La calma antes de la última tormenta de Adrián Ben en Tokio

Iván Díaz Rolle
I. Díaz Rolle VIVEIRO / LA VOZ

A MARIÑA

LUCY NICHOLSON

«Ya sé que no, ¿pero y si sí?», pregona antes de la lucha por las medallas en 800 un atleta viveirense que ya se ha ganado un lugar privilegiado en la historia del atletismo español durante estos Juegos Olímpicos

03 ago 2021 . Actualizado a las 20:25 h.

Todavía ni soñaba con Tokio 2020 y Adrián Ben Montenegro (Viveiro, 1998) ya miraba a Japón con fascinación. La cultura manga lo sedujo en su infancia, incluso antes de que llegasen sus primeras victorias y empezase a exhibir su trote elegante en el paseo marítimo de Covas. La serie One Piece es una de sus debilidades y mientras comenzaba a escribir su historia deportiva acostumbraba a disfrutar de Pokémon. Ahora, sin embargo, es él y no Pikachu quien provoca tormentas. «Ya sé que no, ¿pero y si sí?», pregona sin renunciar a nada justo antes de la final (miércoles, 14.05 horas. En directo por La 1 y Eurosport y con pantalla gigante en los jardines de Viveiro) y tras dos carreras en las que electrocutó los límites del atletismo español.

Para superar las series completó 800 metros lisos más rápido que ningún corredor nacional en la historia de los Juegos Olímpicos (1:45.30). Y ya en las semifinales mejoró un segundo con una remontada brutal para convertirse en el primer representante de la selección rojigualda en la prueba por las medallas en esta distancia. «Mínimo dos carreras, máximo tres», había avisado un viveirense que ya en el Mundial de Doha 2019 logró un sexto puesto sin parangón y demostró su fortaleza mental y facilidad para hacer trizas los pronósticos justo después de su mayor decepción deportiva, al quedarse fuera de la final del Europeo sub-23.

Esta vez su confianza está por las nubes, tras conseguir su primera medalla de oro en un Campeonato de España absoluto y auparse al sueño olímpico. «Creo que su momento de más tensión fueron las semifinales en Getafe, porque ahí sabía que si fallaba todo el trabajo para estar en los Juegos no habría servido de nada. Luego la final la controló», confiesa su padre, Antonio Ben, una de las pocas personas con las que mantiene contacto en el día previo a un 23 cumpleaños que celebrará «peleándose» con los mejores ochocentistas del mundo. «Todos son 'bestias pardas', les tiene mucho respeto, pero se ha ganado estar entre ellos y seguro que tampoco se fían de él», añade.