de los más grandes músicos gallegos de todos los tiempos, autor de melodías como Maio Longo, Meus amores o Carmela.

Oscar Gestido -hermano de Álvaro Gestido, el futbolista de origen gallego campeón del mundo con Uruguay- estuvo al frente del gobierno solo un año, 1967, al fallecer en el ejercicio de su cargo. Y, finalmente, el último presidente del país fue el cardiólogo, hijo de ourensanos, Tabaré Vázquez, presidente de 2005 a 2010 y de 2015 a 2020.