Así se vive una situación de emergencia, límite, en una residencia de mayores

Natalia Zabaleta es la directora del geriátrico de San Cibrao, con 9 fallecidos víctimas del covid y unos 40 contagiados


SAN CIBRAO / LA VOZ

Natalia Zabaleta es la directora de la residencia de mayores de San Cibrao, donde se está viviendo una situación excepcional debido a la pandemia. Baja de 40 contagios, entre usuarios y trabajadoras, y nueve fallecimientos a causa del virus. Ella tiene experiencia en la gestión de residencias, lleva muchos años, aun así, dice, «se vive todo esto con mucha tensión porque en media hora puede cambiar todo; lo que aparentemente está controlado, de pronto ya no lo está, es un sinvivir. Son personas mayores y tienen patologías y es muy difícil».

«Nos consuela -confiesa- el apoyo de los familiares de nuestros mayores. Ayuda a seguir adelante y en esta situación nos da mucho aliento».

¿Qué sucedió en la residencia? «Mira, en marzo, en la primera oleada, nos salvamos y no teníamos ni EPIS ni material, y ahora que tenemos de todo, cada semana estamos recibiendo material, salta este brote. ¿Por qué? No hay explicación. A veces pensamos si habrá influido el hecho de que hacía una semana que los mayores se habían vacunado de la gripe. ¿Pudo influir en algo? Es que no sabemos. Es duro estar aquí. Por los mayores, por sus familias, por nuestras familias también. Antes les ha pasado a otras residencias; echar culpas hace daño», reflexiona Natalia Zabaleta. «El equipo que trabaja aquí es lo mejor. Por su implicación y su compromiso. Hicieron piña desde un primer momento, dan cariño a los residentes, lo demuestran día a día. Se ve esa entrega y esa dedicación. En esta situación tan difícil lo único bueno que se puede destacar es eso precisamente, la unión y la implicación de todos», señala.

Hoy hacen pruebas serológicas a los positivos en el centro y PCR a los demás y al personal. Unos y otros están separados por plantas.

«Los asintomáticos no entienden por qué no pueden salir ni ver a sus familias; es duro»

«Los mayores asintomáticos no entienden por qué no pueden salir. Tampoco por qué no pueden venir sus familias. Lo viven como si fuera una gripe. El uso de la mascarilla para ellos es muy duro. Cuesta mucho que se la pongan y la mantengan. Llevan 8 meses sin verse las caras, sin dar un abrazo, sin ver a las familias. Quieren salir a la calle. Es todo muy difícil», detalla la directora de la residencia.

«Esto no es un hospital, es una unidad de convivencia. Con cuidados específicos, sí, pero es un lugar de convivencia: es su casa. Quieren hacer lo que hacían antes; unos ayudaban en la cocina, otros en otras cosas, se entretenían, convivían. No se puede hacer», indica Natalia Zabaleta.

«Además ven la tele y escuchan la radio. No es una situación fácil. Estarán sin poder salir y sin poder ver a sus familias aún bastante tiempo; tienen llamadas y videoconferencias, sí, pero no es lo mismo».

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