Ester Traveso, Niní Marshall y Cándida, tres mujeres para una burla de los gallegos

Martín Fernández

A MARIÑA

Ester Traveso, con raíces asturgalaicas, que protagonizó las películas de «Cándida» con el nombre artístico de Niní Marshall
Ester Traveso, con raíces asturgalaicas, que protagonizó las películas de «Cándida» con el nombre artístico de Niní Marshall ARCHIVO MARTÍN FERNÁNDEZ

Encarnó en el cine argentino de los años 30, 40 y 50 la caricatura de una criada gallega

13 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Ester Traveso, Niní Marshall y Cándida Loureiro Raballada son tres personas distintas pero una sola mujer verdadera: Ester, la hija de unos emigrantes asturgalaicos que encarnó en el cine argentino de los años 30, 40 y 50 (Niní Marshall) la caricatura, el estereotipo y la ridiculización de una criada gallega torpe, simple y analfabeta (Cándida) que parodiaba al gallego morriñento, honrado y trabajador pero corto de luces y apegado a la tierra. La mezcla de las tres fue un éxito comercial y cinematográfico indiscutible. Pero, al tiempo, suscitó gran rechazo en colectivos y emigrantes por la burla y sátira que de ellos se hacía en las películas de la serie Cándida que protagonizaba Niní Marshall.

Ester Traveso Pérez era hija de unos emigrantes que se conocieron en Buenos Aires a fines del XIX. Su padre, Pedro Traveso, era de San Tirso de Abres y su madre, Angela Pérez, de Vegadeo (Asturias). Tuvieron seis hijos: Genoveva y Pepe, muertos en la infancia, Blanca, Angel, Ana y Ester, la menor, que nació en el barrio de Caballito el 1 de junio de 1903, dos meses antes de morir su padre.

Ester fue criada en la nostalgia de la tierra lejana. Su madre le contaba que ella naciera en una casona recostada sobre el Eo, en una finca con cabazo llena de frutales y lindante con un río en el que pescaban truchas a mano. Y le cantaba nanas que nunca olvidó: “Yo nací en una tarde serena/ muy cerquita de Pola de Lena./ Pola de Lena, villa asturiana,/ donde me iría de muy buena gana…”.

Su marido la rebautizó

Al poco de concluir los estudios primarios, se casó con Felipe Edelman, un ingeniero de origen judío con el que tuvo su única hija, Angelita. El matrimonio duró poco. Él era ludópata y se desentendió de la mujer, la hija y la casa. Solo vivía para el juego. Se separaron y Ester hubo de enfrentarse a la vida y ganar el pan para criar a su hija. Y fue ahí, en ese fracaso personal y sentimental, cuando nació la actriz Niní Marshall.

La joven divorciada empezó a colaborar en la revista Sintonía donde, con el seudónimo de Mitzi, escribía artículos de humor en la sección Alfilerazos. Luego, como Ivonne D’Arcy, debutó en la Radio Municipal como “cancionista internacional”. Y en 1934 ya escribía guiones sobre tipos populares que ella y el actor Juan Carlos Thorry llevaron al éxito en Radio El Mundo. En ese tiempo, se casó con el contador Marcelo Salcedo que la rebautizó como Niní ?el diminutivo de su nombre- y el apellido conformado por la primera sílaba de su nombre y su apellido, Mar-Sal, Marshall.

Por entonces, el tango quejumbroso de un viejo bandoneón se lamentaba por lupanares y arrabales porteños: “…ya no sós mi Margarita/ ahura te llaman Margot”. Y ella también dejó de ser Ester Traveso para convertirse en Niní Marshall, la refulgente estrella del tecnicolor…

Una mucama, un estigma y la reacción de colectivos y emigrantes en defensa de la calumniada Galicia

La creación más famosa de Niní Marshall fue Cándida Loureiro, una criada gallega torpe, defensora de la moral, ruda, que se equivocaba cada vez que hablaba, se metía en toda conversación y era de una simpleza extrema. “¡Hola, Dolores”, decía Cándida hablando por teléfono, “¿Sabés quién se está por morir?. Paco, el relojero. Se le está acabando la cuerda. Anda medio muerto, por eso la mujer se ha puesto de medio luto. Y la que se murió fue la Fermina. ¡De un aire!. ¡Qué cosa más tonta!. Se ainda hobiera muerto de un ventarrón…”.

La primera película Cándida fue rodada en 1939. Y tras su éxito vinieron muchas más: Hay que educar a Cándida, Una gallega baila mambo, Cándida millonaria, Una gallega en La Habana, etc. Todas tuvieron éxito e imitadores. Y en todas se mostraba una mujer gallega, pobre e inculta, a la que se ridiculizaba… Los emigrantes gallegos protestaron airadamente por la burla que se hacía de ellos y en defensa del buen nombre del país y de sus gentes. Molestaba que, a partir de Cándida, ser gallega convertía a cada mujer en una Cándida en potencia cuando Galicia era cuna de grandes mujeres que nunca se citaban: Concepción Arenal, la Pardo Bazán, Rosalía…