Un cura revolucionario

Xosé María Palacios Muruais
XOSÉ MARÍA PALACIOS VILALBA / LA VOZ

A MARIÑA

ALBERTO LÓPEZ

Luis Rodríguez Patiño, párroco de Momán (Xermade) y de Labrada (Guitiriz), lleva cuatro décadas en activo

03 jun 2021 . Actualizado a las 20:00 h.

«Siempre digo que lo revolucionario es el Evangelio». Que un sacerdote muestre fidelidad a los textos sagrados no debe suponer gran sorpresa. Sí, en cambio, puede causar un poco de sorpresa que se le aplique la condición de revolucionario a lo que escribieron cuatro autores luego elevados a santos; pero también se diluye un poco el aspecto sorprendente al saber que esa frase procede de Luis Rodríguez Patiño.

De un cura que critica a la jerarquía eclesiástica, que organiza misas para protestar por la abundancia de baches en una carretera que va de Momán (Xermade) a As Pontes o que aprovecha la colocación de un belén, instalado en una capilla de esa localidad xermadina, para fustigar a políticos puede decirse que rompe moldes. Lo que no se ha roto es su fidelidad a la Iglesia, que cumple ahora 40 años.

El 8 de junio de 1981, en Cedeira, tuvo lugar su ordenación sacerdotal. En esa villa ofició su primera misa y estuvo destinado un tiempo. Entonces era obispo de Mondoñedo Miguel Anxo Araúxo, al que Rodríguez Patiño elogia con pocas pero rotundas palabras: «Era otra cosa», dice, recordando, por ejemplo, lo difícil que era ser obispo en los últimos años del franquismo en una ciudad como Ferrol, en donde la lucha obrera estaba muy presente.

En la vida de Rodríguez Patiño ha estado muy presente la emigración e incluso sus padres vivieron durante años en Inglaterra. Admite que el contacto con ese mundo, que conoció viviendo una temporada en Londres, lo animó a seguir la carrera religiosa. Eso sí, agrega que en su formación fue decisiva la Teología de la Liberación. «Tuve buenos profesores de Teología, que me enseñaron a ver los problemas de la gente. Ver sufrir a la gente me hace sufrir», dice.

Desde principios de los ochenta Rodríguez Patiño atiende parroquias de Monfero y de Aranga. Con este siglo se le sumaron las de Labrada (Guitiriz) y de Momán (Xermade), y sin su presencia en la Terra Chá difícilmente se explicaría la puesta en marcha de un centro comarcal de la UNED Sénior, con aulas en Momán y en Guitiriz. Explica que ser un cura rural tiene sentido para ayudar a que los feligreses «sean actores de su propia vida». Con gestos y palabras que a veces lo apartan de otros curas, no se siente ajeno: «Me aprecian», dice. Eso sí, recalca: «Siempre digo que lo primero es el Evangelio, y luego, la doctrina de la Iglesia». Dice que a veces se siente un poco cansado: «Si no fuera por la fe...», comenta.

 

De la formación al amor por la liturgia

Además de los estudios de Teología, Luis Rodríguez Patiño cursó los de Filosofía. Los de Derecho, Ciencias Políticas, Criminología y Trabajo Social completan ese perfil. Hace años, emprendió una campaña para denunciar el deterioro de las pinturas murales de la iglesia de Labrada y se apoyó para ello en la Constitución, recordando que el cuidado del patrimonio es deber de las instituciones públicas. El templo recibió trabajos de reparación que frenaron los problemas de humedad, causa del deterioro de los frescos.

Al lado de ese sacerdote crítico y combativo hay otro que reconoce claramente su apego a cuestiones del oficio. «La liturgia me encanta, yo vivo la misa», dice. Y si alguien pretende encasillarlo, comenta que algunos políticos que veían con buenos ojos sus críticas porque estaban en la oposición mostraron cierto malestar cuando llegaron a gobernar y fueron ellos los criticados.

 

Inicio.

Luis Rodríguez Patiño nació en A Coruña en 1957. Tras estudiar el Bachillerato en el instituto de Monelos entró en la congregación de los combonianos.