XOVE / LA VOZ

La profesionalidad, sobre todo en determinados oficios, no se mide única y exclusivamente desde el punto de vista técnico, sino también desde el humano. Dos varas de medir que cobran más importancia aún cuando la línea entre la salud y la enfermedad se afina. Más adelante, cuando la vida personal vuelve a un cauce de cierta normalidad, es hora de asimilar... y agradecer. Recuperándose «a paso lento», dice ella, está una joven de Xove que prefiere facilitar solo sus iniciales, E. L. H., para que todo el protagonismo en su historia lo adquieran, subraya, los médicos por los que pasó en su periplo desde que le diagnosticaron un meningioma hipofisario (benigno pero que le causaba ceguera) hasta que se lo extirparon con éxito, tras estar en quirófano unas diez horas en el Hospital Universitario Clínico de Santiago de Compostela. Una operación que, además, no sería pan comido: «Dinlles moito traballo porque viña cun cuadro clínico curioso: non cicatrizo ben. Era unha operación con moito risco e complicouse. Sacaron o tumor polo nariz porque cadraba xusto no medio do cerebro, senón tiñan que facelo por un lateral». «Creo que aínda non son consciente do que pasou», añade. Pero recuerda nítidamente el momento en que volvería a ver por el izquierdo. Camino largo desde que «fun por urxencias vendo unha luz nun ollo e pensei que era unha migraña», cuenta. Señala que en realidad era «un tumor benigno mal situado» que le afectaba de lleno al nervio óptico.

"Tiña medo a quedar sen ver"

En especial, ha querido agradecer al equipo compostelano su «exquisito trato humano, e porque quixeran operarme, porque me quedaba cega». «Tiña medo a quedar sen ver», confiesa. «E déronme esperanza», valora. Con mayor énfasis por la situación sanitaria que atravesamos, debido al covid, y que en su caso retrasó una operación programada: «Iban operarme en marzo do ano pasado e pasou o de covid. Por un lado, contaban con que o tumor medrara máis pero de tanto tempo que pasou empezou a dobrar o nervio ópico e a danarme. En outubro empecei a ver a luz branca que foi agrandando e deixábame cega, sin poder conducir nin ler...» Añade que su caso ha sido también complejo por una falta de defensas asociada a la hepatitis autoinmune que padece E. L. H., y que está incluída en el listado de enfermedades raras.

Esta xovense también quiere dar las gracias al neurólogo del Hospital Público da Mariña, al doctor Nogueira, así como a su médica cabecera, Montse Eiriz, y además a la psiquiatra de la Unidad de Dolor. A todo un «grupo de médicos moi grande» y «xente que teño no meu día a día, polas circunstancias propias», dice.

Como la pandemia ha reducido el contacto físico a la mínima expresión, finaliza: «Se poidera dáballes un abrazo; foi o que me quedou». En su lugar, sirve este «abrazo» en forma de crónica de agradecimiento a todo un equipo, de principio a fin, y a un sector, el sanitario, que siempre ha estado ahí y ahora, en tiempos de covid, son más héroes aún.

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«Os médicos que evitaron que quedara cega dun ollo déronme esperanza»