Foz ofrece servicios a personas desfavorecidas y proyecta un hogar de oportunidades

María Cuadrado Fernández
MARÍA CUADRADO FOZ / LA VOZ

A MARIÑA

Espacio para el ocio o la merienda en los locales parroquiales de Foz
Espacio para el ocio o la merienda en los locales parroquiales de Foz M. Cuadrado

En los locales parroquiales hay duchas, lavandería o meriendas para quien lo necesite

18 feb 2021 . Actualizado a las 10:49 h.

A principios de año nació en Foz el proyecto Agarimo, para integrar a personas que pasan un mal momento económico, social y vital con el objetivo de promocionarlas y reinsertarlas integralmente. A personas más desfavorecidas que han perdido su trabajo y no tienen recursos, a personas sin hogar, a inmigrantes... están dirigidos los servicios de duchas, lavandería, meriendas, de ocio... que se ofrecen y ya se utilizan en los locales parroquiales de la Unidad Pastoral.

«El objetivo es siempre construir juntos para lograr una sociedad que integre realidades diferentes», incide Antonio Valín Valdés quien, junto con Alejandro Piñón Espasandín, forman parte del equipo pastoral de la UPA, entidad que impulsa este novedoso proyecto que tiene en marcha varias acciones. Las tardes de lunes a viernes, de 17.30 a 19.30 horas, en los locales parroquiales se ofrece un café caliente, merienda y conversación. Es un punto de encuentro y al mismo tiempo un servicio a la comunidad.

El preámbulo fueron los desayunos de Adviento, cuando a final del 2020 grupos de voluntarios de la parroquia ofrecían almuerzo a quien lo necesitara. «La idea es convertir esta casa en un lugar de relación entre iguales; convertir los locales en la casa de toda la comunidad», explica Valín, mientras que Alejandro Piñón ratifica: «La idea es que no se sientan atendidos, sino acogidos». Le siguieron las cenas de Nochebuena y Nochevieja, las comidas de Navidad y de Año Nuevo, y la merienda de Reyes. Eso sí, cumpliendo el protocolo covid, como hacen con todas sus actividades. «La idea original era hacer aquí las comidas y cenas, pero las medidas por el covid lo impidieron y la gente se llevó la comida para tomar en otro lugar», explica Piñón. También en esa ocasión, los beneficiarios de los servicios tuvieron ocasión de escribir una carta y sus Majestades llegaron cargados de alimentos, de prendas de ropa y hasta de neceseres (con geles, champús...) con los nombres grabados de sus futuros propietarios.