La ría ribadense, el primer parque arqueológico subacuático del norte

José Francisco Alonso Quelle
josé alonso RIBADEO / LA VOZ

A MARIÑA

Ultiman un proyecto para hacer de los cañones de Arnao un lugar visitable

21 feb 2021 . Actualizado a las 09:15 h.

Arnao, en la ensenada de la ría de Ribadeo, es el sitio perfecto, el que reúne todas las condiciones para trasladar al norte de España el modelo de los centros de arqueología subacuática de la costa mediterránea. Frente a la playa de Castropol se encuentran sumergidos entre 14 y 17 cañones que por sus características podrían ser visitados sin riesgo de expolio ni de ser dañados. Un número significativo de ellos están dispersos por una zona de roquedo, poco profunda y resguardados de los temporales, de modo que permanecen a la vista todo el año (no son cubiertos por la arena). El proyecto de crear un parque arqueológico subacuático tendría además un coste irrelevante frente a sus beneficios, pues atraería turismo, daría proyección a la zona y movilizaría tejido empresarial.

Fue hace unos 14 años cuando un grupo de buzos de la Asociación Cultural Rapalacóis descubrieron en la ensenada de Arnao catorce cañones antiguos. En principio se especuló con que podrían pertenecer a dos fragatas de la Armada Invencible, la Galga de Andalucía y al San Francisco, hundidas en 1719. Con los datos que hoy se dispone ya se sabe que no es así.

En junio de 2019 dos arqueólogos, el viveirense Antón López y Santiago Chups, responsables del Patrimonio Sumergido de la Federación Española de Actividades Subacuáticas (Fedas) del Norte de España, en colaboración con buzos de la Armada, documentaron varios de los cañones. De esa experiencia surgió la idea de plantear al Principado la creación del parque arqueológico, por iniciativa del Fedas y de su delegación en Asturias (Faspa).

«En aquella inmersión vimos siete cañones y verificamos tres grupos: uno aislado, otro de dos y otro de cuatro. Están en una ubicación ideal para hacer un parque subacuático que cuente su historia», comenta Antón López.

Hasta ahora han sido varias las hipótesis lanzadas. Una de ellas es que no pertenecen a ningún pecio hundido, sino que habrían sido tirados a propósito al mar, porque el barco estuviese en peligro y necesitase echar lastre para ganar maniobra y flotabilidad. «El cañón grande está identificado -relata Antón López- y pertenece al primer reglamento borbónico de artillería naval de 1728». Por lo tanto, es posterior al hundimiento de la Galga de Andalucía y del San Francisco. Además, es un cañón de 24 libras, que no se montaban en fragatas.

Cerca de estos cañones hay otro grupo, pero cuyas condiciones no son tan adecuadas, ya que con los temporales hay épocas en las que los cubre la arena.

«El proyecto surgió después de esta primera inmersión. Se comentaba que querían quitar los cañones a tierra, pero yo lo vi poco apropiado. Conozco otros casos de parques subacuáticos y me dije: ¿por qué no traer ese modelo al norte? Estos cañones sumergidos no corren riesgo de expolio y, además, al estar gestionado el espacio a través de la figura de un parque arqueológico el lugar todavía estaría más protegido que ahora», comenta Antón López.

Así se plasmó la idea de presentar al Principado un proyecto a través de la Fedas y de la Faspa, para lo que ahora se está ultimando la documentación.