27 voluntarios de A Mariña murieron en Cuba defendiendo la españolidad de la isla

Galicia fue la comunidad de España que más aportó: 669


En 1898, de aquel antiguo Imperio Español en cuyo territorio nunca se ponía el Sol, solo quedaban Cuba, Puerto Rico, Filipinas y pequeñas islas de la Polinesia. La guerra de independencia de Cuba, que se inició en 1895, finalizó ese año tras la entrada de Estados Unidos en el conflicto y la consiguiente derrota española. España, alegre y confiada, había desplazado 200.000 soldados por mar, una cantidad solo superada por los americanos en la Segunda Guerra Mundial. El fracaso del patrioterismo desatado en la península y la pérdida de las colonias provocó una depresión tal que generó una gran crisis social y política y la aparición de movimientos regeneradores y nacionalistas.

En la contienda, el Ejército Español perdió a 44.389 soldados. Pero, además, fallecieron 4.219 miembros de los Cuerpos de Voluntarios, unas unidades armadas que había organizado la Capitanía General de Cuba para apoyar al Ejército Regular y defender la españolidad de la isla frente a ataques exteriores y de independentistas cubanos. De los Voluntarios, 2053 eran cubanos y 2.166 peninsulares. Galicia fue la comunidad que más aportó, 669: 256 de A Coruña, 190 de Lugo, 124 de Ourense y 99 de Pontevedra.

Los voluntarios muertos de A Mariña fueron 27. De Viveiro eran 9: Jesús Fernández Almoina, Vicente Fernández Pardo, Francisco Murados Díaz, Domingo Pascual, Corsino Pernas Rodríguez, Vicente Salgueiro Fernández, Regino Ríos López, Marcelino Villalba Aguirre, y Manuel Bermúdez Barvallas. De Ribadeo, 7: Casto Conde Miranda, José Díaz Franco, Vicente Gómez Fernández, Luis Guardia Martínez, Inocencio Pérez Pérez, Saturnino Rodríguez y Miguel Ferreiro Pérez, de Villaframil. De O Valadouro, 4: José López López, de Moucide, Antonio Munguía Fernández, José Acebo Pernas, y José Álvarez Rodríguez, de A Seara. De Mondoñedo, 4: Juan Ferreiro Iglesias, José García Fraga, Pascual Montero Carol y José Expósito Hernández. De Foz, 2: Ramón Fanego García y Ramón Paleo Martínez, de Santa Cecilia. Y de Barreiros, 1, José Rouco Dorado.

Integrismo y verdad única

En los Cuerpos de Voluntarios se alistaban y armaban tanto a españoles de la Península como de Cuba —entonces una provincia— que lo desearan y tuvieran entre 18 y 50 años de edad. A todos ellos se les hizo creer que eran partícipes de un levantamiento nacional español de Cuba contra traidores y malos hijos de Iberia, se les inculcó el fanatismo integrista y creyeron que estaban en posesión de la única verdad política. Desde el inicio fueron un instrumento y un brazo armado de las autoridades en la colonia para defender el orden existente. Cuando terminó la Guerra, el trato que se les dio fue uno de los episodios más deshonrosos de la historia de España. No se les prestó atención, se les abandonó, perdieron sus bienes y muchos regresaron a Cuba sin nada.

Los emigrantes, el huevo de una arzuana y las 6.000 pesetas de Ribadeo

La de Cuba fue una guerra perdida de antemano. Los EE.UU. no precisaban combatir para ganarla. Les bastaba proteger y armar a los insurrectos. Pero la excusa de defender haciendas e intereses de sus ciudadanos en la isla (el azúcar) y el provocado hundimiento del Maine en La Habana fue su pretexto para entrar en la disputa.

El conflicto suscitó en España un patrioterismo generalizado. La Correspondencia Gallega decía el 10 de marzo de 1898 que «en el Banco de España están depositados 4.000 soles, tres barras de plata de 229 kilos, 300.000 pesos y 1,8 millones de pesetas de los emigrantes de Perú, México y Argentina». La Reina abrió con 1 millón una suscripción nacional para atender los gastos de la guerra y le siguieron miles de ciudadanos y concellos como el de Ribadeo (que aportó 6.000 pesetas), Vigo, Santiago y A Coruña (25.000) Chantada, 300, etc.

Pero la donación más emotiva la hizo una mendiga de Fontesanta, en Maroxo (Arzúa). Cuando la junta de suscripción llegó a su mísera casa, la mujer, que tenía un hijo en el Batallón Pizarro en Cuba, «no contando con recurso alguno, entregó a los postulantes un huevo de gallina que tenía por alimento», dice La Correspondencia del 18 de mayo. La junta lo aceptó, el cura lo compró por 100 pesetas y le dieron una limosna…

En ese ambiente de euforia y chauvinismo, España envió una cantidad de 200.000 soldados desnutridos y mal equipados. En tres años de lucha murieron 44.389, según la relación nominal publicada por Enrique de Miguel, Raúl Izquierdo y Francisco J. Navarro. Pero solo 3.101 fallecieron por acciones de guerra (el 6,98% del total) mientras que 41.288 (el 93%) lo hizo por el vómito, el hambre y las enfermedades tropicales.

Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina en 1906 y entonces capitán médico en Cuba, valoró así el desastre: «1898 fue el año de la funesta y vesánica guerra con los EE.UU. Guerra preparada por la codicia de industriales exportadores, la rapacidad de empleados ultramarinos y el orgullo y cerril egoísmo de nuestros políticos. No fracasó el soldado ni el pueblo (que dio cuanto se le pidió), sino un gobierno imprevisor»…

Mariñanos caídos y un teniente de Viveiro retirado con 48 pesetas al mes

La mayoría de los gallegos era contraria a la independencia de Cuba. Fue el caso de Pedro Murias, el Centro Gallego o Curros Enríquez. Pero un sector minoritario sí apoyó a los mambises. El Índice Alfabético del Ejército Libertador constata los mariñanos caídos en él: Vicente Bouza Fernández, de Foz, casado, carpintero, hijo de Manuel y Dominga; Manuel Fernández Neira, de Mondoñedo, 20 años, segador, hijo de Jacinto y Filomena; Cayetano Vázquez Fernández, de Muras, cazador; y Pedro Pereira Pardo, de Ortigueira, hijo de José y Carmen, 18 años. Otros colaboraron con ellos, como José López, O Pote, o los ribadenses general Villamil, González Pasarón, González Lanuza o Félix de los Ríos, marinero, capitán, cuyas Memorias de un Gallego Mambí acaba de recuperar y publicar el cronista local Pablo Rodríguez Fernández, Vivín. Los muertos del bando español se publicaron en La Correspondencia Gallega, según estudió Miguel Alonso Boó. Los gallegos fallecidos fueron 400. Entre ellos, Marcial Alba Gallardo, de San Martiño de Mondoñedo; Ramón Fanego García, de Foz; Francisco López Trabán, de Lourenzá; José Paleo Paleo, de Viveiro; Pedro Pedrido Carnero, de O Valadouro; y José Pino Carballés, de Ourol.

España otorgó medallas, cruces y distinciones a muchos soldados que lucharon en Cuba. Algunas implicaban retribuciones económicas. El teniente Vicente Franco Pumar, de Viveiro, por ejemplo, fue retirado con una paga de 48,76 pesetas al mes durante 12 años, 7 meses y 29 días según dice el Diario Oficial número 26 del 4 de febrero de 1902.

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