Historia de una mariñana enferma más allá del covid

El Hospital de Burela vive días complicados

Parte del exterior del Hospital da Mariña, situado en Burela
Parte del exterior del Hospital da Mariña, situado en Burela

viveiro / la voz

Se llama Antonia, igual que se podría llamar Ana, Pepe, Milagros o Juan. En unos días cumplirá 93 años y, mientras estas letras cobran vida, ella lucha por la suya en una cama del hospital de Burela. Sus achaques comenzaron hace mucho. Primero fue la tiroides, después vinieron innumerables caídas, patologías de huesos, del corazón... Siempre salió adelante con una espléndida «mala salud de hierro». Por ella, que desde que vino al mundo ha sido una luchadora; pero especialmente por su hija, que desde el minuto cero la ha cuidado con dedicación. Y cómo no, por la profesionalidad y el buen hacer del personal sanitario y no sanitario que durante tantos años la ha atendido en sus múltiples entradas por urgencias, consultas, operaciones, posoperatorios... Tanto en el centro de salud de Viveiro, como en el Hospital Público da Mariña o en el Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA).

Sin embargo, las circunstancias han querido que, en su trago más difícil y amargo, cuando quizá más necesite sentir la caricia y escuchar la voz de un ser querido, haya tenido que estar sola por culpa del coronavirus. A pesar de que hasta ahora ella ha estado libre de un virus que más parece una maldición.

Con una dependencia y una fragilidad que en las últimas semanas se han vuelto extremas por un ictus tan silencioso como inesperado, lleva días angustiada, nerviosa, muy inestable a nivel físico y a nivel psicológico. Su organismo está contra las cuerdas, librando una batalla que se antoja definitiva, o quizá no, pero muy tormentosa al fin y al cabo.

La ambulancia la traslada al hospital de Burela, donde personal sanitario comunica a la familia que, ante el fuerte empeoramiento de su estado de salud y con el objetivo de lograr un nuevo ajuste en la medicación, hay tres opciones: derivarla de inmediato al HULA ya que, según palabras textuales, «en Burela en este momento no hay habitaciones libres»; dejarla en el de Burela, a la espera de que quede una habitación libre, o enviarla a casa, donde es más que probable que su precario estado de salud haga necesario un nuevo ingreso hospitalario en cuestión de horas.

Las tres posibilidades son duras, pero la familia opta por la segunda. Tras una mínima despedida junto al ascensor, Antonia es trasladada a la llamada planta «anti-covid» o «pre-covid». ¿Por qué si ella no tiene el virus? El protocolo sanitario que rige en este momento así lo dicta, puesto que sin una PCR negativa nadie puede ingresar en una planta convencional, en la que sí podría estar acompañada por un familiar.

Sola y aislada sin covid-19

Apenas 24 horas antes, personal de urgencias le realizó en casa un test de covid-19 que dio negativo, pero no basta. La situación condena a la anciana a permanecer desorientada, sola y aislada en una habitación del hospital mariñano hasta que la PCR dé negativo, y hasta que queden habitaciones libres para pacientes como ella, que sufren igual que todos, pero no tienen coronavirus. Oficialmente dirán que no hay problema de camas. Son días difíciles, pero las autoridades sanitarias deberían recordar que en A Mariña hay muchos enfermos más allá del coronavirus. Cuestión de humanidad.

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