Asesinatos, desaparecidos, criminales huidos, la otra cara de la emigración

martín fernández

A MARIÑA

Los cuatro hermanos Villalba Ron en Junín
Los cuatro hermanos Villalba Ron en Junín ARCHIVO MARTÍN FERNÁNDEZ

Tres hermanos fueron asesinados en Junín, dentro de esta crónica negra de la diáspora

31 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La emigración fue, en ocasiones, una triste odisea, un pozo negro de los más bajos y primarios instintos. Un esqueleto y dos desaparecidos en O Páramo, tres hermanos de Mondoñedo asesinados en Junín, un criminal de Vilaodrid huido a Cuba, fracasos personales y colectivos… De todo hubo en la cara oculta y lúgubre de una diáspora que si para unos pocos fue reluciente y triunfadora para otros resultó ser a torre da derrota como el afortunado palíndromo -se lee igual al revés- de Gonzalo Navaza.

En noviembre de 1927, Eco de Galicia informó de unos misteriosos y no del todo resueltos crímenes acaecidos en Ribas de Miño (O Páramo). La historia había comenzado en 1921 al regresar de América un tal Jesús, natural de Vigo, con su amante Asunción Ledo Prado. Se instalaron en la casa del padre de ella, Manuel Ledo Sampaio, donde pasaron un tiempo hasta que Jesús regresó a Argentina.

Desde allí, enviaba importantes cantidades de dinero a su novia para que se las guardase. Pero los negocios le fueron mal y el vigués le pidió que le remitiera parte del dinero enviado. Pasaron meses y, al no obtener respuesta, se presentó en la parroquia paramesa. Al poco de llegar, desapareció misteriosamente. Los vecinos murmuraban pero nadie se interesó por lo que hubiera podido pasar.

Cuatro años después, se derrumbó una pared en la casa de Manuel Ledo y este llamó a dos canteiros para repararla. Al roturar el terreno para reforzar los cimientos, hallaron un esqueleto humano. Manuel le restó importancia, dijo que era el cadáver de un mendigo que había muerto de repente en la casa y que enterraran allí para evitar incómodas intervenciones y preguntas de las autoridades. Después de aparecer la osamenta, Ledo fue recluido por su hija en un manicomio de Palencia alegando su enajenación mental.

Pero al teniente de la guardia civil de Monforte, Julio Fernández, aquello le resultó sospechoso. Y localizó en la feria de Escairón a uno de los canteiros que encontrara el cadáver, Marciano Cabada, natural de Pedre (Cerdedo). Al ser interrogado, señaló dónde estaban los huesos y cuando el Juzgado se presentó allí dictaminó que los restos eran de Juan, el infortunado emigrante vigués.

Pero el silencio de la aldea era un clamor. Y decía que Ledo, antes de ser recluido, le vendiera la casa a un emigrante retornado que vivía maritalmente con Asunción y con otra mujer que había traído de Argentina. Y añadía que el indiano marchara a Madrid con la hija Ledo una vez que la argentina también desapareciera sin dejar rastro...

Así que había dos candidatos y un solo esqueleto. Y así tituló, precisamente, El Eco de Galicia: “¿De quién es el esqueleto?”. Pero el juzgado se mantuvo en sus trece: de Jesús, el emigrante al que Asunción atrajera a Ribas de Miño. De ella, por cierto, nunca más se supo y de la argentina desaparecida, tampoco. Nadie la echó en falta ni preguntó por ella…

Un homicida de Vilaodrid que huyó a Cuba, los que se perdieron y una colonia que mendigaba de noche

La emigración fue también el refugio seguro de muchos reclamados por los juzgados, de homicidas o de quienes tenían cuentas pendientes con la ley. El número 23 de El Correo de Galicia publicó en 1908 la noticia de una riña en la parroquia de Vilaboa (Vilaodrid) por los derechos de uso del agua de un arroyo que cruzaba prados. José González Mon, soltero, de 70 años de edad, peleó con José Nogueira Pérez, de 26, y le metió en el pecho dos tiros con su arma de fuego. Tras eso, el agresor huyó a Cuba, donde ya había estado 20 años.